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¿Se abre el telón?
Foto: Con estrictos protocolos, algunas salas de teatro independientes retomaron la enseñanza presencial.
La pandemia por COVID-19 obligó a las salas de teatro a cerrar puertas y bajar telones. Artistas, productores y dueños de salas independientes tuvieron que reinventarse para sobrevivir a un fenómeno sanitario que sigue generando grandes interrogantes.
Publicada el en Crónicas

Las noticias sobre la pandemia comenzaron a llegar en marzo, pero nadie podía imaginar las consecuencias que tendría sobre la población mundial. La salud se convirtió en el tesoro más valorado y la distancia social la mejor protección. Pero, ¿cómo mantener distancia social en una actividad como el teatro?  “El teatro necesita del contacto físico y a nosotros nos cuesta mucho conectarnos desde la virtualidad”, admite el profesor y productor de teatro riocuartense Miguel Romano.  Jorge Varela, dueño de la sala teatral Mascaviento, tampoco ahorra calificativos para explicar el impacto que tuvo la pandemia en su actividad: “Se cayó toda la cartelera programada para el 2020, fue un desastre total”, asegura.

La pandemia golpeó de lleno al teatro y lo convirtió en una de las actividades más afectadas en todo el mundo. Y Río Cuarto no fue la excepción. Varela es profesor de teatro y propietario de una de las salas independientes más importante de la ciudad. Apasionado por las artes escénicas, produce y dirige muchas de las obras que estrena en el Mascaviento, donde además dicta clases todo el año.

Cuando el presidente Alberto Fernández decretó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en todo el país, los teatros debieron suspender su programación y cerrar sus puertas. “Cuando empezó la pandemia pensamos que en seis meses pasaba, pero no fue así. Entonces todo ha sido una frustración muy grande”, admite Varela, que debió dejar en suspenso toda la programación prevista para este 2020. A la falta de ingresos sumó el costo de mantener las instalaciones y el equipamiento de las salas que, a falta de uso, requieren ser desmanteladas para evitar problemas de humedad, tierra, etc. “Es como si tuviéramos que prepararnos para una mudanza: hay que desarmar muchas cosas que en realidad están para el día a día”, dice Varela.

Como Varela busca siempre el lado positivo de las cosas, aprovechó la cuarentena para ordenar su biblioteca y estudiar. Hizo diferentes cursos para mejorar su formación y él mismo continuó con sus talleres en forma virtual. En su doble rol de estudiante y profesor, entiende el desgano y el desinterés que implica enseñar teatro desde la virtualidad. “Los alumnos han tenido que sacar fuerzas y entusiasmo del desgano y el bajón de no poder ir a la sala de teatro; por eso la propuesta de clase tiene que ser el doble de interesante, para que después de dos horas de zoom uno diga “que linda clase”. Eso es realmente muy difícil y lleva muchísimo esfuerzo”, admite Varela.

Streaming

Para el subsecretario de Cultura de la Municipalidad de Río Cuarto, Diego Formía, el desafío fue exigente. “Al tener las salas cerradas se complicó mucho en lo económico, pero no solo pasó con el teatro sino con todas las actividades humanas del mundo”, admite el funcionario. Y si bien se implementaron funciones virtuales vía streaming, no es lo mismo que el teatro presencial. Por primera vez en la historia, todas las salas de teatro del mundo cerraron sus puertas, desde Broadway (que nunca había bajado el telón por tanto tiempo) hasta los teatros de Londres, París o la ciudad de México. Pero además del cierre, la preocupación surge de que el teatro sería una de las últimas actividades en retomar la “nueva normalidad”.

¿Qué margen habrá para que en 2021 las salas vuelvan a estar llenas de espectadores? Una encuesta realizada en twitter por la cuenta de Multiteatro Comafi a casi 10 mil usuarios arrojó que el 57 por ciento de los consultados admitió que esperaría al menos dos meses desde el fin de la pandemia para volver a concurrir a una sala de teatro.  

La preocupación del sector involucra a actores, actrices, autores, técnicos y directores, que han quedado a la deriva desde marzo. Cientos de proyectos quedaron postergados o se eliminaron de la cartelera y lo planificado para el 2021 todavía está en suspenso. “No se pudo continuar con el dictado de los talleres, ni con los ensayos de obras, ni con la proyección de ningún tipo de actividad a futuro, puesto que como esto se iba modificando día a día, la incertidumbre era cada vez mayor”, admite Varela.

La Asociación de Profesionales de la Dirección Escénica Argentina (APDEA) puso en marcha un censo nacional de obras teatrales independientes en emergencia desde el 20 de marzo: de 809 obras censadas, se suspendieron 342 estrenos, 408 funciones programadas y 59 giras, lo que afectó a más de 5.420 artistas. Hubo daño económico, personal y emocional. Se perdieron espectadores, alumnos y proyectos. Se terminaron las clases, las obras presenciales, los talleres y los ensayos y se suspendió toda actividad a futuro. Nada quedó en pie.

Opciones

La falta de actividad teatral afecta a artistas y público, pero también a los estudiantes. La virtualidad y las video llamadas fueron una opción para mantenerse en actividad, pero no son ni lejos una solución en el ámbito teatral. “Conectarse a través de la virtualidad solo permite seguir viéndonos”, admite Romano; “definitivamente creo que la virtualidad no funciona para el teatro, soy pesimista con esto”, agrega Varela.

El dueño de Mascaviento perdió más de la mitad de sus alumnos ante la falta de motivación para inscribirse en clases virtuales. De tres grupos que tenía en año pasado, solo sobrevivió uno.  Lo mismo le pasó a Romano, que admite que a los estudiantes les cuesta mucho la modalidad virtual y “les cuesta engancharse”.  Se pierden los lazos que implican los procesos de conocimiento teatral. En la presencialidad a veces alcanza con dos clases para que los vínculos empiecen a formarse; en la virtualidad esos vínculos no aparecen y esa falta de socialización real se traduce en apatía y desgano. En muchos casos, además, los estudiantes no disponen de buena conexión ni de un espacio libre e íntimo para expresarse. “Las clases de teatro son expresión y movimiento, pero en la privacidad de un grupo y una sala. Los talleres, clases y ensayos no son públicos, no hay espectadores, se necesita un espacio privado para ajustar detalles y afinar conceptos. Tener clases desde casa suele desmotivar a los alumnos”, advierte Varela.

Ante el panorama desolador del sector, el gobierno de Río Cuarto procuró darles contención a través del programa “Cultura solidaria”, donde los artistas pudieron mostrar -de manera virtual- sus trabajos y cobrar un porcentaje de las “entradas” vendidas. También llegaron subsidios y otro tipo de ayuda desde el Ministerio de Cultura de la Nación, el Fondo Nacional de las Artes y el Instituto Nacional de Teatro. “Menos mal que ahora tenemos un Ministerio de Cultura; recordemos que el gobierno anterior lo había degradado a Secretaría. Es muy destacado el aporte de la Nación en ese sentido”, admite Formía. Pero todo esfuerzo parece insuficiente ante la dimensión de la crisis generada por el distanciamiento social que exige el combate a la pandemia.

Por ahora, el teatro sigue latiendo y las salas se sostienen en base a la solidaridad de los artistas, dueños, productores, profesores, alumnos y amantes de las artes escénicas, a la espera de la vacuna y la vuelta a la “normalidad”. Algunas salas han anunciado reaperturas con estrictos protocolos sanitarios y la temporada de verano significa una lucecita de esperanza, pero muy acotada. Tampoco es fácil acordar las condiciones en que se levantará el telón. La Red de Salas de Teatro Independiente elaboró varios protocolos para la reapertura de las salas, pero no logran ponerse de acuerdo con las autoridades provinciales.  “Los protocolos que mandó la Provincia son un espanto; nos tuvimos que adaptar a esos, aunque habíamos elaborado otros que estaban mucho mejor. En definitiva, la reapertura de las salas no depende tanto de los protocolos como de las decisiones que tome el COE”, advierte Varela.

“En Río Cuarto y otras ciudades del país se logró unificar un protocolo para permitir la reapertura de las academias de danza, las clases de teatro y de circo. Hubo un retroceso cuando Río Cuarto tuvo que volver a fase uno, pero hace meses que estas actividades pudieron volver a realizarse”, reseña Formía. En las clases de teatro presenciales, los alumnos no pueden moverse libremente por las salas, compartir mates ni recrear escenas que impliquen acercamiento de los personajes; tienen que respetar un cuadrado de un metro y medio y evitar el contacto con el otro.

Nacido hace más de 2.500 años en la antigua Grecia, el teatro se sobrepuso a guerras, pestes, revoluciones y a la irrupción de las nuevas tecnologías. A pesar del mazazo que le dio este año la pandemia del coronavirus, seguramente volverá a resurgir, como el ave Fénix. Y entonces habrá reencuentro y catarsis colectiva.

Abril Aberastegui
- Estudiante de Comunicación Social -