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Entrevista a Lautaro Rivara
“El federalismo fue derrotado”
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Para el sociólogo, investigador y editor de la Agencia Latinoamericana de Información el federalismo, como tradición política nacional-popular, fue derrotado. Lo cual no implica que haya desaparecido ni perdido vigencia.
Publicada el en Entrevistas

Lautaro Rivara es sociólogo de formación y ejerce el periodismo por vocación. Es profesor e investigador en la UNLP. Actualmente es editor en la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI). En diálogo con El Sur repasa la tradición política federal en Argentina, poniendo el acento en la necesidad de diferenciar los diferentes contextos históricos. “Para hablar de federalismo lo primero es comenzar con algunas definiciones de conceptos e ideas que se solapan y se confunden: distinguir lo nacional, lo estatal y lo federal, tres palabras que en la cultura política argentina suelen utilizarse como sinónimos”, advierte. “Cuando hablamos de lo estatal nos referimos a una estructura política que podría tener diferentes contenidos y orientaciones; cuando hablamos de lo nacional nos referimos al contenido de esa estructura estatal -reconociendo que podemos concebir diferentes nacionalidades en el seno de un propio Estado-; y cuando hablamos de lo federal apuntamos a una corriente de pensamiento o un tipo de praxis política que propuso una definición congénita de lo estatal y de lo nacional. Tomamos el concepto de federalismo como una corriente de pensamiento puntual, como podríamos hablar de marxismo, cristianismo popular u otras corrientes de pensamiento.

 

-¿Se podría vincular lo federal con el vector nacional-popular?

 

-Estas coordenadas nos sirven para ir empezando. Si en Argentina muchas veces se entiende lo nacional-popular como sinónimo, por ejemplo, de peronismo, es porque hubieron diversas tradiciones nacional-populares. El peronismo fue la gran tradición nacional-popular del S. XX, con un peso político, simbólico y cultural muy fuerte. Pero también tuvimos otras tradiciones: el federalismo fue una tradición nacional-popular muy fuerte y gravitante del S. XIX. Podríamos decir que el federalismo fue en el S. XIX lo que el peronismo fue en el S. XX.

 

- ¿Estas tradiciones se mantienen vigentes?

- El federalismo, como tradición política nacional-popular, fue derrotado. Lo cual no implica que haya desaparecido ni perdido vigencia. Los dos acontecimientos más importantes que dan cuenta de esto son la derrota de José Gervasio Artigas, el gran caudillo federal de los pueblos libres del sur, en la Batalla de Tacuarembó (Uruguay); y la Guerra de la Triple Alianza -conocida como Guerra Guasú en Paraguay-, que fue básicamente la aniquilación del experimento político y social del Paraguay de los Solano López y Gaspar Rodríguez de Francia. Estas figuras fueron  algunos de los principales íconos de la tradición federal. Lo que no significa que podamos encontrar documentos, proclamas, testimonios y una serie de materiales que la historia nos permite recoger para mapear los trazos generales de esta tradición. Por nombrar un caso puntual: la famosa proclama de Felipe Varela, otro caudillo federal muy importante de la provincia de Catamarca, que exclamó “Viva la unión americana”, es una proclama con un contenido federal bastante claro. También lo son las llamadas “Instrucciones del año XIII” de José G. Artigas y otra serie de documentos que fueron muy importantes.

 

 

-¿Hubo continuidad en esta tradición política?

 

-Para entender qué es el federalismo hoy, cómo se ubica o atraviesa el espectro político en Argentina, hay que entender que fue una tradición derrotada que diversas figuras intelectuales intentaron actualizar y rescatar en el S. XX. Eso se puede constatar viajando por el interior del país, algo que en general los que vivimos en ciudad o provincia de Buenos Aires no solemos hacer. El desconocimiento que tenemos en Argentina de nuestro propio país es mayúsculo. Alcanza con hablar con pobladores -y no me refiero a intelectuales críticos ni militantes, sino a gente de a pie en las provincias del interior- para constatar que hay un sentimiento federal, una simpatía hacia la causa federal, que es muy profunda.

 

-¿En qué plano se expresa esa simpatía?

 

-Paradójicamente, el federalismo tiene expresiones que a veces no son completamente políticas o son -usando una palabra muy fea- “prepolíticas”, más bien instintivas y espontáneas. El federalismo se ve incluso en el rencor y la suspicacia que cualquier ciudadano manifiesta cuando le hablan de la ciudad o la provincia de Buenos Aires. En esa manifestación de rechazo está la sensación viva de esa tradición federal derrotada. Obviamente el federalismo tiene un lugar enorme en la cultura popular argentina. Si uno ve la historia de los personajes más emblemáticos y queridos por las culturas provincianas verá que fueron figuras muy significativas de la tradición federal. Muchos fueron conocidos como bandidos, apolíticos, caudillos en un sentido despectivo, pero fueron líderes populares muy importantes incluso para la consolidación y el desarrollo de esas mismas provincias.

 

-¿Alguno que pueda mencionar?

 

–El caso de Andrés Guacurarí en la provincia de Misiones. Este indígena guaraní, ahijado de José Artigas, es una figura militar que llegó a ser gobernador de las provincias de Misiones y Corrientes. Sin su actuación parte del territorio argentino hoy estaría bajo el mando del Brasil. O el caso del Chacho Peñaloza, otra figura importantísima de la tradición política en la cultura provinciana; o de Martina Chapanay en la provincia de San Juan, una figura triplemente olvidada en su condición de mujer, indígena y provinciana. Esta tradición tiene una presencia muy importante y hoy busca un sujeto que la exprese.

 

-¿Los gobernadores son federales?

 

-En el discurso político y mediático dominante los debates o alusiones al federalismo se reducen a las élites provinciales, que realmente no disputan una noción federal de país. En todo caso utilizan el discurso federal como moneda de cambio para negociar con las élites centrales cuotas de poder, representación política o recursos. Se mezclan figuras fuertemente conservadoras en este discurso que apela con suerte a un federalismo fiscal que disputa la repartición de la caja nacional, pero no se plantea un federalismo que discuta la organización socioterritorial de la Argentina ni cómo construir un país realmente equilibrado, representativo, que permita que cada rincón del territorio sea digno de ser vivido sin tener que migrar hacia las grandes ciudades.

 

-¿Se puede actualizar el federalismo?

 

-En el S. XX hubieron figuras intelectuales y políticas de peso que se dedicaron a pensar en la cuestión federal, en cómo se actualizaría, más allá de la derrota del proyecto federal histórico. Una figura muy interesante del peronismo es John William Cooke, quien tiene textos contundentes -aunque poco conocidos- sobre esta temática. Paradójicamente hay también un ensayista conservador, que tuvo expresiones antiperonistas virulentas, como Ezequiel Martínez Estrada, que escribió un texto como “La cabeza de Goliat”, donde entendemos cómo la ciudad de Buenos Aires se constituye como mediadora entre la dominación imperial de los centros de poder occidental y la dominación a escala nacional. Ese aporte del peronismo en el S. XX, pensar a Buenos Aires como una estación intermediaria de la dominación geopolítica colonial, es bastante interesante. También en el S. XXI hay movimientos populares que levantan una serie de reivindicaciones federales, como por ejemplo el Plan de Desarrollo Humano Integral que presentó la UTEP junto a diferentes sindicatos de la CTA y la CGT. En ese Plan hay trazos muy claros de la programática federal al proponer la creación de trabajo en todo el país y el repoblamiento de la patria. El propio Juan Grabois levantó polvareda al proponer mudar la capital del país, una propuesta propia del pensamiento federal. Es interesante, polémico y sugestivo pensar que hay movimientos populares que están haciendo carne del federalismo en estos tiempos.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -