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El Silmarillion a la luz de la teoría política
Mundo Tolkien
Foto: John Tolkien creo un asombroso mundo literario que puede ser leído desde la teoría política.
Se anuncia para este año el estreno de la serie “Los anillos de poder”, basada en la obra del célebre escritor británico John Tolkien. Una lectura posible desde la teoría política.
Publicada el en Reflexiones

El dos de septiembre de este año, al cumplirse 49 años del fallecimiento de John Tolkien, se estrenará en la plataforma Amazon una serie que ya genera tantas expectativas como controversias entre los seguidores del aclamado escritor. Creador de la reconocida trilogía “El señor de los anillos” y autor de “El Hobbit”, “El Silmarillion” y “Los hijos de Húrin”, dejó otros textos inconclusos como piezas de su prolífica obra, que deja como uno de sus principales legados la creación de Arda, un mundo de cuentos que articula ensayos, poesía, historias de ficción y la invención de un idioma: el élfico.

Tolkien fue sin duda uno de los escritores más influyentes del S. XX en el género literario de fantasía. Nacido en 1892 en una colonia británica ubicada al sur de la actual Sudáfrica, John Ronald Reuel Tolkien se convertiría en filólogo, poeta, escritor y profesor universitario una vez radicado en el Reino Unido. Sería reconocido mundialmente como el creador de Arda (Ëa en élfico) y el principal continente donde se desarrollan sus historias, la Tierra Media.

En 2019 se estrenó una película documentada (“Tolkien”) basada en los aspectos más trascendentales de su vida, como el círculo de lectura que frecuentó en su juventud, el “Club de Té y Sociedad Barroviana”, su participación en el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial y el gran amor de su vida, Edith Mary Brett.

Tolkien entabló amistad con personajes de la talla de C. S. Lewis, el creador de “Las crónicas de Narnia” o el arquitecto Sir Mortimer Wheeler, quien le ayudaría a publicar en 1936 un estudio literario sobre un antiguo poema épico anglosajón que data del S. VII, titulado “Beowulf: los monstruos y los críticos”. “El Hobbit” y la trilogía de “El señor de los Anillos” fueron publicados en 1937 y 1955, respectivamente.

Tolkien falleció un dos de septiembre de 1973, a los 81 años, y su primogénito, Christopher Tolkien, sería el encargado de compilar y editar en 1977 los manuscritos de “El Silmarillion”, que reúne en 400 páginas las “cuatro edades” de la saga. En el prólogo del libro, Christopher advierte que éste comenzó a esbozarse en 1917 y no sufrió alteraciones fundamentales, más bien fue ampliándose durante cincuenta años en paralelo con la creación de sus otros libros.

Las historias de El Silmarillion inician durante la Primera Edad del Mundo. Son crónicas de los Días Antiguos compuestas por veinticuatro capítulos que se extienden hasta el inicio de la Cuarta Edad del Sol, por eso es considerado el libro maestro que contiene la totalidad cronológica de la obra. La serie a estrenar, “Los Anillos de Poder”, se ubica alrededor del año 1.000, cuando el clan élfico de “Los Noldor” alcanza la plenitud de sus conocimientos durante la Segunda Edad. La historia de “El Hobbit” está ubicada en el segundo milenio durante la Tercera Edad, con “el único” -anillo de poder- ya creado. Los sucesos relatados en “El señor de los Anillos” transcurren al final de la Tercera Edad y el personaje de Frodo Bolsón culmina con el desenlace cuando logra destruir el anillo de poder, en el año 3.019.

Tolkien profesó el catolicismo y en ocasiones sus escritos fueron comparados con pasajes bíblicos, pero infortunadamente también con hechos reales como el estalinismo, el nazismo, la Inglaterra de posguerra y otras analogías que generalmente se teñían de oportunismo para dirimir rivalidades de aquellos años. Como Tolkien gozaba de cierto prestigio entre la aristocracia inglesa, se intentó manipular su creación para apuntalar el amplio espectro que reunía el pensamiento anticomunista. Aunque fue muy crítico de los procesos totalitarios, más de una vez se vio obligado a desmentir públicamente tales comparaciones, advirtiendo que eran artilugios que nada tenían que ver con la inspiración ni el objetivo de su obra.

El Silmarillion

El libro “El Silmarillion” puede pensarse desde la teoría política moderna. Como está atravesado por la gran contradicción que implica la construcción de un orden y el ejercicio de poder para conservar o alterar ese orden, abundan los ejemplos de líderes y clanes que alcanzan la fortuna, virtud y sabiduría, como también la ruina, la miseria, la ambición y la corrupción.

Las crónicas narran distintas historias entre dominantes y dominados que coloquialmente aparecen en las páginas como seres superiores y seres inferiores. Está bueno tensionar las interpretaciones, aunque parezca forzado, ya que las motivaciones que llevan a actuar a ambos bandos están atravesadas de vaivenes y causas que son complejas. Bajo ningún aspecto se podría sostener que los motivos están fundados en pasiones lineales de principio a fin y los giros de algunos personajes son tremendos.

Algunas preguntas sugerentes que podrían guiar al lector y la lectora que decidan entrar analíticamente al libro: ¿Es legítimo rebelarse frente al orden representado por un ser supremo que no explica sus motivos para actuar?; ¿Por qué obedecer a un tipo de orden que no entiendo y que no representa mi voluntad?; ¿Se puede considerar imprudente quien desconoce las consecuencias de su accionar?

Tolkien reveló en vida que muchas de las fuentes de inspiración para su obra fueron teológicas. Se pueden comparar con el relato de los hebreos. Livianamente se puede sostener que la estructura narrativa de El Silmarillion se emparenta con la creación del principio, del mundo, de los primeros seres y criaturas. Y que la caída, expulsión y ruina son similares al génesis cristiano (Bereshit en hebreo).

El concepto de mito nace en la antigua Grecia. Los dioses griegos usualmente intrigaban de manera dramática para intervenir siempre en beneficio de sus preferidos. El mito era un recurso que servía para demarcar el bien y el mal. Así intervinieron los Valar como seres sagrados durante las tres edades para salvar a los hijos de Eru, sus preferidos, frente a las amenazantes provocaciones de Morgoth o Melkor y de los numenoreanos manipulados por Sauron.

El ejemplo del ángel Samael que indujo (o manipuló, depende la interpretación) preguntas a Eva, que la motivaron a romper reglas que trajeron consecuencias desconocidas encaja -repito: forzosamente- con la caída de Melkor. Cabe preguntarse, frente a la actitud sospechosamente agonizante de Adán al respetar el mandato divino: ¿Pudieron Eva, los ángeles o los Valar de Tolkien respetar el mandato divino? Parte sí y parte no, algunos sí y otros no. Esta antinomia antropológica parte aguas en toda la historia conocida. ¿La humanidad es mala o buena por naturaleza?

Hay un diálogo particularmente llamativo en la película "Legión de Ángeles", del director inglés Scott Stewart, donde el personaje que interpreta al Arcángel Miguel le habla al Arcángel Gabriel en referencia a Dios: “Tú le diste lo que él deseaba. Yo le di lo que él necesitaba.” Es tremenda la alusión al libre albedrío. Si la voluntad de Dios es infinita ¿Por qué algunos de sus sirvientes más cercanos se rebelan? ¿Representan amenazas ante alguien omnipotente? En el caso de Eru, el Único, o Ilúvatar como se lo llama en Arda, resolvió la potencial amenaza encarnada en Melkor enviándolo al vacío y dando fin al asunto, casualmente siendo nombrado como el “Valar rebelde”.

Poder y resistencia

Dice Foucault: "Donde hay poder, hay resistencia". El personaje de Melkor nítidamente representa al ángel caído, en ambos casos un ser sagrado, un Valar que resiste frente a la voluntad de Ilúvatar. Pues Tolkien narra que "nació un deseo en el corazón de Melkor: entretejer asuntos de su propia imaginación que no se acordaban con el tema de Ilúvatar (...) grande era el deseo que ardía en él de dar Ser a cosas propias".

"Pero en lo que en verdad deseaba era someter tanto a Elfos como a Hombres, pues envidiaba los dones que Ilúvatar les había prometido; y él mismo deseaba tener súbditos y sirvientes, y ser llamado Señor, y gobernar otras voluntades". Tolkien dice que por vergüenza, Melkor guardó rencor a Ilúvatar y por ambición desea dominar otros seres. Son valores representados con el "mal". Pero a diferencia de Dios, el autor no especifica cuáles son los valores que recoge Eru, no se sabe si es bondadoso, piadoso, misericordioso, etc. Es una omisión que puede resolverse por la positiva.

El mensaje subyacente que atraviesa la obra de Tolkien puede interpretarse con no rebelarse frente a la voluntad divina. La conclusión de este postulado es que hay un destino esperando por cada uno de nosotros, como hubo un destino para cada personaje del libro. En los casos donde se practicó el poder de autodeterminación, siempre desembocaron en tragedias, igual que en la Biblia: Melkor representa al Ainur "caído", Númenor representa el ocaso de una civilización en auge que desaparece cuando Ilúvatar decide hundirlos en las profundidades del mar al desafiar Valinor, como el mito griego de la Atlántida enfrentando a Atenas.

Lo explícito del autor es que el futuro está en manos de los Dioses: "Si ha pasado desde la altura y la belleza a la oscuridad y la ruina, ése era desde hace mucho el destino de Arda maculada: y si un cambio sobreviene y la maculación se remedia, Manwë y Varda lo saben; pero no lo han revelado, y no está declarado en los juicios de Mandos."

Una analogía interesante son las siete estrellas que forman Valacirca, la hoz que se forma en el cielo de los Valar. Siete fueron las divinidades planetarias tomadas de Babilonia y Egipto que son conmemoradas en los siete brazos de la Menorá o candelabro sagrado hebreo. Las siete fueron combinadas en una sola deidad trascendental en Jerusalén. Intriga que sea una hoz el símbolo de los seres sagrados que se forma en el cielo porque en aquellos años no había tantas sugerencias posibles y dicha simbología estaba monopolizada por los rojos.

También sería interesante, pensando en el rol de las mujeres, en el Génesis hay indicios de una antigua cultura matriarcal del pueblo hebreo que continuó hasta la cultura palestina, por ejemplo: las madres tenían derecho a dar nombres a sus hijos y en el matrimonio, la pareja vivía con la familia de la mujer. Pienso en el rol de Lúthien luchando contra Morgoth al que nunca pudieron vencer ni Valar, elfos u hombres y logrando recuperar un Silmaril -joya sagrada-; Galadriel, finalmente la más longeva en la historia y más poderosa de la Tierra Media que enfrenta a Sauron en la fortaleza de Dol Guldur; y Eowin, derrotando al Rey Mago de Angmar en la batalla final. Entonces se abre la posibilidad de que Tolkien deliberadamente asignara tales hazañas a personajes femeninos, al menos la interpretación tiene lugar después de leer tantas derrotas e intentos fallidos liderados por personajes masculinos queriendo terminar con el poderío de Melkor y Sauron, su discípulo.

Finalmente, el gran remedio contra el último gran mal que presenta Tolkien tiene origen en los seres más débiles de la Tierra Media. Frodo Bolsón, por un lado, representa un mito mundano, siendo menos que los hombres por provenir de Periannath: lugar de la gente pequeña, los medianos. Es un personaje mítico debido a que logra unificar y movilizar pasiones que se hallan dispersas. Pero por otro lado es también un instrumento de la voluntad divina, ya que accedió a cargar el anillo por encargo de un Istaris, Mithrandir o Gandalf, a los cuales Tolkien sugiere que tienen origen en la voluntad de los Valar. En consecuencia, así como Sméagol fue el encargado de encontrarlo y Bilbo de resguardarlo, Frodo estaba destinado a terminar con el anillo de poder. Es decir, los Valar decidieron que los personajes más débiles de la Tierra Media resolvieran el problema que no pudo resolver ninguna otra de las razas, algunas descendientes directos de seres sagrados.

Es un final fabuloso que lleva a pensar sobre las opciones morales frente a casos de tanta ruina, muerte y tragedia. Son muchas las batallas perdidas en momentos en que los clanes irradian tanta gloria: la fábula de "los buenos y los malos", el débil bondadoso derrotando al maligno poderoso. Esto se puede intuir debido a que el autor atravesó en carne propia una Guerra Mundial y todo lo arrastra consigo. Pero también, el optimismo obstinado que carga Tolkien no pierde lugar alguno en su obra. Hay un diálogo espectacular de Gandalf para aludir a esta idea del autor: "Muchas son las extrañas ocasiones del mundo -dijo Mithrandir- y el socorro a menudo llega de manos de los débiles, cuando los Sabios fracasan."

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -