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Entrevista a Luciano Orellano
“En el futuro de la Hidrovía se juega nuestra soberanía”
Foto: Luciano Orellano investigó durante años cómo funciona la Hidrovía del Río Paraná.
El autor del libro “Argentina sangra por las barrancas del Río Paraná” disertó esta semana en la Legislatura de Córdoba, donde fue distinguido por su aporte a la discusión sobre la soberanía nacional. En diálogo exclusivo con El Sur, trazó un panorama de lo que implica para el país el inminente vencimiento de la concesión de la Hidrovía.
Publicada el en Entrevistas

El último martes, el legislador provincial del bloque Hacemos por Córdoba, Carlos Mariano Lorenzo, encabezó una iniciativa parlamentaria para reconocer al autor de “Argentina sangra por las barrancas del Río Paraná”, Luciano Orellano, mediante un beneplácito otorgado junto a Matías Chamorro, legislador del PS, y Glenda Henze, presidenta del PTP Córdoba. Tras recorrer los estrechos pasillos y atravesar las salas de la imponente arquitectura de la Legislatura mediterránea, revista El Sur dialogó en exclusiva con el autor del libro, que se explayó sobre la discusión estratégica de un enclave fundamental para la defensa de la soberanía nacional.  

- ¿Cómo interpreta el debate que están impulsando distintos sectores políticos por la inminente renovación de la concesión de la Hidrovía?

- El primer problema es que hay que conocer de qué hablamos cuando hablamos de la Hidrovía. Debemos tomar conciencia de que estamos hablando de la cuenca del Plata, no sólo el Paraná o el río de La Plata. La cuenca del Plata es una unidad hídrica que está sobre la base de un territorio de 3.172.000 km² y una autopista de 3.442 km, en la que nuestra querida Argentina tiene 1.238 km, por eso entran 5.000 buques de ultramar y baja parte de la producción de Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, que también vienen a ese polo, que es el complejo agroexportador, con 31 puertos. Estos números son tediosos pero necesarios para tener una dimensión de lo que estamos hablando. Además, este río es único, se puede navegar los 365 días del año, tiene 17.000 km de afluentes, se asienta sobre el segundo reservorio de agua dulce más grande del mundo. Parte de los buques que se van de aquí también nos roban el agua dulce.

- ¿Cuándo hablamos de la Hidrovía estamos hablando de soberanía?

- Estamos hablando de una unidad territorial e hídrica donde circulan 127.000.000 de toneladas de alimentos (no sólo de cereal); de una doble autopista acuática donde ingresan y egresan buques. Sobre las costas de esta unidad demográfica viven 20.000.000 de personas y el 80% está en el territorio argentino. Para trazar un paralelo, estamos hablando de una cuenca hídrica sólo comparable con el Mississippi, el río más importante de los Estados Unidos.

- Un río neurálgico para el comercio norteamericano…

- En el Mississippi circula el 92% del total de la producción de los Estados Unidos. ¿Quién tiene el control del Mississippi? El control, el dragado, el mantenimiento troncal, el balizamiento, el control de qué circula y la administración son temas de Estado, de geopolítica. Lo controla la marina norteamericana, el ejército, no es un tema de empresas privadas. En Argentina no estamos hablando de un kiosco: son 5.000 buques que entran a nuestro territorio.

- Lo paradójico es que nos impusieron un modelo de libre mercado, pero ellos son proteccionistas con sus industrias nacionales…

- Así es, la libre navegación de los ríos interiores fue por la cual nosotros desarrollamos la Guerra del Paraná durante dos años, la Vuelta de Obligado, donde nuestro querido General San Martín le regaló el sable a Rosas, porque nos enfrentamos a la flota anglosajona y la derrotamos. Una guerra popular donde cruzamos las cadenas sobre el Paraná ¿Cuál era el objetivo que planteaban nuestros patriotas? Que la navegación de los ríos interiores tenía que darse bajo las leyes de la Confederación. Era y es un tema de soberanía.

- ¿Qué importancia tienen los ríos para el Estado argentino?

-Los argentinos tenemos que entender que, desde los vikingos para acá, todos los imperios, todos los que quisieron colonizar -incluidos los que quisieron ocupar nuestro territorio y saquear a la Argentina- tuvieron como programa la libre navegación de los ríos interiores. Ha sido un arma fundamental para los conquistadores. A Europa se la conquistó así; a Asia se la conquistó por los ríos. Por eso nuestros paisanos, los gauchos, los indios, derramaron su sangre en la Vuelta de Obligado, con Lucio Mansilla, para que no saquearan la Argentina. El río es el embudo de nuestro país y ahora de América del Sur.

- Es una decisión política, de defensa de la soberanía…

- Jamás habrá felicidad si argentinos y argentinas vivimos de espalda a nuestras riquezas, a nuestra soberanía, no sólo territorial sino también marítima. Y hace 25 años que nuestro río está en manos de la Jan de Nul, una empresa belga asociada al grupo Gabriel Romero, todos estafadores. Hemos alquilado un servicio, ahora vence el contrato y estamos ante la oportunidad de recuperar el control y la administración.

- Lo que permitiría además controlar la evasión.

- Claro. Todo el mundo sabe que un tercio de la cosecha se va en negro. El Estado argentino tiene que controlar, regular, administrar, ejercer su derecho soberano para organizar y planificar su riqueza, porque es una condición necesaria para construir felicidad. No podemos seguir con este Estado que hace la vista gorda. No esquivamos el debate de que el Estado sea la garantía, porque hemos visto que también puede haber un Estado que esté dispuesto a entregar todo, como hizo con la Jan de Nul.

- Defender el Paraná no sólo es una tarea que le toca a los santafesinos...

- Hoy en día se baten todos los récords de producción y Argentina sangra por las barrancas del río Paraná porque no controlamos el comercio y no controlamos la moneda. Nosotros debemos defender el trabajo, sus convenios colectivos, que los gremios puedan participar del Consejo Consultivo Federal (CCF), que sean escuchados y tenidos en cuenta. Queremos tener una propuesta del Estado, existió una propuesta positiva que anunció el CCF para la Hidrovía y era vinculante, porque estaba unida a la creación de Hidrovía Sociedad del Estado, pero ahora retrocedió.

- ¿Está instalado el debate en la sociedad?

- Nos proponemos crear una masa crítica, que los argentinos conozcamos de qué se trata para entender esto que denunciamos y defender nuestros recursos. Defender para amar, amar para liberar, para que en el trono de la vida cotidiana alguna vez haya un poquito de igualdad. No puede haber tanta desigualdad. Queremos convocarlos al menos a preguntarnos: ¿cuáles son las razones para recuperar el Paraná? No hablamos sólo de circulación fluvial o de Hidrovía. No sé qué imperio inventó el concepto de Hidrovía, nosotros hablamos del Río Paraguay, del Río Pilcomayo, de los Acuíferos Guaraníes, del Río de la Plata, del Río Paraná, del Río Uruguay. ¡Tenemos ríos, los llamamos ríos! Y los ríos involucran un montón de cosas: flora, fauna, pesca deportiva, la felicidad de la gente que vive en la rivera: en la provincia de Santa Fe hay 9.000 familias pescadoras. Y te puedo decir más: también queremos fabricar los barcos, las barcazas, convocar a los pibes de las escuelas técnicas, a las facultades de Ingeniería, a construirlos. No sólo creo que es posible, sino necesario.

- ¿De qué forma se puede articular esta tarea entre provincias hermanas, como son Córdoba y Santa Fe?

- Este es el camino y el libro va en ese sentido. Lo vamos a decir muy mal para que la gente lo entienda bien: no se trata de ganar o perder, estamos en fase de abrir una brecha. Esto quiere decir: discutirlo, porque hace 40 años que no se debate. Al modelo “exitoso”, productivista, que dice que duplicamos y triplicamos récords, que estamos en la “cuarta revolución industrial” del mundo, le decimos que nosotros hacemos otro balance: nunca vimos una Argentina tan desgarrada.

- Es un planteo integral, que trasciende la Hidrovía

- Nuestra propuesta incluye la industria naval, la marina mercante, la industrialización del país. Cuando nos dicen que lo que planteamos es viejo, contestamos que si alguna vez fuimos felices los argentinos fue cuando aquí, en la provincia de Córdoba, se fabricaban las motos y los autos; cuando teníamos una política de defensa, donde miles y miles de obreros construían soberanía industrial. ¿Qué queremos? Abrir una brecha. Que hoy estemos presentando el libro y hablando todos ustedes es el principio. No decimos “esto es así”, sino “¿lo podemos charlar?”. Porque realmente creemos que hay cosas que replantearse, y también creemos que es urgente hacerlo. No decimos que somos los dueños de la verdad, pero acompañamos nuestras opiniones con una investigación que nos llevó diez años. Creemos en un intelectual colectivo que tiene el objetivo de formular un programa para sacar a la Argentina de 40 años de decadencia y retroceso. Con los sueños y la esperanza de Belgrano, que decía: “ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo”. Somos enamorados del General Manuel Belgrano, de Lucio Mansilla, de San Martín, que ironizaba: “los argentinos no somos empanadas para que nos coman de un bocado”.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -