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#Coronavirus
Tonucci y Fernández
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La pandemia, una disertación de Tonucci y la conferencia del presidente. Enseñanzas de la crisis para proyectar un nuevo tiempo.
Publicada el en Reflexiones

El sábado 25 de abril tuvo lugar un seminario del pedagogo italiano Francesco Tonucci titulado “Por una buena escuela en tiempos de coronavirus”, que tuvimos el gusto de ver en casa junto a mi mujer mientras los chicos se entretenían con películas de Netflix o completando tareas virtuales. La exposición fue muy interesante; el pedagogo brindó herramientas sencillas a docentes y familias para que la escuela pudiera recrear su función educadora de alguna manera en la casa de cada alumno. Dio pistas de propuestas simples para que los chicos tengan a mano y respeten sus gustos e intereses. Terminó su exposición de forma original; construyó con una simple tijera y una hoja doblada un caballo de papel, al que impulsó con un breve soplido hasta hacerlo desaparecer de la pantalla. Lo que transmitió su ponencia es que la escuela debía superarse a sí misma, destacando el gran protagonismo que tenían los docentes en esa gesta.

La conferencia terminó a las 16 (hora argentina) y pusimos la tele a la espera de la conferencia de Alberto Fernández, ya que la fase de la cuarentena preveía como último día el 26 de abril. Una hora, dos horas. Los reporteros anunciaban la inminente palabra del presidente, pero el tiempo seguía pasando. Merendé, saqué a pasear el perro hasta la esquina y volví. El presidente comenzó a hablar a las 21, en coincidencia con el aplauso desde los balcones como reconocimiento al personal de salud que enfrenta la Pandemia. “Vamoosss Albertooooo”, se oyó gritar a una vecina, no sabemos de qué lugar, infaltable como todos los días. Lo que no quiere decir que, como sostiene el tweet sin dudas exagerado de Daniel Filmus, la gente salga a aplaudir al gobierno.

Mira a las cámaras el presidente. Junto a él, algunos miembros de su gabinete de ministros. El área de Salud con dos representantes. Agradece el esfuerzo de los argentinos y explica que por la observancia de las indicaciones sanitarias el daño provocado por la enfermedad se mantiene en niveles controlados. Muestra el dibujo de la maldita curva, que sigue siendo ascendente, pero insinúa una meseta.

Dice que no ignora el impacto económico y que esto provocará conflictos. Admite que algunos bien intencionados y otros no tanto impulsan la vuelta al trabajo, pero advierte que aún no se ha llegado esa instancia. El ejemplo de la dramática situación que viven los países que apostaron a mantener las actividades económicas, con el consiguiente aumento exponencial de los contagios y fallecidos, no hace más que darle la razón. Pero esta vez no compara con otros países, probablemente para evitar que se repitan las quejas diplomáticas que generó su última exposición.

En el cuadro de las fases de la cuarentena, indica que estamos a mitad de camino, lejos del punto de partida, pero también del de llegada. Avanzamos, pero aún no se ha logrado nada. Una transición que se insinúa larga, aunque la situación varía segundo a segundo, día a día. Advierte que las ciudades con población mayor a quinientos mil habitantes seguirán con cuarentena estricta. Señala un mapa y explica que donde hay más aglomeración, mayor es el riesgo de contagio. Se podrá flexibilizar la cuarentena en las localidades de menor cantidad de habitantes, pero cumpliendo ciertos requisitos. El lema general sigue siendo: dentro de la cuarentena, todo; fuera de la cuarentena, nada.

Las diapositivas y sus transiciones funcionan de apoyo a su retórica docente de profesor de la UBA. Y me puse a pensar en que había algunos puntos de encuentro entre las ideas del seminario de Tonucci y la exposición del presidente. El pedagogo apuntó que, cuando todo vuelva a la normalidad, el gobierno italiano debería dar un reconocimiento especial a los niños, por haber pasado estoicamente la cuarentena y cuidado a sus mayores. El presidente también habló de los niños, habilitando la posibilidad de una salida diaria de una hora de duración y reconociendo cómo habían cumplido con el aislamiento social preventivo y obligatorio. Dijo que los médicos y personal de salud eran los héroes y los chicos los campeones.

Otra cosa en común del Seminario y la conferencia de prensa es que Tonucci habló de que la crisis constituía una oportunidad para la escuela de no continuar siendo la misma, que la iba a obligar a cambiar aún contra sus elementos constitutivos y más conservadores. Podemos interpretar lo mismo para este momento complejísimo, difícil y doloroso, como dijo el presidente, que vive la Argentina: la salud nos unió, ensayó Alberto Fernández. No es poco. Como dice aquélla máxima nietzscheana: “Lo que no te mata, te fortalece”.

Fortalecer el Estado, la capacidad de decisión política y la integración social para ayudar a todos son los desafíos del ahora y el después. Quedó claro que falta mucho. Estamos recién a mitad de camino. Y esta situación límite puede constituir también un fenomenal aprendizaje social. Parafraseando el título del seminario de Tonucci, ojalá la crisis sirva para construir una buena patria, en tiempos de coronavirus. Y después también.

Sebastián Giménez
- Escritor -