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La presión social pudo más que el empeño del presidente Duque
Colombia se baja de la Copa América
Foto: El reciente escándalo durante el partido River y Junior incidió para que Colombia desistiera de organizar la Copa América.
En diálogo con esta revista, el profesor colombiano Diego Mauricio Cely Lara explica la sorpresiva decisión del ministro de Deportes, Ernesto Lucena, de bajarse de la organización del certamen futbolístico más importante del continente. Los escenarios posibles de un país en llamas.
Publicada el en Entrevistas

La decisión sorprendió a medias, teniendo en cuenta lo vivido recientemente por los equipos argentinos que viajaron a jugar a Colombia, cuyos jugadores terminaron tosiendo y llorando por los restos de gases lacrimógenos que se filtraban en los estadios, productos de la represión brutal contra el pueblo colombiano. El jueves, finalmente el presidente de Colombia, Iván Duque, junto a sus ministros de Deporte y de Salud, oficializaron la decisión de bajarse como país organizador de la Copa América, dejando a la Argentina como única sede del evento. Diego Mauricio Cely Lara es docente de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, ha trabajado en distintos procesos de reconciliación y construcción comunitaria en diferentes territorios de ese país. Inmerso en un conflicto que parece no tener fin, plantea las perspectivas a futuro y el impacto político de haber renunciado a la organización de un evento largamente esperado por un pueblo amante del fútbol.

-Desde que inició el paro nacional ¿Hubo respuesta a las demandas de los ciudadanos movilizados?

-Un movimiento civil urbano como este no se veía desde el ’77, hace casi 50 años. En aquella oportunidad las personas se organizaron y muchos gremios salieron a la calle. La diferencia con lo que sucede en estos días es que el apoyo popular es masivo: amas de casa, poblaciones periféricas y sujetos que no se vinculaban a procesos de cambio, de movilización y demás. A diferencia de Chile, Brasil y Argentina, donde las movilizaciones en ciudades son una constante, aquí no sucede con frecuencia. Entonces los logros son de organización, de vinculación y de haber dado un golpe durísimo de opinión pública frente a lo que está sucediendo, haber provocado una reflexión profunda frente a décadas de despojo y desigualdad abrumadora, de respuesta de una clase totalmente empobrecida.

-¿Cómo continúan los proyectos de reforma propuestos por el gobierno nacional?

-La primera consecuencia del paro es la caída de la reforma del sistema de salud: los partidos políticos que legislativamente apoyan al gobierno tomaron la decisión de apartarse o votar negativamente. Esto arrastra a todo el paquete de reformas, que incluía la tributaria. También se suma la renuncia del canciller, que estaba totalmente desacreditado como interlocutor del proceso de paz. Y la renuncia del director de la Policía de Cali, que fue uno de los epicentros de la movilización en los últimos días, con un saldo de asesinatos y represión. Que renuncie el jefe de Policía es un logro de la presión popular. Esto plantea un escenario inédito para las elecciones presidenciales y legislativas del año que viene. Pero más allá de estos logros, fruto de la presión popular, el gobierno no ha cambiado en lo sustancial: sigue con el discurso del vandalismo, los bloqueos, la escasez económica y demás, y utiliza la crisis del Covid 19 para reprimir, imponer el toque de queda y encerrar a la gente. Si bien el gobierno no cede, la presión popular hace que se vayan cumpliendo algunas demandas de la población.

-¿El comité de paro nacional es representativo de la gente movilizada?

-Este paro no ha tenido cabezas visibles. Hay un comité de paro, pero muchos no se sienten representados. Lo que estamos buscando desde el paro no está totalmente definido. Pero sí hay resultados concretos del paro y movilización, como la renuncia del ministro Alfredo Morano, que ofreció recompensa para capturar a líderes estudiantiles que estaban en la calle resistiendo. Se busca la penalización de los actores que dieron esa orden.

-¿El paro sigue siendo por tiempo indeterminado?

- No hay un límite definido de tiempo y eso es un riesgo, porque podemos desgastar fuerzas en la calle y no hacer un programa de base. Este proceso es nuevo en Colombia, nunca había sucedido. Hasta ahora se están reorganizando los barrios, creando asambleas locales, comités de paro, diferentes tipos de experiencias.

¿El presidente Duque cuenta con el apoyo a su gobierno o se ven fracturas?

-El gobierno de Duque contrasta con el gobierno del ex presidente Santos, que no era distinto en términos políticos y ejecutivos -las brechas continuaban y no había reforma social-, pero el proceso de paz fue clave y fue una de las disputas más fuertes en las últimas elecciones, antes de la llegada de Iván Duque a la presidencia. La candidatura de Gustavo Petro, que enfrentó al modelo tradicional, hizo que Duque se recostara en el apoyo clientelar de los partidos tradicionales. El miedo al “castrochavismo” le terminó dando el triunfo.

- ¿Es un presidente débil?

- Duque se apoya en el miedo y en el apoyo de las élites. Es una persona débil, sin liderazgo, con apoyo popular prácticamente nulo. Pero detrás de él está la figura de Álvaro Uribe Vélez y su partido Centro Democrático, que apuntala su gestión. Vélez apoya desde en twitter todo lo que hace el gobierno e incluso pide una figura más dura.

-¿Qué pasa con los demás partidos?

- Hay como tres instancias: el partido Centro Democrático, ligado a la derecha, que apoya a Duque; otros partidos políticos tradicionales que ven un riesgo en apoyar a Duque porque van a perder votos en 2022 y entonces se muestran como intermediarios; y los partidos de la oposición, con Petro a la cabeza, que apoyan las movilizaciones, cuestionan la represión y piden diálogo. Hoy en las grandes ciudades, determinantes para una victoria electoral, el apoyo a Duque es prácticamente nulo. Las encuestas le otorgaban apenas un 20 por ciento de apoyo y lo sucedido estas semanas seguramente ha bajado aún más ese índice. A Duque sólo lo sostienen el Centro Democrático y las Fuerzas Armadas, que tienen la tendencia a legitimar este tipo de conductas y prácticas.

-El partido de Copa Libertadores que jugó River Plate contra Junior de Barranquilla generó críticas por el gas lacrimógeno que ingresó al campo de juego ¿La decisión de bajarse de la organización de la Copa América es resultado directo de este episodio? ¿Qué interés tenía Duque en la realización del evento?

-Este paro nacional ha sido histórico porque ha creado objetivos comunes, cuestión fundamental en un movimiento. Y los colombianos, sobre todo en las ciudades, que han soportado tanto tiempo las injusticias, tratan de moverse y apoyan a los jóvenes que están en las calles. Diferentes gremios y sectores sociales empobrecidos se han unido bajo una misma bandera. También las personas que son futboleras, sean barristas o simples simpatizantes. Hace poco hicieron una encuesta para medir si la gente estaba a favor de la realización de la Copa América y los resultados arrojaron un resultado abrumador en contra. No soy de la línea “el fútbol es el opio de los pueblos”: soy futbolero y como tal pienso que el fútbol también rescata y construye en los barrios de muchas maneras. Las personas han salido a las calles en estos momentos trascendentales de la historia de Colombia: con la Copa América, la Liga y la Selección, vemos el partido y listo. Sencillamente decidieron darle prioridad a otras cosas. Los barristas de todo el país y diferentes equipos -principalmente América, Atlético Nacional y Santa Fe- se han unido en torno a decirle NO a la Copa América. Como futboleros, estamos en desacuerdo. Lo mismo sucedió en los partidos de River vs. Junior o Nacional vs. Estudiantes, o los partidos locales. La gente se citó fuera de los estadios: los mismos barristas que abarrotaban los estadios dijeron: “no vamos a permitir que se realice el juego, o por lo menos vamos a sentar posición”. La respuesta, como el fútbol es una vitrina internacional, fue de represión directa. Durante el partido River vs Junior, las personas se concentraron atrás del estadio para que los vieran, porque los medios locales no nos muestran. Vimos la oportunidad de mostrarnos ante la prensa internacional y fuimos brutalmente reprimidos tan brutalmente que los gases lacrimógenos llegaron hasta el campo de juego. El episodio fue una vergüenza a nivel internacional, pero nos dio visibilidad.

-¿Cuánto afecta al gobierno de Duque haberse bajado de la organización de la Copa América?

-Hoy en día tenemos que establecer prioridades. Cuando se realizó la Copa América en 2001 también estábamos en una crisis institucional enorme, con mucha violencia entre las FARC y el Estado. Cuando se hizo la competencia se calmaron muchos los ánimos. ¿Qué pasó después de la Copa? Llegó Álvaro Uribe Vélez. Se cambió el foco de la discusión. Hoy la Copa América también tenía esa intención:  hacia otro tipo de escenarios, y hoy en día la Copa América también tenía esa intención desde el gobierno de Duque: su realización sería un “espacio de paz, de fraternidad y no sé qué mientras siguen con la represión en las calles.

-¿Cómo ven el futuro de Duque?

- Duque se ha sentado a dialogar con los partidos tradicionales, que se muestran como mediadores, pero hay una distancia enorme entre ellos y la gente movilizada. La movilización no tiene una cara visible y esto crea problemas tanto para el gobierno como para el mismo movimiento. Se está acumulando fuerza a través de los compañeros que llevan más tiempo militando, armando pliegos o pronunciamientos, pero la idea es hacer un organismo mayor. Hay un comité de paro: lo integra un sector estudiantil pequeño y representantes de sindicatos tradicionales. La gente no tiene muy claro qué quiere en este momento en las calles y eso hay que decirlo. Pero sí sabemos algo: hay motivos para protestar. Lo que hacemos en este momento es acumular más fuerza para organizar un programa.

-¿Cómo se podría canalizar toda la fuerza acumulada?

-Lo que más se discute hoy son las muertes, las violaciones, el abuso de la policía incluso a chicas menores de edad. También las renuncias, principalmente la del ministro de Defensa. Acá todos los días matan a alguien. Hasta que eso no pare, hasta que no cese la represión, hasta que no se haga una reforma de la Policía -otra bandera que sostenemos, es que se desmantele el ESMAD (EScuadrón Móvil Anti Disturbios)- la gente no abandonará las calles. Posiblemente la movilización decaiga por desgaste, pero si el gobierno intenta hacer una nueva reforma las movilizaciones volverán porque el inconformismo es total.

- ¿Tienen expectativas para las elecciones del año próximo?

-En 2022 sucederá algo histórico en este país: toda esta fuerza acumulada se va a reflejar en un cambio de gobierno y legislativo. El panorama es incierto y dependerá mucho de lo que hagamos los que llevamos más tiempo militando, pero tenemos la posibilidad de canalizar los reclamos de la gente. Hay que construir desde abajo, desde arriba y darle a los dos lados. Los colombianos no lo hemos sabido hacer. Lo que ustedes ven, la gente en las calles con las cacerolas, es nuevo y se materializó en la movilización callejera. Estamos aprendiendo de Chile, de Argentina. La idea es que en 2022 copemos ese espacio mientras seguimos trabajando en el barrio.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -