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BULLYING & GORDOFOBIA
Yo, la más gorda de todas
Foto: Laura Pereyra fue pionera en la lucha contra la gordofobia y la discriminación desde su blog en internet.
La vida de Laura Pereyra transcurrió entre burlas de sus compañeros de colegio, discriminación y dietas estrictas, hasta que decidió asumir su cuerpo y combatir los prejuicios desde uno de los primeros blogs que se abrieron en Rio Cuarto. Casamiento, feminismo y maternidad.
Publicada el en Entrevistas

Él deseaba salir con ella, pero ella le decía que no. Laura Pereyra y Mauro Sassaroli se conocieron en un boliche de la ciudad de Río Cuarto que se llamaba “Juanito Moon”, en el año 1996. Bailaron y fueron un par de veces a tomar algo, solo como amigos. Dos años pasaron, algunas idas y vueltas, hasta que Laura finalmente se dio cuenta de que estaba “re enamorada” de él. Desde el 98´empezaron a salir y no hubo nada ni nadie capaz de separarlos. Si hay algo que Laura no tiene es miedo a enamorarse. Y si hay algo que le sobra, es amor propio y amor por los demás.

Se ríe mucho. Mueve la cabeza de un lado al otro y al mismo tiempo mira hacia el cielo. Cuando algo le hace gracia, su sonrisa va de oreja a oreja. En tiempos de pandemia, la charla se da por videollamada. Y si bien cuesta distinguir a causa de la imagen borrosa, cada tanto parece que sus mejillas se tiñen de un color rojo intenso.

Laura Pereyra Costanzo es licenciada en Ciencias de la Comunicación. Tiene 44 años, está casada con Mauro y tiene una hija llamada Emma.  A la mañana trabaja en radio Río Cuarto y por la tarde se dedica a la comunicación institucional. Pero en la ciudad se la conoce por su blog “Yo la más gorda de todas”, que tiene desde hace 12 años. Desde que nació Emma se le complica actualizar el blog, pero siempre se da un tiempo para hacerlo. Escribir es su pasión; en las palabras plasma sus sentimientos más profundos. Es una madre todoterreno, que nunca se rinde y trata de aportar su granito de arena a una lucha que la atraviesa desde su niñez: el bullying y la gordofobia.

Espejito, espejito

Laura hizo su primera dieta a los siete años. “Tenía que ver con los miedos de mis padres”, lamenta.  Su papá era diabético y ella tenía un poco de sobrepeso, pero “nada exagerado”. Sin embargo, los demás niños se metieran con ella y con su cuerpo. El estrés la dejó pelada en distintas partes de la cabeza. Pedía por favor que las maestras reaccionaran, que la estaban maltratando, pero nadie la escuchaba. Así fue como esa niña se fue haciendo invisible para pasar desapercibida.

“Hemos construido ideales de perfección que no existen en nadie”, dice Laura hoy. Considera que estamos sostenidos sobre un imaginario social muy fuerte en cuanto a estereotipos de belleza que son “insanos”. Para ella, la clave está en amar ese cuerpo socialmente imperfecto. Porque “la perfección está en la imperfección que cada uno tiene”. No acepta el juego que la sociedad le plantea; se mira al espejo y se ve hermosa, a pesar de que la imagen reflejada se empeñe en mostrarle que no lo es. “Yo sí digo que soy bella y puedo ver la belleza en los demás”, asegura. No tener un cuerpo hegemónico no le robará más el amor propio. Querer y respetar su cuerpo socialmente imperfecto le permitirá ser fuerte y no tener actitudes auto discriminatorias. “Hay días que no me veo bella en el espejo, pero sigo tratándome con amor, porque al día siguiente me vuelvo a ver bella”, insiste.

Mucho más que dos

Durante más de 10 años Laura y su marido buscaron agrandar la familia. Pero por motivos que ambos desconocen, no podían hacerlo. Lejos de desanimarse, asumieron que serían familia de todos modos, aún sin hijos. La sorpresa llegó en el 2015 cuando, gracias a la Ley de Fertilidad Asistida, nació la pequeña Emma. “A la segunda vez que hice el intento quedé embarazada y sé que no es tan fácil”, recuerda emocionada. Siente que su hija la eligió para que sea su mamá: “Emma nació un 20 de Julio, que es el día en que el hombre llegó a la luna. Bueno, yo conquisté mi luna. Tuve una hija que también me eligió”.

La presencia de Emma hizo “que todo brillara más” en la vida de sus padres, que el amor de pareja se fortaleciera y ellos mismos se (re)descubrieran desde roles distintos. Laura admite que la maternidad y la paternidad no son fáciles. Una de sus mayores preocupaciones es que Emma no sea víctima -ni victimaria- de bullying. Intenta inculcarle que sea capaz de mirar su propia belleza y la de los demás. Pero no habla solo del cuerpo, sino del amor como antídoto contra la crueldad.  “Cuando sos mala dejás de ser un ser bello”, le dice siempre a su hija.

Otra de sus preocupaciones es la alimentación de Emma. Procura que coma saludable, pero no piensa ponerla a dieta. Prefiere dar el ejemplo a la hora de comer: en su casa siempre hay frutas y verduras. Emma come poquito, pero de todo. Los platos son variados y llenos de colores. “A veces cocinamos juntas y hacemos videítos. Ella es una futura youtuber”, comenta Laura mientras aflora una vez más su ancha sonrisa.

Luz feminista

Laura se asume feminista. Es una lucha que cree absolutamente necesaria, aunque admite que mucha gente no la entiende, que cree que son mujeres luchando en contra de los hombres. Para ella, la clave es la igualdad.

Laura celebra el empoderamiento de las mujeres y se emociona con sus avances. Considera que es testigo de múltiples acciones que todavía no se terminan de dimensionar, pero que cambiaron totalmente el paradigma desde el cual se piensa a la mujer en la sociedad. Ve la lucha feminista como una forma de evolucionar hacia un lugar mejor para las mujeres que “han sido dañadas y puestas en un mal lugar” durante años. “Este proceso de evolución me ilumina a mí. Me potencia desde esta hermandad y desde esta sororidad”, dice maravillada.  Le encanta vislumbrar nuevas ideas que le permitan despertar y aportar un granito de arena a la lucha. Se pregunta constantemente cómo puede enseñarle a su hija a tener mayores herramientas para que “viva en un mundo que le permita apoyar a sus mujeres compañeras y a los hombres compañeros”.  Considera que muchos hombres han evolucionado y que eso es ”muy sano”.

Sexy y atractiva

“La gordofobia ha puesto en la portada el miedo de la gente a ser gorda o gordo”, dice Laura en un vivo de Instagram con Retruco Noticias. Para ella, la sociedad no ha avanzado tanto en la aceptación de los cuerpos diversos, ya que todavía existe miedo a los cuerpos no hegemónicos. La gordofobia es un camino de ida al bullying y a la discriminación. Se instala en la sociedad un preconcepto peligroso: los “gordos” no son merecedores de nada, y menos de ser amados. Para Laura, creer que otro no te puede mirar, amar, verte sexy, sensual y atractiva son ideas instaladas que no reflejan la realidad. Se pregunta por qué la sociedad cree que ciertos cuerpos solo pueden estar con ciertos cuerpos. No comprende por qué sería extraño ver a una mujer gorda con un hombre flaco, o al revés. Para ella es fundamental trabajar el amor propio, para borrar todo sesgo de auto discriminación que genera la gordofobia.

“Veo chicas adolescentes que se ponen una pupera con el cuerpo que sea y les queda divina. A mí ni se me hubiera ocurrido”, dice fascinada. Celebra que muchas chicas se animen a ser quienes realmente quieren ser: “Esas cosas de privarte porque el cuerpo es más grande, son estupideces”.

Laura aprendió a ser fuerte después de haberse caído mil veces. Siente que ser débil no es una opción, porque eso le permite a los demás meterse con ella pensando en que tienen derecho a hacerlo. “Cuando tenés la certeza de quién sos y de dónde estás parada, el otro sabe que es un lugar en el que no puede entrar”, dice con firmeza. Cree con convicción que desde la actitud es posible ponerle límites a la discriminación y al acoso.

Laura construyó su fortaleza con tesón. Llegó a ese lugar despojándose del silencio y el dolor que colmaron su niñez. Dio vuelta el tablero de la vida y le pegó un cachetazo a la debilidad y el sufrimiento. No fue ni es un camino fácil, pero al final parece titilar la luz de la esperanza.  En busca de esa luz, Laura Pereyra, “la más gorda de todas”, transita ese camino con el amor y el respeto como estandartes. Y no deja ni dejará de gritar nunca: ¡Basta de gordofobia! 

Estefanía Romero
- Estudiante de Comunicación Social -