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#29 de Mayo: a 52 años del Cordobazo
Rebelión en La Docta
Por | Fotografía: Archivo Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba.
Foto: Histórica marcha impulsada por las mujeres del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Fue en 1971, a dos años del Cordobazo. Exigían el fin de la intervención al gremio.
Una reflexión sobre el hecho contemporáneo más significativo de la provincia. Una revuelta surgida en el interior profundo, que puso en jaque el centralismo porteño de la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Publicada el en Reflexiones

Poco más de medio siglo nos separa de las revueltas populares y el hartazgo de una generación que marcó a fuego uno de los hitos más recordados en la joven historia de nuestro país: el Cordobazo. Como muchas de nuestras cosas, el Cordobazo fue muy grande, hasta en la forma de enunciación, con ese sufijo aumentativo que es marca registrada de estas tierras. Pero lejos de análisis literarios y “lecciones” de algo bastante conocido, queremos recordar. Un ejercicio fructífero que, etimológicamente, significa despertar lo que está dormido.

Finalizada la segunda Guerra Mundial, Inglaterra perdió su influencia económica y política en nuestro continente. No hubo un corte abrupto, sino más bien un paulatino repliegue en lo que significó su reconstrucción interna de posguerra. Una ausencia que no llegó a ser tal debido a la injerencia que Estados Unidos desplegó con mayor firmeza en la región y a una oligarquía portuaria (la verdadera y consecuente degeneración de la aristocracia) que no dudó en abrirle las puertas. Hasta Jorge Luis Borges empezó a visitar más seguido Estados Unidos que Inglaterra, dato que no olvidamos.

Al decir de Abelardo Ramos, “como tantas veces ha ocurrido en la historia, un estado de espíritu resultó más decisivo que las armas que esperaban una orden”. Perón y la revolución desde arriba que representó el movimiento justicialista fue derrotada en 1955.

El desembarco de este nuevo imperio tuvo que operar entre las condiciones irrenunciables que dejó el primer peronismo al pueblo: empresas de servicios públicos de transporte y comunicaciones, traídas por los ingleses pero estatalizadas por Perón; la creación de una nueva legislación obrera; una nueva política industrial; el comienzo de la investigación atómica; el reconocimiento político de las mujeres en la vida pública; una nueva Constitución. Estas por mencionar solo algunas de las cuestiones más significativas.

Los oficiales que llevaron a Onganía al poder no comprendieron la asimilación que hizo la sociedad argentina de esos cambios. No ser elegido democráticamente por el pueblo lleva inevitablemente al aislamiento: Onganía y sus funcionarios despreciaban la política y a los políticos, por lo que propusieron más represión y libre cambio en vez de ceder a los opositores.

De la economía a la política

El golpe de Estado de 1955 -autodenominado “Revolución Libertadora”- aplicó un programa antinacional en el plano económico. Aunque ejecutó algunas demandas que enfrentaban a los opositores con Perón: reestableció la autonomía universitaria y dispuso una consulta electoral en 1957. Los universitarios antiperonistas estaban felices de poder debatir ideas. Pero el voto en blanco (con el peronismo proscripto) ganó la Convención Constituyente: obtuvo el 24,31 por ciento de los sufragios y se impuso a los radicales, que fueron divididos en dos partidos diferentes. La idiotez de sentirse libres en un país sometido.

El golpe de Onganía en 1966 continuó el programa económico ensayado en el ’55. Pero si la “Libertadora” fue antinacional, la autodenominada “Revolución Argentina” fue estúpidamente antidemocrática y pretendió imponer el orden solamente con represión. Si el Coronel Perón sabía teoría política y era hábil para armar organizaciones, el Teniente Onganía estaba formado en la escuela de la cristiandad, en los cursillos que daba la “Cité Catolique”, fundada en Francia, base ideológica del ejército colonialista derrotado en Argelia e Indochina. Burro para la política, Onganía pensaba que con el perdón de Dios podía repartir palo y mantener la casa en orden.

El golpe del ´66 prohíbe la acción política; se niega a restablecer elecciones democráticas; destruye el régimen universitario; apalea a profesores y científicos en “la noche de los bastones largos”; quema libros y censura artistas populares; establece una ley contra el socialismo, el comunismo y el marxismo; instituye la ley de residencia contra extranjeros (derogada por Perón) y luego, la pena de muerte.

Asumiendo la tesis filosófica “el que no corre vuela”, propia de traidores canallas capaces de bombardear un pueblo indefenso, los militares que acusaban a Perón de subvertir la moral hicieron pingues negocios con empresas privadas y el Estado. En 1970, alrededor de 260 oficiales superiores y jefes de las tres armadas trabajaban como empleados, con sueldos extraordinarios, en compañías de capital extranjero. Fueron los responsables de reforzar la dependencia argentina en 1930, 1955, 1966 y 1976.

Un ladrillazo a la política nacional

Con el “diario del lunes”, celebramos que el pueblo no consintió la teoría de los dos demonios. El terrorismo desconfía y desprecia a las masas. En las revueltas populares y revoluciones, hay una presencia activa de las masas, por eso los terroristas se retraen. Características que despejan un falso debate.

Si Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires, la erupción de levantamientos populares en las provincias del interior iniciadas en Corrientes, Rosario, Catamarca, Tucumán y Salta, que salpicaron hasta General Roca y Cipolletti -ciudades del Alto Valle rionegrino- y se condensaron emblemáticamente en Córdoba, representaron un verdadero ladrillazo a la vidriera porteña del poder central argentino.

Se configuró un escenario diferente a los años de la resistencia peronista. El Cordobazo no fue la acción planificada de ningún partido u organización, por eso nadie pudo atribuirse la hazaña, ni siquiera el peronismo. Tres hechos conformaron el nuevo escenario: los levantamientos del interior, el asesinato del entonces secretario general de la UOM, Augusto Vandor, y el posterior ajusticiamiento del General Pedro Eugenio Aramburu, exactamente un año después, el 29 de mayo de 1970.

Los años de resistencia en clandestinidad enseñaron a fortalecer las orgánicas de partidos y movimientos, a forjar una disciplina militante (voluntaria, diferente a la disciplina militar involuntaria), a repensar las estrategias de liberación nacional y los métodos de organizar a las bases. Fueron años de una floreciente generación patriota. Pero a diferencia del primer peronismo, esta vez no contaron con la simpatía de sectores del Ejército, ya que el monopolio de la violencia era fuertemente cuestionado. Sectores del pueblo se sublevaron y salieron con determinación a las calles, a organizarse, a militar por otra Argentina.

“Vuelco de autos, incendios en las calles, destrucción de vidrieras de ciertas empresas extranjeras, desaparición de la policía de lugares visibles: la furia popular, después de 36 meses de silencio y retirada profunda, heló la sangre en las venas a los dueños del poder. Onganía quedó anonadado ante el fracaso de su política. Rehusó durante varios días escuchar a nadie. No podía creer que se tratara de un movimiento colectivo, impersonal y no partidario. Suponía que se trataba de un movimiento bien planeado y orquestado, concebido y realizado por agitadores profesionales”, escribió el historiador Jorge Abelardo Ramos.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -