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Hacia una economía del conocimiento (Nota 1 de 2)
Conocer y saber
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El debate sobre la producción de conocimiento “popular” y “científico” recorre transversalmente a la sociedad y plantea el rol de los intelectuales en el sistema productivo ¿Para qué y para quiénes produce conocimiento la universidad?
Publicada el en Reflexiones

León Tolstoi, escritor ruso, cristiano y anarquista, solía decir que “hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno que es mucho más importante que los demás, el conocimiento de cómo aprender a vivir; y ese conocimiento, muchas veces, se menosprecia”. Ese menosprecio suele traducirse, en nuestro país y en nuestros días, en la ignorancia y/o exclusión de la agenda pública de un vasto conjunto de conocimientos científicos que no son reconocidos como tales.

Este desconocimiento del Estado incluye las mejoras científicas que se realizaron durante miles de años en agricultura -como selecciones genéticas de semillas, las tecnologías de procesos (agroecología) más eficientes, rentables y menos nocivas con el medio ambiente que la agricultura industrial)-; los métodos de conservación de la memoria histórica de los pueblos (historia oral); las formas de organización de los sectores excluidos que permiten la reproducción social por medio del trabajo (economía popular); y todo lo relacionado a la esfera cultural y artística que da sentido de pertenencia a una identidad colectiva (que da sentido, a su vez, a nuestra pertenencia nacional y latinoamericana: símbolos, idiomas, comidas, deportes, música, literatura).

El conocimiento que sí es reconocido por el Estado es respaldado por leyes, le destinan dinero[1] y prestigio y, sobre todo, le asignan funciones en el entramado de la administración pública. El conocimiento científico se asienta así sobre un sistema científico-tecnológico que se sostiene con recursos públicos[2], privados y externos. Las instituciones que abordan esta tarea son las universidades nacionales, pero existen además otras unidades de Ciencia y Técnica (CyT): el CONICET y sus dependencias y la producción tecnológica estatal que trabaja por sectores o ramas industriales (CNEA, INTA, INTI y CONAE, entre otros).

El conocimiento que producimos es en sí mismo un campo de batalla: está el conocimiento que nos permite “avanzar” como especie humana (que toma la jerarquía de “conocimiento indispensable”); y el conocimiento del que dependemos para caminar hacia mejores condiciones de vida -mito de la modernidad-: el conocimiento que gestiona una élite mundial y al que se denomina científico, categoría que monopoliza el prestigio de las ideas de una época. Y se sabe, como advertía Marx, que “las ideas de una época son las ideas de la clase dominante”.

La ciencia tiene como fin descubrir grados o niveles de verdad en lo que investiga, y la verdad es hija del tiempo, no de la autoridad. El conocimiento popular, como ciencia a disposición de la clase trabajadora, nos permite explicar y transitar lo cotidiano: un productor rural entiende el clima y ordena sus tareas agrícolas alrededor de una agenda de trabajo; un albañil calcula cantidades y combina materiales para la construcción; una maestra enseña porque entiende que hay pibes que arrastran cicatrices sociales de clase, raza y género; las mujeres administran la economía doméstica y llevan adelante tareas de cuidado en los hogares y comunidades.

Existe una larga lista de conocimientos universales que desarrollan los pueblos y son patrimonio de la humanidad. No debemos reducir la noción de creatividad científica a la rigurosa aplicación del método, en detrimento de su componente de imaginación creativa, culturalmente condicionado. Como advierte Antonio Gramsci: “Todos los hombres son intelectuales (…), pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales (…) No hay actividad humana de la que se pueda excluir toda la intervención intelectual, no se puede separar el homo faber del homo sapiens. Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual, es decir, es un “filósofo”, un artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepción del mundo, tiene una consciente línea de conducta moral, y por eso contribuye a sostener o a modificar una concepción del mundo, es decir, a suscitar nuevos modos de pensar”.

Se puede hacer ciencia en todas partes, pero de manera diferente ¿Se contradice esta idea con la estructuración racional del método científico? Más bien se complementa. La rigurosa sistematización del método científico (hipótesis, variables, mediciones, estadística) refiere a la forma en que las preguntas científicas se responden, pero no a la manera en que se formulan. Porque además de método, para hacer una pregunta científica se requiere intuición, creatividad, pensamiento no estructurado.

La pregunta entonces, para abrir un debate estratégico sobre el conocimiento, podría ser: ¿para quién o quiénes produce conocimiento la universidad?

La tesis de García Linera

Alvaro García Linera, ex vicepresidente de Evo Morales en Bolivia y uno de los más lúcidos intelectuales latinoamericanos, denunciaba en 2013 que se estaba produciendo “la apropiación capitalista de una fuerza productiva comunitaria universal: el conocimiento”. Así, la producción moderna se sostiene en la ciencia aplicada al procesamiento de materias primas, pero además las ciencias -física, matemáticas, biotecnología, ingeniería de sistemas, etc.- son en sí mismas industrias de punta que generan incluso más valor agregado que la extracción de materias primas o los servicios.

En otras palabras, el capitalismo se ha apoderado de una fuerza productiva ilimitada: el conocimiento humano. Y al hacerlo ha hecho emerger dos contradicciones fundamentales: la primera, que al subsumir una capacidad humana de fundamento comunitario (la ciencia no es el producto de genios individuales sino colectiva y universal) socava la base de apropiación privada capitalista; y la segunda, que se escinde en dos a la clase obrera mundial: una vinculada a las ciencias, al conocimiento y la tecnología en las metrópolis del mundo capitalista, y la otra al esfuerzo rutinario y la asociatividad en las extremidades del cuerpo capitalista planetario. Surge así una nueva condición obrera planetaria expandida en todo el mundo, difusa y distinta a la que dio lugar al Estado de bienestar, la vida sindical y los partidos del siglo XX.

En esta nueva forma que adopta el capital, la economía del conocimiento, lo novedoso es la expansión de las industrias y ramas enteras de la economía donde el conocimiento es el recurso “limitante”. Si China[3] lidera la economía mundial, en gran medida se debe a que superó a Estados Unidos en la cantidad de patentes intelectuales registradas (registró más cantidad de conocimiento que alguien está dispuesto a pagar).

La diferencia está en lo que decida hacer con ese conocimiento ¿Subsidiarlo a los países del tercer mundo y generar renta a costa de los países centrales? ¿Tornar más dependientes a los países del sur global y concentrar más capital en los países del norte? ¿Apoyar la construcción de polos regionales como pueden ser el Caribe, Latinoamérica, África, Asia o fragmentar más los circuitos económicos?

Los países ricos tienen una “ventaja acumulada” que deriva en gran parte del saqueo a los países pobres, consecuencia del colonialismo[4] de ayer y de las relaciones de intercambio desigual de hoy. Queda mucho por descubrir sobre las relaciones entre la gestión del conocimiento y el desarrollo económico.

Notas:

[1] Para profundizar recomiendo visitar la página del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación: https://www.presupuestoabierto.gob.ar/sici/

[2] Proyecto de financiamiento del sistema nacional de ciencia 2021:  https://www.argentina.gob.ar/noticias/el-senado-convirtio-en-ley-el-proyecto-de-financiamiento-del-sistema-nacional-de-ciencia#:~:text=Con%2059%20votos%20afirmativos%20qued%C3%B3,de%20Ciencia%2C%20Tecnolog%C3%ADa%20e%20Innovaci%C3%B3n.&text=La%20asignaci%C3%B3n%20de%20recursos%20para,del%20presupuesto%20del%20a%C3%B1o%20anterior.

[3] Nota que recomiendo leer: https://www.agenciapacourondo.com.ar/ciencia-y-tecnologia/lecciones-de-china-en-politica-cientifica-y-tecnologica?fbclid=IwAR3TtXIq8vrX-viQdGesPTO9P_kh84VzL1GQcEyyV3PN9_oNvlTIcWmWvGU

[4] Alguna vez, las Ciencias Sociales fueron un instrumento de control imperialista. Para profundizar visitá: https://comunaslitoral.com.ar/nota/6667/el-retorno-triunfal-del-proyecto-camelot-en-america-latina-

https://medium.com/la-tiza/despu%C3%A9s-de-camelot-84e2bf5a659b

https://www.lahaine.org/mundo.php/dossier-imperialismo-y-ciencias-sociales

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -