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Lo federal y la clase obrera
“El federalismo es la pregunta por el poder”
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Francisco Malaspina, profesor de Historia de la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén), sostiene que “evidenciar dónde se toman las decisiones y dónde está el poder político es entender el planteo federal”.
Publicada el en Entrevistas

Franscisco “Pancho” Malaspina es profesor de Historia en Neuquén, militante del Frente Patria Grande e integrante del frente TEP (Trabajadores por una Educación Popular), que es la actual conducción del sindicato docente ATEN. En diálogo con El Sur, vincula la tradición federal con la clase obrera argentina y la dinámica centro-periferia del poder político. ”El federalismo lo leo de varias formas, es un término bastante amplio para interpretar: establece una relación entre el centro y la periferia, nos sirve para entender dónde está situado el poder, lo debate y lo interpela desde ese lugar de dominación. En definitiva, es el resultado de una relación del ejercicio del poder político, económico, mediático, cultural”, asegura.

- ¿Cómo expresa lo popular el federalismo?

- Existe un vínculo con lo popular porque en última instancia en ese poder situado lo popular disputa el ejercicio del poder desde un espacio subalterno. Hay hechos históricos que lo demuestran. Si vemos a la Revolución de Mayo (1810) como un proceso de los sectores populares y no sólo como una idea de autonomizarse de las clases dominantes locales, es un proceso de federalismo. Es una demanda que articula otras demandas, no una demanda concreta en sí misma. Lo de Mayo comienza con una idea de poder participar en las juntas de gobierno del imperio español y termina con la conclusión de que la revolución liberal no se puede llevar adelante y por lo tanto hay que generar un proceso de independencia. Pero empieza reclamando desde la periferia participación en el poder central, formar parte del gobierno español (el Virreinato del Río de la Plata se consideraba una provincia). Cuando entendemos que los sectores populares participaron de aquel proceso, vemos que sus demandas no estaban marcadas por el federalismo, pero el federalismo termina siendo un significante que articuló varias demandas.

- ¿Qué procesos de transformación nacional tuvieron contenido federal?

- Desde la Revolución de Mayo tenemos un federalismo que se vuelca en una declaración de independencia (1816). Dentro de aquel proceso se van dando diferentes formas del federalismo que le disputan a las oligarquías locales. Cuando aparece la Confederación de Artigas, él pone por delante las demandas de los sectores campesinos y de trabajadores rurales por sobre el sector militar del que emerge. Con la constitución del Estado, pasando por las luchas de los caudillos federales del interior contra el porteñismo, también se observa la disputa abierta con los sectores dominantes del puerto. Esto se ve en un líder popular como Dorrego. Los unitarios siempre se reflejaron en los sectores dominantes, aunque hay enclaves donde aparecen algunos referentes unitarios con perfil popular. En 1880 el federalismo también es un espacio de reserva para disputarle a Buenos Aires la toma de decisiones y las definiciones que venía tomando la oligarquía porteña, aliada a las oligarquías del interior. Este proceso instaura un modelo agroexportador que implica para los sectores populares una nueva forma de trabajo, de dominación cultural, una imposición a claras luces.

- ¿Y tuvo más centralidad la clase obrera?

- Si, aparece una clase obrera más autonomizada y más independiente de las alianzas que podían tener con sectores de poder más regionales, que a su vez se van diluyendo paulatinamente por el efecto de migración interna. Lo que se destaca como continuidad a lo largo de aquellos años, es el lugar donde estallan los conflictos sociales o donde se van a dar con más fuerza. Cuando sucede la Patagonia Rebelde (1920), pasada la Semana Trágica en Buenos Aires (1919), el gran impacto es el de una clase obrera rural que pelea contra los abusos de la oligarquía local -los Brown-, o hasta incluso contra el imperialismo inglés. Las formas de resolver estos conflictos desde el Estado fueron con intervenciones federales. Los gobiernos con legitimidad popular, como el de Yrigoyen, tienden a hacer un planteo de élite y dejar en claro que la construcción de la democracia es centralizada y desde Buenos Aires, porque en las provincias no se va a dar. Y en consecuencia, desde las provincias se empieza a asentar un sentido común de reclamo al centro, las oligarquías del interior se paran en una idea de federalismo pero es más bien un interiorismo, una lucha del interior con la capital, pero no un reclamo esencialmente federal.

- Por arriba no se pensó en equilibrar el territorio nacional…

- Hasta el 17 de octubre de 1945, por ponerle una fecha al inicio del peronismo, no hay grandes discusiones ni reclamos claros en relación a los territorios nacionales: ni del sur ni del norte. El gran hecho de la clase obrera en Argentina es el 17 de octubre, un mito fundacional de lo que vemos hoy, y eso pasó en Plaza de Mayo, en el conurbano bonaerense para ponerlo de alguna forma. Algo muy interesante que siempre se dice es que el peronismo tiene las tres patas: los empresarios, la columna vertebral de la clase obrera (CGT) y la pata militar. La alianza obrero-militar en el primer peronismo se ve muy clara, pero también está la pata de los gobernadores, que son un marco de alianza que reconfigura una lógica dentro del Estado y cómo se va a relacionar con ese federalismo. Lo que se construye es más bien una alianza con sectores dominantes dentro de las provincias, compuesto por comerciantes y líderes regionales dentro del peronismo, antes que un federalismo per se. Para poder llevar adelante su transformación, Perón hace un planteo de centralización en cuanto al lugar de donde se toman las decisiones, que en su momento es necesario porque se está discutiendo cómo industrializar un país. Pero no hay planteos de cómo industrializar un país en lugares que no sean el conurbano bonaerense o los grandes centros urbanos.

- ¿Siempre fue unidireccional la relación centro-periferia?

- Se podría decir que no. Por nombrar un caso inverso, desde afuera hacia adentro, de abajo hacia arriba: el Cordobazo. Una demanda de democratización de un territorio federal. Aparece desde la periferia un planteo antidictatorial que se condensa y estalla desde el interior hacia el centro político, siendo que en Buenos Aires estaba totalmente trabada dicha demanda. Otro ejemplo es la experiencia del PRT, una organización que nace en el interior y va modificando sus demandas, desde hablar en quechua e imprimir textos en ese idioma, con lo que eso implica. Culturalmente el federalismo tiene que ver con eso, con representar la diversidad de identidades culturales que parten de un piso mucho más bajo a la hora de discutir con lo dominante. Y esa experiencia del PRT, de ser un partido federal que nace del interior con un líder que no emerge de la capital, genera un efecto en la izquierda muy novedoso. Después, cuando sus dirigentes se empiezan a acercar a los grandes centros urbanos van mutando hasta las demandas y las formas de ellas, cuando se van acercando a las “roscas” del centro del poder, es una experiencia para tener presente.

- ¿Tendría importancia recuperar nuestras raíces federales?

- Yo creo que sí, primero porque es un escudo de defensa contra las oligarquías centrales. Segundo porque es un fenómeno que está emergiendo muy de a poquito, incluso en el sistema mundial también aparece. Hay algunas oligarquías locales que hacen planteos de independizar sus provincias o territorios, por ejemplo, en el caso de Cataluña. Si bien tenía un carácter popular, eran los empresarios y dueños de bancos los que querían formar sus negocios por fuera de la corona. Distinto fue el caso vasco, donde las organizaciones populares detectaron que ese reclamo podía acumular fuerzas e hicieron un planteo de nacionalismo vasco que quedó fragmentado. Hay varias experiencias en este sentido, pero la fragmentación nunca favorece a los sectores populares, por el contrario, los perjudica en cuanto a la toma de decisiones. Entonces el federalismo hace un planteo desde ahí. Otro ejemplo es el ex gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, que por el año 2002 planteó que era urgente otra relación con Buenos Aires y se llegó a mencionar la necesidad de independizar la Patagonia. Hace muy poquito también lo planteó el ex gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, que no integra evidentemente los sectores populares, por el contrario, junto a Sobisch son dirigentes retrógrados que reprimen a los trabajadores. En general son planteos que no nacen con fuerza, pero que en determinado contexto pueden prender en la gente.

- ¿Sirve como marco político para discutir lo económico?

- Por ese lado entiendo que es un escudo de defensa para los sectores populares, pero por otro lado creo que el federalismo expresa un núcleo de buen sentido dentro de los sectores populares para articular demandas que pueden favorecernos. Cuando nosotros hablamos del modelo agroexportador-minero, que tiene una centralización terrible -y discutir federalismo en Argentina también es discutir ese modelo-, traer este debate puntual nos permitiría construir alianzas más amplias, como con productores de la tierra que componen las economías regionales. Acá en el Alto Valle el contacto que podríamos sostener con los fruticultores que están desintegrándose podría ser en relación a discutir un modelo productivo híper concentrado desde una transformación necesariamente federal.

- ¿Y lo social cómo se integra?

- Para democratizar lo económico hay que tener un marco político y el federalismo es un potencial, pero desde lo social también se viene dando un fenómeno que es lo ambiental y el problema con los pueblos originarios. La cuestión de los pueblos originarios es un problema que tiene que ver con el imperialismo, si vemos el caso del Estado Plurinacional o planteos que tengan que ver con el desarrollo económico sustentable y regional, vemos que el conflicto social es ineludible. La última pueblada que hubo fue en Chubut y tuvo que ver con la megaminería: una movilización de cinco días donde el gobernador tuvo que ir para atrás. El reclamo del pueblo mapuche en relación al territorio también aparece allí, muy focalizado, muy pequeño, una demanda con ideas hasta de independencia local, de generar un Estado allí. Yo creo que eso no tiene asidero, pero sí pienso que esas demandas son necesarias y hay que potenciarlas desde los sectores populares. Los desplazamientos del poder cada vez más centralizado terminan en un efecto concreto, que es el desplazamiento de la población. No tengo una fábrica en determinado lugar porque las decisiones se toman en otro lugar, en el centro político, y la gente no tiene trabajo por años, décadas. Y lo que estamos viendo es un proceso de despoblamiento del interior del país y del interior de las provincias inclusive, que también es planificado y llevado adelante por los sectores dominantes que están dispuestos a rifar nuestros recursos naturales del territorio nacional.

Yael Ardiles
- Editor general de El Sur. -