Cuando Cristina Fernández de Kirchner pateó el tablero político y ungió como candidato a Alberto Fernández, el gobierno de Cambiemos se apresuró a identificar su jugada como aquella famosa maniobra del peronismo de los años setenta: “Cámpora al Gobierno, Perón al poder”. Como en aquél momento una cláusula caprichosa de la dictadura militar impedía a Perón ser candidato, el líder eligió a su último delegado, Héctor J. Cámpora. La situación de Cristina era bien distinta: podía ser candidata, pero toda la campaña del oficialismo –con su poderoso aparato mediático-judicial incluido- se centraría en confrontar con ella para forzar un balotaje.
Las situaciones, por tanto, no son comparables y ponerlas en paralelo tenía como objetivo desvalorizar la figura del candidato, haciéndolo parecer un delegado de Cristina, al que ella manejaría a su antojo. Dos tíos, ayer y hoy. El tío Cámpora, fiel subordinado estratégico de Perón; el tío Alberto, en cambio… Los que lo conocen descartan de plano esa visión. Muchos analistas han señalado como particularidad que es el primer presidente “rosquero”, un armador político nato que llega por primera vez a la cúspide del poder.
En 1971, Joan Manuel Serrat escribió la canción Tío Alberto, que formó parte del disco En Tránsito. Curiosamente atravesamos estos días una transición demasiado larga: de agosto a octubre, de octubre a diciembre. El célebre cantautor catalán describía al Tío Alberto como un hombre que pudo ser gitano o payo (La grieta: pudo haber sido los dos extremos) pero eligió otra cosa, una especie de vida nómade, heterodoxa y sensible en la España de inicios de los ´70.
La canción describe al Tío Alberto como una persona que camina sobre el bien y el mal, con la cadencia de su vals. Nuestro tío Alberto aparece como un político que quiere cerrar la grieta, el enfrentamiento del que se nutren el kirchnerismo duro y el macrismo. El bien, el mal y su mestizaje bailando al ritmo del vals de la rosca política.
El Tío Alberto de la canción “atracó de puerto en puerto”; el nuestro salió del kirchnerismo y pasó por el Frente Renovador y el randazzismo para recalar finalmente en el Frente de Todos en nombre de la unidad del peronismo.
Como dijo en una nota reciente el Chino Navarro, “los argentinos nos enfrentamos en las tribunas pero nos entendemos tomando un café”. El Tío Alberto de Serrat “da todo lo que pueda dar, su casa está de par en par, quien quiere entrar tiene un plato en la mesa”; el nuestro hace del diálogo y su postura frentista casi una religión, lo que le permitió sumar hasta al reticente Sergio Massa a su coalición. Conflicto y reconciliación, aún sabe sonreír el tío Alberto.
Diálogo y consenso para lograr un nuevo orden. Y progresismo. Categorías con que Martín Rodríguez describe al kirchnerismo en su libro. El espejo de Andrés Manuel Gómez Obrador en México, la primera visita.
Son tiempos difíciles, anunció el presidente electo. Tiempos de un nuevo contrato social (empresarios, trabajadores y el Estado como mediador) en un contexto donde la solidaridad es un bien escaso. El desafío es distribuir equitativamente los ingresos y también los costos de la crisis, protegiendo a los más débiles.
Negociación, disputas, poder, conflicto. No será fácil, pero la heterodoxia mostrada por el presidente electo en el debate de candidatos sirve como promesa. Porque por el mismo camino -y más rápido- íbamos de mal en peor. “No hay plan B”, decía Sandleris. Sí que lo hay, parece responder Alberto Fernández. Hay plan B, plan C, elasticidad para hacer frente a las demandas. No hay una ruta unívoca y encorsetada hacia un futuro feliz que nunca llega.
Para llegar al futuro hay que mejorar el presente, aflojar la presión de la crisis, patear la deuda para adelante, que los acreedores dejen vivir. Con una mano en la calculadora y otra en el corazón. Razón y sensibilidad en la cadencia del vals que quiere ensayar el tío Alberto. Orden y progresismo, bases para soñar con algo distinto. En palabras del poeta catalán: “El vaso de mi juventud yo lo levanto a su salud, rey del país, del sueño y la quimera”.
El gobierno del Tío Héctor Cámpora fue una transición que no terminó bien. Ojalá el del tío Alberto tenga un mejor final. En medio de las dificultades, el desafío es empezar de nuevo. El 10 de diciembre se pondrá la banda presidencial Alberto Fernández. El otoño se hizo primavera, como en la canción. Y aún sabe sonreír el Tío Alberto.