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Ensayos sobre una profesión en crisis
Las grietas del oficio más lindo del mundo
Por | Fotografía: Gentileza Télam
Foto: Reynaldo Sietecase y una imprescindible reflexión sobre los alcances de la profesión de periodista.
Un heterogéneo grupo de profesionales de la comunicación convocados por Reynaldo Sietecase reflexionan sobre la transformación del periodismo (porteño) en las últimas décadas.
Publicada el en Libros

“Periodismo, instrucciones de uso. Ensayos sobre una profesión en crisis” llega al mercado editorial en un momento clave para el periodismo argento (y mundial). Convocados por Reynaldo Sietecase, un heterogéneo grupo de profesionales de la comunicación -en su mayoría periodistas- reflexionan sobre la evolución y las condiciones de producción para el ejercicio de la profesión que Gabriel García Márquez definió como “el oficio más lindo del mundo”, pero que hoy no escapa al tobogán del descrédito social.

Preocupado por la proliferación de fake news, la espectacularización del periodismo televisivo y la (aparente) indiferencia de las audiencias ante el mal periodismo -relativizando el otrora sacrosanto concepto de credibilidad-, Sietecase convocó a periodistas y académicos que admira y respeta para reflexionar sobre el ejercicio de la profesión en estos tiempos de vértigo digital, en la convicción de que el ecosistema de medios implosionó y los replanteos éticos y profesionales están -deberían estar- a la orden del día.

“La irrupción de nuevos formatos digitales; la concentración mediática; el predominio de los buscadores en Internet; la tiranía del clic a la hora de determinar las prioridades de publicación; la precarización laboral y los despidos masivos; la aparición de periodistas empresarios y los cambios en las audiencias son algunos elementos que configuran un escenario novedoso y hostil que todavía no terminó de consolidarse”, apunta Sietecase en la introducción del libro, que reúne una variopinta pléyade de destacados profesionales: Hugo Alconada Mon, María O´Donnel,  Ezequiel Fernández Moores, Graciela Mochkovsky, Noelia Barral Grigera, Cristian Alarcón, Martín Caparrós, Leila Guerriero y los académicos Martín Becerra y Natalí Schejtman, además del propio Sietecase.

Voces

La amplitud de la convocatoria -y de los ejes temáticos- se ve reflejada en el libro. Alarcón cuenta la exitosa experiencia de revista Anfibia, que logró conjugar los ámbitos académico y periodístico en un formato que parecía atentar contra la esencia misma del ecosistema digital: notas extensas, densas, que trascienden la coyuntura y la inmediatez. “El desafío no es conseguir la información sino saber qué hacer con ella”, advierte, desafiante, para explicar por qué la interpretación es un valor agregado en un escenario de saturación informativa. 

Martín Becerra explica la revolución digital que implosionó el ecosistema de medios tradicional y puso todo patas para arriba: con los medios de comunicación en shock, el periodismo entró en “una crisis de identidad que conduce a que el periodista termine siendo una categoría autopercibida. En el desmadre de los medios -advierte-, periodista es quien se percibe como tal”. Ya no son los medios el continente natural de los periodistas: ellos construyen ahora su identidad en el inasible universo de las redes. “Lo que la crisis carcome es el cimiento de la institucionalidad mediática, es decir, el sedimento de las prácticas sociales y de organizaciones sociales largamente cultivados y reproducidos por generaciones”, sentencia Becerra. Y es que el nuevo “capitalismo de plataformas” desplazó a los medios tradicionales incluso como receptores/administradores de la publicidad, hoy acaparada mayormente por plataformas digitales como Google y Facebook. Esta revolución replantea los parámetros de la relación del Estado con los medios y el criterio debería priorizar el derecho a una información plural de los ciudadanos antes que consolidar empresas concentradas. “No deja de ser paradójico -advierte Becerra- que empresas que reciben asistencia estatal para pagar sueldos de su redacción tengan como principales voceros a columnistas y conductores que predican contra lo público, sin cuyo aporte no tendrían espacio”.

Otra paradoja abre el lúcido ensayo de Natali Schejtman: “nunca fue tan fácil acceder a las fuentes originales y, sin embargo, nadamos entre las copias de las copias de las copias”. En el afan de obtener la primicia -en rigor, de publicar antes-, se perdió el saludable hábito profesional de chequear la información. Algunos eslabones de la cadena que atentan contra un periodismo de calidad parecen inherentes a la era digital: explotación laboral, copypaste y la tendencia a hacer “periodismo de escritorio”. En esas condiciones de producción, a nadie debería sorprender la proliferación de fake news en la agenda mediática. Y es que -como refleja en forma descarnada Noelia Barral Grigena- en un ecosistema de medios caracterizado por el canibalismo informativo, las primeras víctimas -amén de los consumidores- son los propios periodistas, sobre todo los que no trabajan en relación de dependencia. “Todo lo cool, liberal y descontracturado que va implícito en la forma de llamar a esa modalidad de trabajo (frilo, freelance, independiente o incluso autónomo, un término que cuenta con la legitimidad del propio Estado) esconde detrás de una careta de modernidad relaciones laborales más propias del siglo XIX que del XXI”. “Tal vez el dinero sea la única cosa que un trabajador independiente necesita más que la independencia de su trabajo independiente”, ironiza Barral Grigera. Y recuerda cómo eran sus tiempos frilos: “escribir entre 15.000 y 30.000 caracteres -una extensión que implica días, tal vez un par de semanas de trabajo, producción, llamados telefónicos, investigación de archivo y tiempo, mucho tiempo- por $ 6.000. Sesenta dólares. Medio changuito del súper. Y estoy tomando el mejor valor de referencia que encontré. La mayoría de los medios paga menos. Mucho menos”.  En el mismo libro, Martín Caparrós cuenta en primera persona -ineludible sello de autor- que, harto de “imposiciones y censuras”, renunció al New York Times para publicar “en un espacio propio, chiquito, modesto, donde nadie me va a decir qué puedo escribir y qué no”.  Asume con hidalguía su huída de lo que llama “el periodismo clic”,  subsumido en la lógica del rating que determina que “una nota importa menos por lo que ve que por cuántos la miran”.

Grieta

Hugo Alconada Moon, María O´Donnel, Ezequiel Fernández Moores y el propio Sietecase escriben desde su experiencia para reflexionar sobre los alcances de la profesión, sus modos de producción y su relación con el poder. O´Donnel rememora los tiempos del Watergate como exaltación del periodismo de investigación y explica cómo en las últimas décadas -a partir del modelo del inefable Bernardo Neustadt- se derrumbó el muro imaginario que separa la gestión publicitaria de los contenidos periodísticos; Fernández Moores asume la subjetividad de la profesión, advierte sobre la creciente precarización laboral y cuestiona la hipocresía de las empresas de medios concentradas, que eluden el debate con el gobierno de turno amparados en la siempre redituable libertad de prensa. “Es curioso -apunta-, en tapa el diario afirma que no hay libertad de prensa, pero esa misma tapa incluye cinco titulares y tres columnistas, todos críticos hacia el gobierno”.

El propio Sietecase recuerda una diferencia esencial en la práctica profesional: “una cosa es respetar la línea editorial y la verticalidad de una organización periodística y otra, muy distinta, es convertirse en lobista de los intereses sectoriales de las empresas que nos contratan o aceptar publicar información falsa”. Pero a diferencia de Fernández Moores -que se avergüenza de Daniel Santoro, periodista de Clarín-, no da nombres propios, aunque condena genéricamente los “escraches” a colegas impulsados en su momento por el programa kirchnerista 6,7,8.

A pesar su encomiable -y entendemos sincero- esfuerzo por buscar un punto de equilibrio, los periodistas convocados -y él mismo- no dudan en qué lado de la grieta ubicarse. Bajo el pomposo título “Contar lo que el poder quiere ocultar”, Alconada Mon intenta despejar las sospechas de su (im)parcialidad en el tratamiento del escándalo de las cuentas off shore del presidente Mauricio Macri (los célebres Panamá Papers), al que accedió por ser uno de los dos argentinos que integra el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

Alconada admite que en septiembre de 2015 buscaban afanosamente el nombre de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner por cuentas supuestamente vinculadas a Lázaro Báez y Cristóbal López y asegura que recién el 8 de diciembre de ese año –“cuando restaban dos días para que ingresara a la Casa Rosada”- apareció el nombre de Mauricio Macri, que permaneció "embargado" (sin publicar) hasta abril del año siguiente. Elogia a La Nación -diario del que es prosecretario de redacción- por admitir que también tenía cuentas off shore e insiste en poner la lupa en ex funcionarios kirchneristas a los que la Justicia no pudo  probar nada, pero a quienes los testimonios de “arrepentidos” de la causa de los “Cuadernos de la corrupción” vinculan con la ex presidenta. Omite mencionar la patética actuación en esa causa del juez (fallecido) Claudio Bonadío y el fiscal (procesado) Carlos Stornelli, protagonistas -junto a otro de sus colegas de La Nación- del expediente más emblemático del lawfare criollo.

Joyas

Párrafo aparte merecen los artículos de Leila Guerriero y Graciela Mochkovsky. La primera da cátedra, desde su incomparable talento de cronista, sobre las particularidades del lenguaje -y, sobre todo, de la mirada- del periodista; la segunda traza un bellísimo fresco autobiográfico de las últimas décadas de profesión, en las que pasó de la bohemia y el heroísmo del periodismo de investigación en Página/12 a su presente académico como docente de elite en Nueva York.

Ubicados casi a mitad del libro -como la feta del sándwich-, “Decir o no decir” (Guerriero) y “Memorias de una joven promesa” (Mochkovsky) brillan con luz propia por su inusitada fuerza narrativa, sumando dos invaluables eslabones a esta original antología que condensa reflexiones, deseos y miserias del oficio más lindo del mundo. Compilado por Sietecase y editado por Prometeo, la publicación interpela su título (nada más lejos de un manual de “instrucciones de uso” que las desordenadas reflexiones de once talentosos profesionales de la comunicación) tanto como honra su bajada: “Ensayo sobre una profesión en crisis”.

“En la escritura periodística no solo importa lo que se dice, sino cómo se dice”, advierte Guerriero; “no hay una línea que lleve al destino deseado, sino un camino lleno de desvíos inesperados que con frecuencia te devuelven al punto de partida”, agrega Mochkovsky. Si toda crisis supone una oportunidad -podemos leer entre líneas-, nada mejor que volver a las fuentes. Porque las crisis son, en definitiva, un nuevo punto de partida.

Periodismo: instrucciones de uso. Ensayos sobre una profesión en crisis.

Prólogo y selección de Reynaldo Sietecase.

Editorial Prometeo, CABA, 2020, 184 pgs.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -