Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
La Revista
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
Del miedo a la refundación del Estado
Paralajes del coronavirus
Foto:
No parece que el mundo se encamine hacia el sueño bolchevique, ni tampoco que estemos en un escenario onda The Walking Dead. Algunas consideraciones filosóficas en torno a la pandemia que nos puso a todos en cuarentena.
Publicada el en Reflexiones

Hemos consumido cientos de producciones culturales que exploran escenarios de pandemias y catástrofes planetarias. A través de películas y series, se ensayan una y otra vez escenarios posibles donde individuos, amigos o familias tienen que afrontar odiseas por su supervivencia. Haber visto tanto sobre el tema puede volverse un problema si, cuando ocurre algo en la realidad, inmediatamente evocamos alguno de los escenarios recorridos antes ficcionalmente y, aquí está el peligro, suponemos también en el curso futuro de los hechos y su resultado.

Todo esto no importa tanto por el contenido manifiesto de estas representaciones audiovisuales, sino más bien por los supuestos que encierran. El individuo del mérito, blanco y heterosexual debe ganarse, conservar, su propia vida y, sobre todo, su estilo de vida, aunque eso implique correr al supermercado a comprar todo el papel higiénico y alcohol que pueda. Este tipo de narrativa viene siendo alentada peligrosamente por algunos medios de prensa en los que se trata la eventual noticia de un contagio como un caso de The Walking Dead.  Se ha reflexionado mucho sobre el carácter performativo de las ficciones, sobre su fuerza para orientar conductas. El arma más poderosa del colonialismo no es patrimonio del Ministerio de Defensa norteamericano, sino de Hollywood.

Durante estos días de pandemia y cuarentena, muchos filósofos han dado su parecer sobre lo que está sucediendo y algunos, incluso, se atreven a vaticinar lo que sucederá. Byun Chul Han imagina que el mundo que conocemos se volverá más horrible aún porque todos nos veremos sometidos a un control algorítmico generalizado de nuestros gestos, como está sucediendo en Corea del Sur y en China. En tanto el esloveno Slavoj Zizek ve en la pandemia una oportunidad, una especie de paso atrás leninista para dar luego dos pasos hacia adelante en dirección al socialismo. Olvidable ha sido el aporte del italiano Giorgio Agamben, que sólo atinó a insistir sobre el tipo de ficción policial que constituye para él el relato estatal. Agamben pifió de acá a China. 

Ahora bien, no parece que el mundo se encamine hacia el sueño bolchevique ni tampoco parece que estemos en un escenario onda The Walking Dead, en el que debamos hacer todo por nosotros mismos, desde ser nuestros propios médicos o enfermeros o aprovisionarnos de lo que queda antes que el vecino que, de golpe, ha devenido un enemigo tan mortal como el Covid19. El escenario es mucho menos intenso y mucho más gris. Al menos, entre nosotros, en Argentina. Esa baja intensidad no es un efecto no deseado de la pandemia, sino resultado de una política, de una serie de decisiones políticas que el presidente Alberto Fernández tomó sin titubear. 

Paralaje

Nada aparece más real hoy que la experiencia a la que estamos siendo sometidos por el Covid19. Es decir, la prácticamente totalidad de nuestra existencia y los modos en que interactuamos con ella, han sido trastocados por el aislamiento obligatorio, el cierre de fronteras, la interacción física casi inexistente con lxs que están fuera de casa. Un régimen de vida se impone con el objetivo de proteger la vida misma de un pequeño virus. La humanidad ha temido por años la eventualidad de guerras nucleares, de ataques alienígenas, de impactos de asteroides, o del colapso de la naturaleza. Pero es un invisible virus el que nos tiene contra las cuerdas vitales y emocionales. 

En los términos del filósofo esloveno Slavoj Zizek, podríamos sostener que el evento global que estamos atravesando es una paralaje. Paralaje es un concepto que deviene de la estética, e indica que el desplazamiento de un objeto causado por un cambio en la posición del observador brinda una nueva visión. Dice Zizek que en filosofía (al menos en la suya), este desplazamiento del modo en que el sujeto se relaciona identitariamente con su objeto supone, también, un desplazamiento ontológico. La paralaje, el evento de parale entonces, modifica sustancialmente el modo en que construimos mundo e interpretamos pasado y futuro.

Dicho en relación al Covid19: la evidencia de un nuevo modo de relacionarnos con el mundo inmediato (el modo en que trabajamos o no en esta pandemia, la híper-virtualización a la que estamos confinados, la sobrecarga de información, la angustia de la ruptura con el mundo de los afectos y de las rutinas vitales de hasta hace un par de semanas, el reecuentro necesario con la proximidad al interior de cuatro paredes, etcétera) trastocará los modos de identificación de los sujetos en el mundo, es decir, nos impondrá necesariamente la construcción de un nuevo sujeto. Es un punto de inflexión que funcionará como rasero para evaluar cierto pasado y proponer cierto futuro. La evidencia más notoria es la actualización del discurso respecto a la necesidad del Estado por parte de sectores y sujetos que hasta hace un par de semanas sostenían el discurso de su necesaria extinción. Qué vaya a ser ese sujeto es difícil preveerlo.

El escenario es aún imprevisible, pero si se sigue la palabra de los que parecen saber más en términos científicos, no es difícil estimar que el sufrimiento de los sectores más débiles y vulnerables, en un sistema económico-político que siempre los ha tenido en ese lugar, será mayor, en tanto la ruptura de las cadenas de producción, los despidos por industrias de servicios o esparcimiento que dejarán de tener sentido. Pero también dejará de tenerlo una propuesta ideológico-política que pretenda degradar el Ministerio de Salud a Secretaría, así como reducirle el presupuesto, reducir personal en los hospitales, o secuestrar vacunas en un depósito de aduana. También las políticas que denostan a los científicos y a la educación pública parecen que deberán, al menos, reformular sus ataques, en tanto hoy se erigen en palabra autorizada y en ámbitos capaces de organizar un sistema educativo público virtual en una semana. 

Lo que vendrá

Nada dice que ésto que atravesamos vaya a tener una resolución al “estilo chino” de un Estado híper-regulador, o la del simple retorno al capitalismo salvaje y consumista de hasta hace un par de semanas. Lxs filósofxs del mundo se están dedicando a interpretar de las formas más variadas el estado de situación, pero lo cierto es que ninguno termina de acertar del todo y ninguno está del todo errado. El evento está en desarrollo, y el problema se desplaza, como corresponde. Frente a ello, la filosofía tiene una tarea, que es la que ha sido suya desde siempre: instalar la pregunta, antes que sea demasiado tarde.

Las respuestas ya están al acecho: designio divino, teorías conspi-paranoicas, el advenimiento de un nuevo totalitarismo sanitario global, el retorno a un egoísmo fascista exacerbado por el higienismo. Todas posibilidades. La pregunta por el sentido, por la forma en que hemos hecho las cosas en el mundo hasta aquí, por los efectos de nuestro modo de ser en el mundo, por la coexistencia con una lógica depredadora y nociva como el neoliberalismo, se vuelve más vigente y necesaria en tiempos de crisis, de modo que podamos -tal vez- encontrar nuevos caminos para ser en el mundo en base a una ética humana, empática, respetuosa de la naturaleza, justa con los vulnerados.

Hacer bien la pregunta requiere de estar muy atentos y preparados para identificar el punto en donde se puede filtrar, en donde entra cortando. Desatada esa pregunta en el sujeto, en cualquiera, sus efectos son revolucionarios. Estamos en tiempos en donde el concepto de revolución debe ser reivindicado. 

Una pregunta de este tipo debe habilitar canales históricos que nos permitan pensar nuevamente algunas tradiciones. No se trata de vaticinar apocalipsis o drásticos cambios. Se trata de pensar la compleja filigrana histórica que se pone en juego en este momento crítico, habilitar la posibilidad de repensar la idea de revolución, la de ciudadanía, la de nación. Hasta donde la velocidad de los acontecimientos nos deja ver nos une, por el momento, el espanto. El miedo al enemigo invisible que acecha -ahora, luego de que también las grandes potencias neoliberales lo admitieran a cuentagotas, sí lo sabemos- a todos.

Debemos pensar entonces si es posible que algo más que el miedo nos reúna. Pensar formas de ciudadanía que nos convoquen en torno de la preocupación por los otros, en torno a una idea de libertad no asentada en el temor y el precepto de la salvaguarda individual, sino en la convicción de que mientras más se fortalezcan algunos lazos comunitarios un poco más libres serán los sujetos que conforman esa comunidad. Ideas todas éstas que pueden resultar ingenuas. No obstante, la filosofía no nos habla desde la ingenuidad, la crítica siempre la acompaña. No es ingenuidad, es la voluntad de abrir caminos repensar las formas de habilitar experiencias políticas novedosas, que releyendo la historia nos permitan delinear modos educativos para la construcción de un nuevo cuerpo político. 

Volver al Estado

La presencia del coronavirus ha hecho emerger con más intensidad una vieja discusión de nuestras sociedades latinoamericanas: la de la intervención del Estado en la economía y en el reaseguro de derechos sociales básicos como es el de la salud. Quizás en ningún momento de nuestra historia la presencia del Estado regulando la economía social como así también asegurando derechos sociales, entre ellos el sanitario, fue tan importante como en los tiempos del peronismo. Habría que destacar que la presencia de ese Estado apuntaba a consolidar un capitalismo nacional de Estado de bienestar, es decir una vinculación entre la burguesía nacional, débil, y un proletariado que demanda derechos que le fueron concedidos – como dice Daniel Santoro, el obrero peronista no se identifica tanto con el sacrificio sino más bien con el goce, y ve en el peronismo una democratización del goce -. 

Cabe destacar que durante aquellos años el fin de la deuda externa más el proceso de nacionalización de los servicios – desde el ferrocarril hasta el gas - tendieron a recuperar la independencia económica de un país que era una semi colonia, es decir independiente jurídicamente, pero dependiente económica y culturalmente, a la vez que asegurar en el plano jurídico y real el derecho de la sociedad a una salud digna que está contemplado en la Constitución del ´49.

Pensamos que las medidas que viene tomando la coalición de gobierno que preside Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner debe ser pensada en esa tradición. Nos referimos a no pagar la deuda externa con el sacrificio nacional y la consolidación de un mercado interno que genera recursos a un Estado que los requiere para asegurar los derechos sociales, entre ellos el de la salud.

En un escenario de tensión entre salud y crecimiento económico, tensión absurda si se piensa en los destinatarios de ese crecimiento, el gobierno nacional ha optado claramente por proteger la salud de la población y dar una discusión política fundamental que es la discusión por las condiciones del crecimiento económico y sobre los beneficiarios de ese crecimiento. Condiciones que implican un derecho humano fundamental que es el derecho a la salud, como supuesto de cualquier otro derecho humano.

(*) Este texto fue producido por el Grupo de investigación en subjetividades, cultura y política de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Guillermo Ricca
- Filósofo -