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Crónica de la vacunación en primera persona
La era antibiótica
Foto: La vacunación supone una indescriptible experiencia de solidaridad y esperanza.
Ya son 21 millones de dosis las repartidas en Argentina, lo que supone que se alcanzó el 35% de población vacunada contra el Covid 19. Cómo es la increíble experiencia que alienta la esperanza de millones de argentinos.
Publicada el en Crónicas

No hay mejor manera de graficar la globalización neoliberal que la actual: una gripe del otro lado del mundo puede tardar semanas en llegar a tu casa y para curarte dependés de vacunas que sólo producen un puñado de países ricos. Así es la cosa por el tercer mundo, dependientes para enfermarnos, dependientes para curarnos.

Tiempo atrás supe compartir casa con un compañero que integraba una banda de rock indie, cuyo primer disco titularon “La era antibiótica”, un poderoso concepto que dispara las siguientes reflexiones.

Premonitoriamente, y no tanto, las vacunas simbolizan la esperanza inmediata de nuestras sociedades. ¿En qué contexto llega la pandemia a nuestro país? La Argentina de hoy se moldeó a los martillazos de una democracia derrotada. Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner intentaron recomponer condiciones en los sistemas de salud fuertemente mercantilizados durante los años ‘90, sin presupuestos que permitieran generar capacidad preventiva como sucede en otros países, donde venían preparándose para sucesos excepcionales como representa una pandemia. Lo que parecía tan extraordinariamente remoto llegó y nuestro sistema público de salud, el mismo que la gestión de Macri redujo a secretaría, pasó a ser prioritario para el gobierno de Alberto Fernández.

De esta trama también forman parte otros elementos: 1- El ciclo de endeudamiento[1] de las provincias y de Nación que habilitó Macri, en el que Córdoba debe la exuberante cifra de 1.700 millones de dólares a bonistas, donde la caja de dólares es una sola y está vacía.

2- El sistema de Ciencia y Técnica que intentan postular como posibilidad latente de fortalecer ciertas aristas económicas[2], presuntamente devenidas a mayores niveles de soberanía nacional. Lo cierto es que el sector de CyT está desconectado del aparato productivo del país, las agendas de investigación continuaron su dinámica en vez de volcar todas las energías en encontrar posibles soluciones frente a la amenaza del Covid 19. No se buscó el gran remedio para el gran mal, no pudimos producir vacunas hasta que Rusia decidió cedernos las patentes intelectuales. Y sin creer en complots internacionales pero sin ser ingenuo, nada es gratis en este mundo.

3- Una democracia debilitada por los cimbronazos del comercio internacional que está mutando su dinámica aceleradamente y nos ordena en dos dimensiones, la política exterior que subordina a la política interior pero no al revés.

4- Los monopolios de comunicación que heredó esta democracia derrotada. Incorregiblemente reaccionarios y criminales que desgastan gobiernos opositores a cualquier costo. Rodolfo Walsh nos lo advertía hace tiempo, “en occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible”.

Escuchamos, leímos y vimos aluviones de especulaciones, análisis y futurología durante estos dieciséis meses. Conviviendo entre la enorme desigualdad de gente exhausta de mirar netflix todas las semanas y el cansancio de quienes pusieron el lomo para atender las barriadas. Entre los ignorantes digitales que tuvimos que aprender a conectarnos y la generación de los influencers. Entre gente salida de un cuento que niega la enfermedad y toma dióxido de cloro en vivo y el monumental esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras de salud que no se permitieron parar jamás, al igual que les docentes que nos brindaron clases virtuales con un esfuerzo que no será remunerado, como para despejar dudas acerca de su vocación profesional.

Cuando la realidad está revuelta y la incertidumbre nos quiere acostumbrar a no involucrarnos, suelo mirar mi brújula: el señor barbudo; el constructor de futuros que envió médicos al tercer mundo en vez de bombas. Abrazo fuerte las palabras que una vez dijo Fidel Castro como estrella para seguir viaje: “gracias a que hay un sentimiento que se llama amor a la patria, somos fuertes; gracias a que hay un sentimiento de amor a los semejantes y de solidaridad de todos para con todos, somos fuertes; gracias a que hay un estado mental que se llama conciencia revolucionaria, somos fuertes.”

El futuro es hoy

Este primero de julio queda marcado en mi memoria. Con el frío matinal que enciende el espíritu y la certeza de cumplir una tarea comunitaria, tuve la oportunidad de dirigirme al estadio Orfeo de Córdoba que oficia como centro de vacunación hace meses, para recibir una dosis de las 21 millones que se repartieron en nuestro país por el momento. Pienso que uno puede tener críticas propias a los desatinos de un gobierno, a la forma en que resuelve o no determinadas cuestiones, pero desconocer la impronta con la que Fernández lidera esta campaña de vacunación es de necios. Basta con entrar a Google y buscar el listado de países que han vacunado al 30% de su población para darse cuenta.

Me permito conversar brevemente con Paula, la enfermera que me atiende para compartirle la gratitud que me atraviesa y decirle lo que había premeditado decirle: gracias por no aflojar! Es que se habla tanto de “la grieta”, yo creo que está entre quienes quieren vivir y cuidan las vidas de las personas a su alrededor y quienes no sienten compromiso con su vida ni las demás. Sin vueltas teóricas ni bandos que invocar, coincidimos con Paula en lo importante de cuidar la vida, que en estas circunstancias pasa por respetar protocolos sanitarios y vacunarse.

Saliendo del estadio donde alguna vez miles de cordobeses escuchamos desde las tribunas la campaña de Alberto Fernández en 2019, con la ilusión de que Macri y sus secuaces no volvieran a ocupar el ejecutivo nacional, pensaba en la necesidad que tenemos las personas de creer en algo más allá de las rutinas individuales. Es lo más parecido a la magia, al arte de vivir, creencias que se convierten en sentimientos, así de arraigado es creer.

Esta pandemia pasará, la vacuna llegará a todas las personas bajo este cielo y podremos darnos el abrazo triunfal que postergamos hasta el día que creamos conveniente hacerlo. Pero también deberemos estar preparados para la tormenta que se avizoraba cuando comenzó la pandemia y que todavía no se alejó. Nuestro continente está en movimiento, las tensiones se agudizan, algunos personajes balbucean que la democracia no es para todos los países. Personajes que se escondieron como ratas durante los años asamblearios del 2001 y posteriores, pero que se animan a salir de a poco.

Tengo fe en el pueblo, sé que la gente de a pie no cree todo lo que llega a sus oídos. La palabra enseña, el ejemplo guía, y esta pandemia nos puso a prueba como pueblo solidario que somos, los ejemplos estuvieron presentes todos los días desde que esto empezó. Debemos enfocarnos en sostener y multiplicar esas pequeñas acciones que contribuyen a otra humanidad, ser buenas personas, poder mirar a los ojos al otro y sentir que nos perciben de esa manera. Sin aplicar mucho método científico ni pretensión profética, es el mensaje que elijo deliberadamente circular: El mundo no es así, está así… por ahora.

[1] https://chequeado.com/el-explicador/deudas-provinciales-cual-es-la-situacion-de-cada-provincia-y-por-que-son-importantes/

[2] http://revistaanfibia.com/ensayo/la-economia-despues-la-grieta/

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -