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Federico Burgi, la voz del grupo cordobés A la vera, lucía
“Escribo música para no olvidar”
Foto: A la vera, lucia surgió en 2015 y desde entonces no paró de recorrer los escenarios cordobeses.
El vocalista y guitarrista de la banda surgida en 2015 rescata la simpleza del rock. Junto a Eber Leguizamón (bajo) y Federico Márquez (batería), inspirados en la autenticidad de las expresiones artísticas, buscan forjar su propia identidad musical en la Córdoba de las campanas.
Publicada el en Música

“A la vera surgió o es porque no podía no ser”, dice Federico Burgi mientras el atardecer resalta el verde imponente del parque Sarmiento, donde recibe a El Sur para charlar tranquilos respetando los protocolos del distanciamiento social.  “Podía no ser, pero fue más fuerte el que tenga que ser”, insiste al referirse al origen de la banda que hoy integra junto a Eber Leguizamón (bajo) y Federico Márquez (batería). Y agrega, a modo de explicación de algo que surgió de manera más bien intuitiva: “Las canciones pedían sonar y tenía una especie de epifanía o intuición de que con una “bata”, haciendo algo muy simple, con un bajo, haciendo algo muy simple y la guitarra, haciendo eso tan simple, sonaba. Y además yo tenía una necesidad muy personal, de mi voz y de mi cuerpo, que me decía “quiero cantar esto”. Cuando lo hacía pasaba algo muy hermoso: primero me liberaba muchísimo -era algo que me estaba pasando y me sigue pasando-, y a la vez veía que a la gente también le hacía bien ver a alguien que estaba siguiendo su locura, su intuición”. Corría el año 2015 y el país se encontraba movilizado por los duros cambios que se avecinaban.

- ¿Cómo surge la banda?

- En 2015, aunque también está bueno pensar que venía naciendo desde antes. A veces las cosas están mucho antes de cuando aparecen. Pero surgió a partir de un par de canciones puntuales, que pedían banda. Dos o tres canciones con guitarras, poesía muy simple, dos acordes. Y cuando algo pide banda, hay que dárselo.

-Y ustedes se la dieron…

- Hoy en día estoy viendo los frutos de haber dado lugar a algo que podría no haber pasado. Podría haber quedado ahí. Está buenísimo confiar en algo, hay mucho de conocer, de misterio. La confianza y la posibilidad de hacerlo es fundamental. Con el tiempo las cosas se terminan formando.

- ¿Esos temas pedían rock?

- No sé por qué esa música, por qué esos sonidos. Yo lo veo como medio rock, medio british inglés. Pero bueno, es por la cultura, tenemos eso metido en la cabeza y ¿por qué nos gusta lo que nos gusta? Es una buena pregunta. Hay algo ahí en el rock que me mueve. Empezamos a ensayar y empezamos a tocar. Ese año, el 2015, tocamos en todos lados, todos los fines de semana, un montón.

- Es decir que no apenas se formó la banda empezaron a tocar en público

- Si. Fue todo muy natural. A mí me pasa eso siempre: cuando veo a alguien que está en la suya, haciendo la suya, y está brillando, es como que digo: “guaa… dale, bien, bien”. Como que esa energía te carga y entonces vas y lo volcás en lo tuyo. Eso me cerró enseguida: quiero ser músico, quiero hacer más. Y después, con el tiempo, se fue haciendo la forma de conocer el mundo, de vivir. Hay personas que se encuentran más con estar vinculados a la política y actúan ahí, luchan y le ponen el cuerpo un montón. Pero también hay tantas formas. En mi caso es a través de la poesía, de la música. Aprendo un montón escuchando música y siento que me realizo a la hora de hacerla, es mi forma de ir descubriendo el mundo. A veces trato de cantar o de escribir cosas que no quiero olvidarme, que quiero aprehender y repetirlas para poder encarnarlas. Entonces hago un tema. Es una forma re linda porque es como escribirse en un papel, hacerse un tatuaje con una anotación a través de una canción que me gusta y que a la vez veo que genera cosas. Es re loco, porque después se vuelve más grande y te das cuenta del poder de la música, de su poder transformador.

- ¿Se inspiran en otras bandas?

- No, la verdad es que no mucho. Pero inconscientemente si, seguro. A mí me llegan mucho ciertas bandas, pero sobre todo ciertas personas. Lo que hablábamos recién de lo auténtico, lo que no puede no ser. Esas personas que están siendo eso y no pudieron ser otra cosa, bueno, ahí hay algo que es lo que me inspiraba a mí, por ejemplo. De pibe escuchaba mucho Nirvana, había algo en la voz de ese loco que era indudablemente viva. Pero acá, Spinetta, Charly, Miguel Abuelo y un montón de artistas cordobeses, gente que es tan auténtica que es inspiradora.

- Pero esas influencias no condicionan la identidad de la banda…

- El tema de hacer una banda a partir de eso es un desafío porque entran más personalidades, más cosas en juego y por ahí puede que se pierda esa autenticidad en el rollo de una persona. Pero hay casos que no: Virus, Floyd, bandas que tienen personalidades que cuadran tan bien que se genera algo que las excede. Eso es sorprendente. Por eso digo: inspirados en otras bandas, sí y no. Inspirados en las expresiones reales, pero no pasa de decir “quiero hacer eso que vi”, sino que de repente había algo en los temas, había un potencial ahí y le dimos lugar. Y al darle lugar me di cuenta que me identificaba con gente así, con gente que siguió su idea, siguió su viaje y tomó forma y creció, ahondó.

CÓRDOBA, ¿VA?

- ¿Qué desafíos encontraron en Córdoba como artistas independientes?

- Los desafíos van un poco más allá de la provincia. Los tiempos en los que vivimos no facilitan la reflexión. El sistema es tan inteligentemente perverso que nos vende música y cultura descartable y vamos consumiendo porque está tan bien pensada que nos termina gustando. El desafío es ser pocas personas en pocos espacios, pero ser auténticos. Son desafíos que te ponen a prueba. ¿Creemos realmente en lo nuestro? Luchemos por esto, busquemos los espacios, hagámonos oír. Yo confío en lo que hacemos y creo que puede generar cosas diferentes. No digo que sea la gran cosa, que no se pueda cambiar nada tampoco. Pero sí invitarse a demorarse, invitarse a la reflexión, a nuevas sonoridades, a cosas que son un poquito rebuscadas y menos ligeras, menos entendibles, menos estándares. Desde A la vera, lucía jugamos con eso: el primer impulso es sorprendernos a nosotros mismos, la actitud es crítica.

- ¿Y cómo los trata esta Córdoba por momentos tan conservadora?

- En el arte hay que maniobrar ciertas cosas para las que no tenés fórmulas, es prueba y error, es estar. El desafío es no abandonar. Pablo Arietti, un loco al que le gusta A la vera, lucía y siempre nos hace el aguante, escribió que nos quedamos en Córdoba siendo Córdoba una ciudad digna de abandonar. Me encantó la frase.

- ¿Sienten que desentonan con el cordobesismo?

- La movida cultural de Córdoba va por otro lado: el cuarteto y la fiesta. Y justo nosotros no somos fiesta ni cantamos simplemente pasión. Los cuartetos tienen contenido, pero por lo general son temas para bailar y letras para enamorarse, que está buenísimo también, pero queda ahí. Somos privilegiados de la condición social que tenemos: clase media acomodada. Eso es una realidad, hay que agradecerla y aprovecharla. Pero con el tiempo siento que es también una responsabilidad, porque A la vera, lucía empezó a ser escuchada por más gente. Y digo: “Guau, tengo la posibilidad de decir un montón de cosas”. Porque la música es la entrada y dentro de la música hay palabras, y esas palabras -enmarcadas con música- tienen mucha más posibilidad de llegada que palabras aisladas. A mí me pasa de escuchar canciones y después de un año entiendo lo que están diciendo, que de no haber sido porque estaba en un tema nunca lo hubiera escuchado. Sentarse a leer amerita tener ganas; la música, en cambio, tiene una cuestión que te llega. Y culturalmente somos adictos a la música, en el buen sentido. Entonces el hecho de hacer música y ver que a las personas les gusta y me escuchan, cuando entra la palabra ahí, entra un tema complejo.

- ¿Eso influye a la hora de escribir?

- Por suerte a la hora de escribir no me enrollo mucho, simplemente soy lo más sincero posible conmigo y si veo que hay algunas cosas que están buenas de ser dichas, las digo. Es mi forma de conocer el mundo. Si hay temas que me incumben y soy una persona más, les incumben a todas las personas. Si me pregunto sobre la muerte es porque es parte de la condición humana.

-Ustedes tienen una propuesta, una forma de expresión, que va más allá de las canciones: crean imágenes, se vinculan con el público arriba y abajo del escenario de una forma diferente ¿La música transforma a las personas?      

- Es un sí y un no. El poder transformador, aunque sea en mí, está. Yo haciendo música voy creciendo, voy cayendo en ciertas cosas. Podría ser a través de otro medio, seguro. En este caso tocó ahí. Y después, bueno, si es transformador para alguien más, no lo puedo saber muy bien. Pero si es transformador para mí, en ese plano, me hace bien, es algo que me cierra. La única medida que puedo tomar para saber si es transformadora o no es en mí, en los pibes de la banda y en mi pequeño entorno. Más allá nos sé. Creo que sí porque si a mí me cambió escuchar cierta música ¿por qué no lo va a cambiar a alguien más la música que está haciendo A la Vera Lucía? Creo que el arte tiene un poder transformador grande y, a la vez, al lado de lo que es el mundo y cómo se maneja, es muy chico. Es una batalla perdida que está bueno pelearla porque por abajo, en lo cotidiano, aplicamos lo que vamos aprendiendo del arte y las expresiones artísticas.

- ¿Qué dio origen al nombre de la banda?

- La verdad, simplemente es un juego de palabras. Tengo dos sobrinas, Vera y Lucía. En realidad, tengo un montón, pero en el aquel entonces eran dos. Jugando, quería cantarles un tema para ellas. Estaba con la guitarra y quería que escucharan sus nombres en un tema. Entonces escribí “Vera, Lucía / a la vera, lucía”. No la entendían, porque eran re pibas, pero yo les expliqué la imagen. Bueno, escribiendo ahí pasó eso ¿vez? Cuando te excede algo. Yo escribí esas dos palabras que son los nombres de ellas y de repente vi que eran el otro significado de Vera y Lucía y apareció la imagen: “lucir a la vera”. Y bueno, me gustó y quedó ahí. Después propusimos muchos nombres para la banda y ese, que era uno más en la lista, terminó quedando. Con el tiempo, como no fueron cosas tan elucubradas, tan conscientes, tan razonadas, es como que siempre son ajenas. Siempre están cargadas de algo que nunca terminás de entender, eso hace que no te cierre, que no te canse, que no muera, digamos. Que haya sido ese el nombre está buenísimo porque encima la imagen me parece muy apropiada. Eso es muy loco en el ámbito de las creaciones, cuando hacés las cosas con menos control, las cosas son más poderosas. Me pregunto ¿y hasta qué punto hago entonces? Es dejar que hable algo más. En el momento capaz que no entendés nada, pero con el tiempo se presenta un sentido y es un sentido bastante fuerte. Si es que no se olvidó porque a veces decimos cosas que se olvidan. Pero bueno, ese es el origen del nombre y la verdad es que nos terminó representando. Hay personas conocidas que nos han comentado sus reflexiones acerca del nombre y me parecieron muy buenas. Por ejemplo: “lucir a la vera”, alguien decía como que Lucía era alguien luminosa, pero a la vez está a la vera, y Vera también quiere decir verdadera, entonces Lucía (una persona verdadera) pero a la vez al margen luciendo. Pasa mucho que los gestos más reales, simbólicos y fuertes, quedan medio de lado porque pasan otras cosas que tapan todo.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -