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Ediciones en papel
Historia de una investigación, de Enriqueta Muñiz
Esos cuadernos
Por | Fotografía: Gentileza Editorial Planeta.
Foto: Enriqueta Muñiz y Rodolfo Walsh (al centro), junto a Lizaso y familiares de sobrevivientes de los fusilamientos de José León Suárez.
La publicación de los diarios inéditos de Enriqueta Muñiz constituye un hecho trascendente en la reconstrucción de Operación Masacre, la investigación que consagró a Rodolfo Walsh como el padre del género de no ficción en Argentina
Publicada el en Libros

La publicación de los cuadernos de Enriqueta Muñiz fue uno de los acontecimientos editoriales más trascendentes del año pasado. Porque si bien su testimonio le fue retaceado a periodistas, lectores y amantes de la obra de Rodolfo Walsh, sus cuadernos manuscritos quiebran ese (in)comprensible silencio autoimpuesto durante décadas y abren una luminosa ventana hacia el corazón de aquella investigación, que cambiaría la historia del periodismo del siglo veinte. Además, en tiempos de revolución feminista y lenguaje inclusivo, la publicación de los cuadernos inéditos de Enriqueta Muñiz aporta una indispensable voz femenina a una nueva (re)lectura de Operación Masacre.

El libro, publicado por Editorial Planeta, es una verdadera joya, una pieza de colección, una reliquia. Por el delicioso prólogo de Daniel Link -uno de los más eruditos y genuinos exégetas de Walsh-, por el no menos delicioso perfil de Enriqueta Muñiz trazado por Diego Igal -el tozudo periodista que finalmente consiguió los cuadernos- y por la decisión de reproducir -y no pasar a letra de molde- los cuadernos de Enriqueta tal y como fueron escritos, con la prolija caligrafía original de la autora y las incisivas anotaciones al margen del propio Walsh.

Tanta virtud acumulada en una sola edición quizás explique la dificultad para titularla: “Historia de una investigación. Operación Masacre de Rodolfo Walsh: una revolución de periodismo (y amor)”.  Título(s) que remite(n) a la trastienda de la investigación periodística más trascendente del siglo XX, pero que también abre la cortina permitiendo asomarse a un hasta ahora inexplorado escenario de dudas, miedos, enojos y alegrías de sus protagonistas.

Los diarios inéditos de Enriqueta Muñiz no solo explican la dedicatoria de Walsh en las sucesivas ediciones en que fue mutando su obra maestra, sino que además permiten dimensionar la pasión por la verdad que abrazaban ambos jóvenes periodistas/editores/traductores, que no dudaron en arriesgar sus propias vidas para desovillar la madeja del “fusilado que vive” hasta llegar al corazón mismo de la “operación masacre” que el régimen pretendía ocultar.

Los cuadernos de Enriqueta hacen justicia al protagonismo de esa muchacha que, por algún motivo -tal vez para protegerla-, Walsh ninguneó en la primera edición de su libro. Del casi protocolar “A Enriqueta Muñiz, periodista, con gratitud” al sentido “A Enriqueta Muñiz” en la dedicatoria, pero sobre todo del brevísimo pie de página en la introducción de la primera edición (“En todas estas diligencias -los datos obtenidos a lo largo de la investigación- conté con la inestimable ayuda de la persona a quien está dedicado este libro”) al generoso reconocimiento de ediciones ulteriores: “Desde el principio está conmigo una muchacha que es periodista, se llama Enriqueta Muñiz, se juega entera. Es difícil hacerle justicia en unas pocas líneas. Simplemente quiero decir que si en algún lugar de este libro escribo “hice”, “fui”, “descubrí”, debe entenderse “hicimos”, “fuimos”, “descubrimos”. Algunas cosas importantes las consiguió ella sola, como los testimonios de los exiliados Troxler, Benavídez, Gavino. En esa época el mundo no se me presentaba como una serie ordenada de garantías y seguridades, sino más bien como todo lo contrario. En Enriqueta Muñiz encontré esa seguridad, valor, inteligencia que me parecían tan rarificados a mi alrededor”.

Medio siglo después de aquella formidable investigación periodística, la publicación póstuma de los cuadernos de Enriqueta no solo confirma su decisiva participación en la epopeya walshiana, sino que desnuda el amor de ambos por develar una verdad incómoda. Y si bien fue Walsh quien la arrastró hacia aquella “revolución de periodismo (y amor)” renunciando a las “suaves, tranquilas estaciones” que compartían en las modestas oficinas de editorial Hachette, esa revolución cambiaría para siempre sus vidas, aunque sus caminos terminaran bifurcándose para no volver a juntarse jamás. Solo la memorable ficción de Marcelo Figueras –esa joya literaria que es El oscuro corazón del crimen- lograría volver a reunirlos, en la clandestinidad de las escalinatas de un hipódromo, para plasmar (en la ficción) una profética despedida.

Al momento de investigar el fallido fusilamiento clandestino de 12 personas –de las cuales siete sobrevivirán-, Enriqueta era una jovencita extranjera aficionada a la buena literatura, seducida por el talento y la inteligencia de su compañero de tareas en Editorial Hachette. Y que sin proponérselo se vio inmiscuida en una historia tan inverosímil como atrapante. “Esta es la reseña breve de una investigación policial en la que me metí con la misma alegre inconsciencia que impulsó a Walsh a ofrecerme mi parte de aventura. Quedan aquí nuestros movimientos, nuestros triunfos y nuestros sustos. Pudiéramos titular esta historia con el nombre que todos le dimos de común acuerdo desde el principio: “El caso Livraga o los Diez Fusilados de José León Suárez”, escribió la joven Muñiz, de apenas 22 años, en la primera página del primero de sus dos cuadernos manuscritos.

Seis décadas después, aquellas ingenuas palabras, escritas con una preciosa caligrafía, constituyen una irresistible invitación a compartir la intimidad de la investigación periodística que dio nacimiento a una de las piezas narrativas más trascendentes del siglo XX, equiparable –parafraseando a Horacio Verbitsky- al “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento.

Reliquia en sí mismo, el manuscrito reproducido por Planeta interactúa con anotaciones del propio Walsh, seguramente el primer - ¿y único? - lector de los cuadernos hasta entonces inéditos de Enriqueta. Entre líneas –o entre corchetes-, ella y él intercambian observaciones/correcciones sobre detalles de la investigación y dejan traslucir la intensidad de su propia relación, imbuida de una mixtura de admiración, enamoramiento y tensión por el contexto de peligro permanente de aquellos días. Textos puntillosos, exactos, sorprendentes, condimentados con la candorosa y reprimida admiración y enamoramiento de su protagonista. Que se complementan con las tiernas miradas de ambos inmortalizadas en las fotografías en blanco y negro que ilustran la exquisita edición de Planeta, en las que –además de Walsh, Enriqueta y sus miradas- aparecen sobrevivientes y familiares de los fusilados compartiendo un día de campo en Olivos.

 “Enriqueta no puede sino registrar –recuerda Link- “el carácter difícil de mi amigo” sin poner en juego, nunca, su lealtad incondicional, porque “Walsh es así, hay que aguantarlo o dejarlo”. Entre corchetes, Walsh acota: “[Preferentemente aguantarlo]”. Irónico, con su incisivo sentido del humor, su comentario de puño y letra muestra la estrecha relación que mantenía con esa muchacha grácil y talentosa, a la que siempre hacía enojar con su tozudez irlandesa. Hasta que llegaba la reconciliación porque, como admite ella con resignación en su diario, “Walsh siempre tiene razón”.

Ficha técnica:

Historia de una investigación. Operación Masacre

de Rodolfo Walsh: una revolución de periodismo (y amor),

de Enriqueta Muñiz.

Editorial Planeta, Buenos Aires, 2019. 271 páginas.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -