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Los tiempos heroicos de Güemes y su división de Infernales
Pieza clave de la Independencia
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El 17 de junio se conmemoraron los 200 años de la muerte del General Martín Miguel de Güemes, creador y líder del ejército gaucho, que resistió los duros embates del ejército realista de España durante las guerras de independencia
Publicada el en Reflexiones

La estrategia que define el General José de San Martín y ejecuta el jefe de la Guerra Gaucha en 1814 arroja resultados claros: Martín Miguel de Güemes fue la pieza clave. Él conforma el cuerpo de “Los Infernales”. Por su valentía, decisión y experiencia adquirida en la lucha libertadora, junto a Los Granaderos de San Martín, son el cuerpo de caballería más importante nacido en tierra argentina. Lo prueban los hechos, y los resultados obtenidos sobre las fuerzas del rey. Son comparados con los cosacos y mamelucos por los oficiales españoles.

La primera victoria de las armas de la revolución fue en Suipacha, un triunfo regional de salteños, jujeños, chicheños y tarijeños. “Suipacha”, qué lindo nombre para ese triunfo paisano. El primer puntal de Mayo tiene nombre indio. Allí, en esa zona comenzó la independencia. Güemes decidió con una carga de caballería gaucha el destino de la batalla. Muy cerca, en Tumusla, años después concluyó la gesta libertaria e independentista. El asesinato de Olañeta, el empecinado realista, fue el fin del Imperio Español en América. La culminación de la guerra civil continental.

En Suipacha y en Tumusla, en la encrucijada de los caminos, nos encontramos con la Patria Grande. Su destino, el de su pueblo, es ser libres de toda dominación extranjera.

Esa zona fronteriza, punto de encuentro de argentinos y bolivianos, es el lugar donde la antinomia cosmopolita y nacionalista deja el paso al espíritu de la tierra. Al triunfo de la tierra en armas.

Artigas y Güemes fueron los primeros defensores y promotores del gaucho en su camino de lograr la dignidad social. San Martín a los humildes norteños los denominaba: paisanos.

Güemes, que fue teniente coronel en los sitios de Montevideo entre los años 12 y 13, escuchó allí como el vocablo injurioso era lanzado como insulto a las tropas patriotas por los godos de intramuros. También observó que, en los fogones de las fuerzas revolucionarias, integradas por aquellos rudos hombres y mujeres de nuestros campos, los poetas de la tierra (entre ellos nada menos que Bartolomé Hidalgo) enastaban la palabra gaucho en el extremo de una copla patriótica, devolviendo el vocablo en un timbre de honor, a quienes pretendían hacerlo insulto. De regreso a las tierras de su Salta natal, Güemes llamó gauchos a los integrantes de la caballería, en lugar de húsares o dragones.

Motivaciones ideológicas

En Güemes las motivaciones eran esencialmente ideológicas, lo movía su patriótica inquina con las clases feudales de su Salta que, asociada con un clero retardatario, consideraba propio de sus status la explotación inhumana de sus trabajadores, calco de conquistadores y colonizadores españoles, a lo que agregaba su renuencia a considerar propia la lucha por la independencia.

A pesar de venir de esa misma clase holgada, su compromiso vital fue con los humildes, y sabido es que la traición de clase es un gravísimo pecado a castigar. Además, su vocación de justicia social hizo que cuando fue elegido gobernador por el voto popular, desconociendo las instrucciones contrarias de Buenos Aires, dictó medidas que favorecieron al pobrerío gaucho e indígena, como fue el caso de una reforma agraria en que se repartieron entre humildes las tierras incautadas a españoles y a “malos americanos”, contrarios o indiferentes al movimiento de liberación. También liberó del pago de arriendos a los incorporados a la guerrilla patriota.

Practicando lo que A. ShumWay definió acertadamente como “radicalismo populista”, el jefe salteño sustituyó el concepto de propiedad privada por el de propiedad revolucionaria y se arrogó el derecho a incautar fondos, animales, hombres, propiedades para sostener a las fuerzas que combatieron no sólo contra los godos de Fernando VII, sino también, insólitamente, contra las fuerzas que enviaba el puerto para domar a ese caudillo insolente, poniendo en riesgo el proyecto independentista.

Su vida y en especial su muerte son emblemáticas de cómo nuestra oligarquía portuaria, aliada con las oligarquías provinciales, no tuvo nunca empacho en perseguir y finalmente destruir a todo aquel que atentase contra su conducción de los asuntos políticos y económicos que fundamentan su condición de clase dominante, en celosa y armada protección de sus privilegios.

Exequiel Satollo
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