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Hacia una economía del conocimiento (Nota 2 de 2)
Unidos y patentados
Foto: Uno de los desafíos de la economía del conocimiento es producir en base a un criterio nacional y popular.
Las patentes intelectuales se convirtieron en uno de los principales recursos productivos del mundo. El desafío de construir un modelo de ciencia soberano y popular.
Publicada el en Reflexiones

En Argentina está en debate[1] la potencia que puede desplegar la economía del conocimiento. Es uno de los lineamientos estratégicos[2] del Estado argentino en conjunto con el paquete de inversiones que viene promoviendo el Estado chino. Y Córdoba es una apuesta central[3] en la producción y proyección de la economía del conocimiento.

Durante el menemismo se importó el esquema de las patentes intelectuales como formato jurídico para legalizar el comercio de nuestra producción científica. Con la Ley 23.877[4] de “Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica”, sancionada el 28/09/1990, el país profundizó su dependencia y organismos multilaterales como la OMC y la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) diseñaban nuestras políticas científicas desde sus oficinas de Ginebra, Suiza.

 

Este acuerdo comercial determinó que cualquier sector de la tecnología, sin discriminación y sin importar la procedencia, pueda patentar productos que cumplan con los criterios establecidos: 1- novedad absoluta (que no forme parte del cuerpo de conocimientos existente en su ámbito técnico a nivel mundial); 2- actividad inventiva (no debe resultar obvio para un experto en la materia); 3- aplicación industrial (tiene que poder reproducirse y utilizarse con fines comerciales).

Así llegamos a esta parte del siglo XXI con un sistema de Ciencia y Técnica (CyT) con rupturas, continuidades y una notoria incapacidad para potenciar una economía del conocimiento. Nuestra dependencia nos impidió planificar cómo, con quién, dónde y de qué manera vincular al sector de CyT con la sociedad; cómo articular CyT con la producción; cómo financiar al sector sin caer en préstamos externos; de qué manera y en qué ámbitos asesorar al Estado para evitar recurrir siempre a consultorías extranjeras. Otro sería hoy el escenario en la lucha contra el COVID-19 si produjéramos vacunas y medicamentos nacionales, como Cuba[5] que con escasos recursos está cerca de ganarle la pulseada al coronavirus.

Autonomía y dependencia

Algunas preguntas obran de disparadores para pensar nuevas estrategias: si no aspiramos a un nuevo tipo de Estado, ¿es posible tomar decisiones en un sentido diferente?; si no cuestionamos la preeminencia de la ley del valor, ¿cómo planteamos la batalla de ideas?; si los liderazgos de masas no se traducen en nuevos modos de pensamiento, acción y organización, ¿qué podemos esperar de la política?; si no modificamos estructuras, ¿qué esperamos que cambie?; si no habrá revolución -del tipo que sea-, ¿qué habrá entonces?

Entendemos que en el trinomio Sociedad - Ciencia - Estado están los nexos que existen y los nexos que necesitamos como pueblo. Son necesariamente nexos antagónicos porque cuestionamos la propiedad y la gestión del conocimiento. El tipo de propiedad define si el conocimiento se produce en función de su valor de uso (y se dispone a resolver las necesidades humanas reales y urgentes) o si, por el contrario, el conocimiento se produce en función de generar valor de cambio.

La mayoría de los estudios sobre el tema discute la forma de gestión de los recursos productivos (conocimiento), pero omite el problema de la apropiación, que define al resto de la cadena. La ciencia ha sido transformada en capital y toda acumulación sirve de medio para una nueva acumulación. La lógica de las patentes busca una tasa de retorno sobre la inversión (investigación) y es consecuencia de aplicar las leyes del mercado a la investigación científica. La ilegitimidad del proceso no está en la forma de producción, sino en el régimen de apropiación: el ciclo es investigación → producción → mercado.

La tendencia en la producción del conocimiento de los países industrializados es la concentración del 90% de toda la producción científica. Parte de esa inversión está orientada a la formación de cuadros científicos y técnicos. La migración de científicos del tercer mundo al primero es consecuencia de la colonialidad del saber y del poder.

Si pensamos que en el sistema de ciencia e innovación tecnológica está la potencia para “competir” en las condiciones globales existentes (condiciones capitalistas) estamos equivocades. Una cosa es disponer de un sistema de ciencia e innovación tecnológica y otra muy distinta conectarlo inteligente y eficazmente con el aparato productivo. Esta es la contradicción de las patentes: tenemos más conocimiento disponible, pero se multiplican los problemas estructurales del desarrollo humano. El efecto de la economía sobre la investigación es directo, casi lineal, pero el efecto de la investigación sobre la economía no guarda la misma relación de inmediatez y proporcionalidad.

Para avanzar en la democratización del conocimiento debemos ser capaces de explicar que la soberanía nacional hace posible el desarrollo humano. Defender y construir un Estado que regule a los privados y ordene lo que hacemos a partir de lo que necesitamos, no de lo que necesitan los capitales extranjeros para comerciar en beneficio propio. Perdimos soberanía para decidir qué investigar, pasamos de la lógica del capital en el S. XX - “encuentre una necesidad y cobre por satisfacerla”- a la del S. XXI: “invente una necesidad y cobre por satisfacerla”.

Una estrategia alternativa para desarrollar la economía del conocimiento debería incluir al menos cuatro puntos:

1- La gente. La producción de cualquier cosa, incluido el conocimiento, requiere de muchos y buenos productores. No sólo la cantidad, sino la calidad ¿Qué modelo de profesionales necesitamos? Uno que tenga conciencia social. La mayor libertad del científico debería asentarse en la conciencia de materializar un proyecto de sociedad más humana, equitativa y solidaria. Es decir, lo opuesto de la alienación.

2- El diseño del aparato productivo del conocimiento. Científicos, tecnólogos, innovadores, organizaciones científicas, colectivos de I+D, deben ser les protagonistas de la ciencia a disposición de las clases populares.

3- El acceso a los flujos mundiales de creación y circulación de conocimientos y la conectividad. Se requiere una gestión intensa e inteligente de la colaboración internacional.

4- La cooperación Sur-Sur. No habrá cooperación Norte-Sur eficiente si no hay, al mismo tiempo, cooperación Sur-Sur. La cooperación internacional puede ser el camino de la desconcentración del conocimiento y el desarrollo, pero también el de la dependencia y el robo de cerebros. Hay que trabajarla con intensidad, con prisa, pero sin ingenuidades. Con humildad y espíritu revolucionario. Como decía el Che Guevara: “Debemos ir con afán investigativo y con espíritu humilde a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo”.

Notas:

[1] “La Cámara de Diputados de la Nación aprobó esta madrugada la nueva Ley de Economía del Conocimiento impulsada por el Ministerio de Desarrollo Productivo” https://www.ambito.com/economia/economia-del-conocimiento/la-nueva-ley-puntos-fuertes-y-debiles-una-apuesta-clave-n5138906

[2] Plan Argentina Innovadora 2030: https://www.argentina.gob.ar/ciencia/reuniones/comenzaron-las-mesas-de-trabajo-del-plan-ai-2030

Subsecretaría de economía del conocimiento:

https://www.argentina.gob.ar/produccion/organigrama/industria/economia-del-conocimiento

[3] Presentación de la Ley en Córdoba:

https://www.youtube.com/watch?v=LRydL95Ls-M

Encuentro de Economía del Conocimiento Córdoba:

https://www.youtube.com/watch?v=ogUxy_L_TKQ

[4] https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-23877-277

[5] “Vacuna cubana contra el coronavirus entrará en su última fase”

https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/vacuna-cubana-contra-coronavirus-entrara-semana-que-viene-en-su-ultima-fase

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -