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Andrés Echeverri Mejía, becario doctoral del CONICET
“Hay que integrar el sistema de ciencia y técnica”
Por | Fotografía: Matías Tejeda (@matedibujos)
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El especialista advierte que el sistema de ciencia, técnica e innovación está fragmentado y alejado de la realidad social. Sugiere una mayor integración entre los distintos organismos y una mayor coordinación entre la nación, las provincias y los municipios.
Publicada el en Entrevistas

Andrés Echeverry Mejía es Magíster en Ciencia, Tecnología y Sociedad, profesor de la Universidad Nacional de Córdoba y becario doctoral del CONICET. En diálogo exclusivo con El Sur, analiza el rol de la ciencia, la tecnología y la innovación en el contexto de la pandemia del coronavirus que hoy ha puesto todo patas para arriba. Advierte que el sistema nacional de CyT en realidad está bastante fragmentado y brega por una mayor coordinación del CONICET con las universidades, el INTI, INTA, CONAE, CNEA y demás instituciones que se especializan en distintas ramas del conocimiento.  También plantea un abordaje social y productivo que ponga la ciencia y el conocimiento al servicio del desarrollo nacional.

- ¿Qué particularidades tienen las políticas de ciencia, tecnología e innovación y cuál debería ser el rol de las administraciones públicas en su implementación?

-La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) se muestran como un paquete, como si fueran una sola cosa, pero en realidad cada componente tiene una configuración muy particular que puede interrelacionarse entre sí. Por ejemplo, la ciencia está más asociada al ámbito universitario o propiamente científico; la tecnología tiene más que ver con las ingenierías; y la innovación ha estado muy asociada al ámbito empresarial. De hecho, hasta hace algunos se hablaba sólo de ciencia y tecnología; se le fue agregando la parte de innovación con el propósito de que algunos asuntos relacionados con el aparato productivo se pudieran ir interrelacionando con la producción científica y el desarrollo tecnológico. Esto explica un poco esa tríada, que es compleja e implica un análisis en profundidad.

- ¿Qué vinculación tienen con la política?

Cuando uno habla de “tomadores de decisiones” en la política, normalmente se refiere a actores y a procesos asociados al Poder Legislativo o al Poder Ejecutivo. En el caso de las políticas de CTI hay algunas particularidades. Las políticas de CTI se vienen discutiendo sobre todo en el ámbito nacional, incluso los abordajes conceptuales dan cuenta del énfasis hacia ese nivel con propuestas como el sistema nacional de innovación o los sistemas nacionales de CTI.  Pero también hay posiciones que cuestionan que se trate realmente de un sistema, porque hay muchas desconexiones entre las diferentes instituciones y las diferentes partes que componen ese supuesto sistema. Entonces hay quienes prefieren hablar del complejo científico-tecnológico (C-T). Otros buscan hablar del nivel subnacional, pensando sobre todo en lo regional. Lo que uno puede ver en términos prácticos es la existencia de estructuras institucionales como ministerios provinciales u organismos equivalentes, pero con poco desarrollo de políticas específicas y adaptadas a su territorio. Muchas veces se limitan a ejecutar lo que llega de la nación y desarrollan algunas iniciativas propias, pero no parece que haya planes provinciales de CTI que tracen metas u horizontes en el mediano y largo plazo. Uno siempre tiene como referencia “el Plan Nacional de CTI”, pero cuesta encontrar una versión de eso mismo para los ámbitos provinciales y mucho más para un ámbito municipal. Hay que considerar además que para el desarrollo C-T es importante proyectar en el tiempo, ya que no suele haber resultados inmediatos, a no ser que haya una capacidad muy consolidada que permita desarrollos rápidos.

- ¿Por qué no hay planes a nivel provincial o municipal?

-Sobre el desarrollo regional o local no resaltan los avances en política y gestión de CTI (en cuanto a la existencia de planes concretos) y en el nivel institucional menos (me refiero a las universidades e instituciones C-T). Uno puede encontrar estructuras institucionales donde hay convocatorias u otros instrumentos, pero no es tan fácil encontrar una política concreta que muestre hacia donde están apuntando como comunidad y cómo buscan articularse con otros sectores: movimientos sociales, empresas públicas y privadas, instituciones gubernamentales, etc.

- ¿Esto es responsabilidad de los Estados?

-Volviendo al caso de los “tomadores de decisiones”, uno ve que la política C-T no muestra un comportamiento similar a otras políticas públicas. En esta política hay actores muy especializados, además en la configuración de estas políticas entra en juego la autonomía científica, la autonomía universitaria. Es muy probable que quienes diseñen y evalúen las políticas del sector sean los mismos científicos y tecnólogos a partir de criterios que reciben de sus propias comunidades o espacios disciplinares. Entonces ahí no es tan fácil identificar al tomador de decisiones como decir “el legislador X”. Puede que uno lo vea proyectado de esa manera e incluso quien redactó el proyecto de ley sea un grupo de científicos, por ejemplo. Es una particularidad de este tipo de políticas: al ser tan especializadas, la comunidad científica y universitaria juegan un rol preponderante en todos los momentos, desde el diseño, la implementación y hasta la evaluación misma.

-En su artículo “Política de ciencia, tecnología e innovación frente a la coyuntura y la recuperación pospandemia” menciona que existe un proceso inverso entre el norte global y el sur global: mientras allá los privados invierten alrededor de un 60% del presupuesto total en CTI, acá ese porcentaje lo invierten los Estados, con fondos públicos. ¿Qué significa esta disparidad? ¿Por qué ocurre?

-Uno podría aproximarse a varias lecturas que no se pueden hacer de forma descontextualizada de la posición que tiene cada país. Los países del norte global justamente tienen una posición de dominio en un nivel de desarrollo diferente, que los lleva a tener una configuración diferente. En cuanto a C-T se nota esta disparidad y uno encuentra en nuestros países una crítica, un lamento recurrente, de que “nuestros sectores privados no invierten mucho en C-T” o “nos falta ser como los países industrializados”. Justamente: ¡están industrializados porque invierten más en C-T! Pero no son ecuaciones simples. No se puede desconocer el contexto social, económico y cultural, en el sentido de que, por ejemplo, las grandes empresas tienen sus casas matrices en esos países, mientras que la composición empresarial de la región latinoamericana es más de un 90% de MiPyME (micro, pequeña y mediana empresa). Entonces, mientras que en América Latina tenemos muchas MiPyME, en países como Estados Unidos o regiones como Europa tienen una gran concentración de empresas con alto nivel de inversión. Incluso tienen sus propios laboratorios internos de Innovación y Desarrollo (I+D).

-No son realidades comparables…

-Son comparaciones difíciles de hacer, no hay que tomar los datos a la ligera. Es muy importante entender no sólo la C-T de forma corporativa, sólo hacia adentro, lo que pasa en las dinámicas de producción científica; también hay que entender qué pasa alrededor, cómo es la composición del complejo empresarial de cada región o de cada país. Hay que ver el cuadro completo para entender por qué no invierten. Cuesta ver que una MiPyME pueda invertir en desarrollos tecnológicos. Por eso, en estos países se busca una articulación mayor con las universidades. Y las universidades de América Latina tienen características muy diferentes a las universidades de los países centrales, donde brillan por sus altos niveles de inversión, por tener cosas más resueltas de entrada. No deja de llamar la atención que se use siempre como un lamento sin una contextualización socio-histórica.

- ¿Se necesita mayor inversión pública?

-Lo ideal es que vayan aumentando los presupuestos. En Argentina hace poco se sancionó la Ley de Financiamiento para C-T, que tiene como aspiración para 2032 llegar a invertir el uno por ciento del PBI. Lo que hay que preguntarse, más allá de la inversión -o incluso teniendo la inversión- es: ¿Qué hacemos con esa inversión?; ¿cómo vamos a configurar el sistema C-T?; ¿En respuesta a qué?; ¿a qué tipo de demandas o lógicas de integración -o no- con otros sectores?

- ¿Cuáles serían los desafíos para la CTI en Argentina y la región?

-Hay desafíos comunes, pero en América Latina hay condiciones muy diferentes. Son países con diversidades grandes, pero también con similitudes en diferentes aspectos. En el artículo “Política de ciencia, tecnología e innovación frente a la coyuntura y la recuperación pospandemia”, nos aventuramos con las colegas en algunos puntos que nos parecen centrales, más allá de que hay una disparidad en términos de estructuras y desarrollo de cada país. En América Latina quienes tienen mayor relevancia en inversión y consolidación de su sistema C-T son Brasil, Argentina y México. Algunos desafíos apuntarían a desarrollar mayores investigaciones y formación sobre la dinámica del sector C-T, su trayectoria, sus proyecciones, su condición actual, qué está produciendo, qué temas se están abordando, cómo está circulando el conocimiento y la tecnología que se está produciendo, cómo se está usando, En esa misma medida y en simultáneo, diría también que es importante tener investigaciones y mayor conocimiento sobre la situación social y productiva de la región y de cada país en particular.

-Estudiar qué se está estudiando…

-Claro, para no dejar sólo en términos de retórica que “el sector de C-T es importante para el desarrollo productivo y social del país”, sino también identificar qué es lo que se necesita, cuál es la situación actual, cuáles son los problemas sociales y productivos, qué se puede hacer en términos de integración con el sector C-T. Se necesita mayor investigación y mayor formación tanto desde el sector C-T como desde la parte social y productiva.

- ¿Falta una visión integral?

-Es necesario fortalecer la coordinación intersectorial, tanto en el nivel de gobierno como entre las instituciones de C-T porque, como te decía al principio, se habla de sistema, pero cada institución trabaja aparte. Se necesita mayor integración entre CONICET y las universidades, con el INTA, INTI, CoNAE, CNEA, con las múltiples instituciones del sistema C-T. Y, a su vez, con los gobiernos nacional, provincial, municipal. Y también mayor participación social, de manera que las agendas de investigación, además de aportar al fortalecimiento de las disciplinas, también respondan al desafío de los abordajes sociales y productivos de cada contexto. Y mayor participación social en términos de otros sectores que puedan participar de la configuración de esas agendas de investigación, de lograr incluir sus problemáticas y sus inquietudes en esas agendas. O sea, que esas agendas y esos sectores sean escuchados. Incluso en términos de participación, deberíamos preguntarnos: ¿quién tiene acceso a investigar? Porque siempre hablamos del acceso a la producción científica, a los resultados, pero hay un punto importante y es: ¿quién puede dedicarse a la investigación?; ¿quiénes son los investigadores y las investigadoras actualmente?; ¿están logrando acceder personas de sectores populares a ser investigadores, investigadoras?; ¿están representados -no sólo en las convocatorias- para que opinen sobre las decisiones?; ¿están incluidos en la consideración de poder dedicarse a la carrera científica?; ¿quién puede dedicarse a una carrera académica o acceder al CONICET?. Tenemos que pensar que la democratización no es sólo ofrecer los resultados, sino también la posibilidad de aportar, incluso desde adentro mismo del sistema de Ciencia y Técnica.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -