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Prototipos en tango
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Las palabras del lunfardo que se hicieron carne a través de la música urbana de Buenos Aires
Publicada el en Reflexiones

Uno de los andariveles de las creaciones artísticas es el que aborda tipos sociales. La temática del tango encaró a sujetos enclavados en las relaciones cotidianas, en la familia, en el trabajo, en los clubes, en la escuela, en todos los ámbitos en que se registran las innumerables contingencias de la vida. La galería de personajes es tan amplia que aconseja el recorte. Para la oportunidad nos enfocamos en un puñado de indeseables.

El pedigüeño es un clásico. Eladia Blázquez lo identificó como El Coso que Tira la Manga, con prólogo de los versos a modo de breve ensayo. Sostiene que hay tres clases de mangueros: a) el que pide y te devuelve, especie que se encuentra en extinción; b) el que pide, pero para que te devuelva tenés que volverte mono y cuando lográs cobrarle, sos vos el que llorás emocionado y le das las gracias; c) el que te manga y desaparece, hecho cada vez más frecuente.

Podemos agregar que al vicio del pedidor también se lo denomina pechazo, pintado por el ingenio y la observación de Eladia Blázquez: Es el quid vivir de arriba, / no gastar ni la saliva / y mangar, siempre mangar, / sobreactuar como un artista, / convertirse en periodista / cuando al cine quiere entrar. / No llevar encima “fasos” / porque el arte del mangazo / hace falta practicar, / y estar listo en la rutina / pa’ doblar en una esquina / y al acreedor gambetear (…)

Amarrete es una voz lunfarda para referirse al mezquino, al tacaño, tratado por Moliere como El Avaro. El adjetivo amarrete lo llevó a nombre el dibujante Oski, creando a Amarroto, en tira publicada en la revista Rico Tipo, en 1947. Oski escrachó, con humor, al sinvergüenza que nunca mete la mano en el bolsillo para abonar un convite, que ahorra a costa de los demás, que borró de sus usos y costumbres la mínima generosidad para ayudar al semejante necesitado.

Amarroto es el título del tango escrito por Miguel Buccino y musicalizado por Juan Cao. En 1951 lo estrenó la orquesta de Juan D’Arienzo, con el cantor Alberto Echagüe expresando: No tenías ni un amigo, que el buey solo bien se lame  / según tu filosofía de Amarroto sin control. / Y amasabas los billetes como quien hace un salame / laburando de esclavacho, como un gil, de sol a sol.

La que tiene vigencia, desde épocas inmemoriales, es el haragán, el vago, el poco y nada afecto al trabajo, el que siempre anda cansado, sin esfuerzo mediante. El que desoye el mandato de ganarse el pan con el sudor de su frente y se siente con derecho de embromar a los demás, así sean los padres, la esposa, los hijos y sus compañeros.

Haragán es un tango de Manuel Romero y José Bayón Herrera, con melodía y ritmo de Enrique Delfino. Persiste en el lenguaje popular aquello de: Haragán, / si encontrás al inventor del laburo lo fajás. El reproche lo formuló la actriz Sofía Bozán, protagonista de la obra La Hora de la Sátira, en el teatro porteño Sarmiento, en 1928. La Negra Bozán, interpretaba a la mujer que se rebelaba por la pretensión de su marido de permanecer en la catrera, mientras ella paraba la olla.

El público aplaudió a telón abierto, luego de escuchar: (…) que yo te mantenga es lo que querés (…) Al campo a cachar giles, / que el amor no da pa’ tanto, / a ver si se entrevera / porque yo ya no lo aguanto. / Si en tren de cararrota / pensás continuar, Primero de Mayo / te van a llamar. Ignacio Corsini, Carlos Gardel y Aldo Campoamor, con el bandoneón de Astor Piazzolla, realizaron estimables versiones del Haragán, escrachado en tango.

La contracara del conflicto planteado en Haragán, es el emblemático Chorra, con letra y música de Enrique Santos Discépolo, en el coincidente 1928. Las noticias del presente aluden a presuntas estafas padecidas por el varón de la pareja, víctima de una de las variantes del cuento del tío, con la falsa prosapia para hacerlo hundirse en la trampa.

El lamento es conmovedor: Por ser bueno, me pusiste a la miseria, / me dejaste en la palmera, me afanaste hasta el color (,,,) Me robaste hasta el amor (…) Aura, tanto me asusta una mina / que si en la calle me afila / me pongo al lao del botón (…) ¡Chorros! / Vos, tu vieja y tu papá. / ¡Guarda! / Cuídense porque anda suelta, si los cacha los da vuelta, / no les da tiempo a rajar.

Chorra trascendió fronteras, grabada en decenas de países e incorporada al repertorio de valiosos intérpretes, una vez adaptados los versos de fuerte color local. Como ahora se actúa con la ópera extranjera en nuestro país, Discepolín explicaba en España el sentido de las palabras en lunfardo y los lugares desconocidos por los entusiastas oyentes.

Hay dichos que se multiplican en el empleo común. Yo, como muchos, comencé a recurrir a Magoya. Contáselo a Magoya, pedíselo a Magoya y construcciones verbales por el estilo. Nada menos que María Elena Walsh y Héctor Stamponi se propusieron asignarle funciones a Magoya, en 1971.

El estudioso Eduardo Romano comentó, al respecto, que Magoya es sinónimo de Nadie, convertido en depositario de falsas expectativas, historias increíbles, discursos de políticos, proclamas militares y cheques voladores. El poema de María Elena Walsh interpela

Hay un coso que nunca da la cara,

dios berreta que está en ninguna parte,

comodín que inventás para quejarte

cada vez que te venden un buzón

Estamos hasta aquí de cuentos chinos.

Andá, contáselo a Magoya

que pagariola tu desilusión

y el cuento de que Dios es argentino

andá corriendo, contáselo.

Hay un nadie que es víctima de todos

y es anónimo rey de la macana,

berretín que inventás de mala gana

cuando ves tanto crimen sin tutor.

Guillermo Alfieri
- Periodista -