No fue la elección esperada por nadie y todos permanecieron con los nervios crispados hasta pasada la medianoche, cuando la tendencia –pese al papelón del escrutinio oficial- indicaba que Martín Llaryora sería el nuevo gobernador de Córdoba. Las encuestas, una vez más, pifiaron feo sus pronósticos: no supieron interpretar hacia dónde se canalizaría el malestar de los cordobeses que, lejos del discurso oficial, nunca vivieron en la isla imaginada por la dirigencia del cordobesismo. En una elección histórica, que invirtió la lógica electoral imperante durante más de dos décadas, Hacemos Unidos por Córdoba ganó la Provincia con los votos de la capital y sufrió una dura derrota en el interior, que se traducirá en una Legislatura muy diferente a la Escribanía de la que goza hasta hoy el gobernador Juan Schiaretti.
El primer dato que marcó que Córdoba estaba en sintonía con el resto del país fue la escasa afluencia de votantes, que a media mañana era alarmante, aunque terminó superando el 60 por ciento del padrón; el segundo dato, en sintonía, fue la cantidad de votos en blanco, que se consolidaron como la “tercera fuerza” electoral; el tercer dato fue la inesperada y brutal polarización, que condenó al resto de las fuerzas políticas a disputar una banca sin alcanzar el módico tres por ciento de los votos. Es una paradoja: Luis Juez, que estaba llamado a romper el bipartidismo cordobés, terminó consolidándolo a más no poder, aunque los partidos tradicionales –el PJ y la UCR- estén camuflados en heterogéneas alianzas donde resulta difícil encontrar grandes diferencias ideológicas.
Como suele suceder –y hay ejemplos en el mundo que así lo acreditan-, no hubo traslación de votos de Schiaretti a Llaryora. Del histórico 57 por ciento que obtuvo el gobernador hace cuatro años se esfumaron más de 14 puntos. Y el interior, que históricamente daba el triunfo al cordobesismo, le dio la espalda a la remozada alianza del PJ con dirigentes provenientes de la propia coalición opositora. Por el contrario, el desgaste del gobierno provincial –con severas y recurrentes crisis en áreas claves como salud, educación y seguridad- alimentó el caudal de Juez, que pese a su soledad política –sus principales socios estaban y están más concentrados en sus rencillas internas y la posibilidad real de ganar la Municipalidad de Córdoba- tuvo una performance electoral impensada.
¿Cuánto influyó la invitación de Horacio Rodríguez Larreta para sumarlo a Juntos por el Cambio? Plantearlo hoy es contrafáctico, pero es innegable que la jugada le dio a Juez un protagonismo político y una presencia mediática de la que carecía hasta bien entrada la campaña electoral. Tampoco favoreció las aspiraciones de Llaryora el caprichoso calendario electoral ideado por Schiaretti, que permitió que las alianzas nacionales se inscribieran el mismo fin de semana de la elección en Córdoba. Esto aportó confusión y fomentó una nacionalización que terminó potenciando a Juez, que usufructuó la interna nacional y consiguió el apoyo del hasta entonces reacio ex presidente Mauricio Macri y la precandidata presidencial Patricia Bullrich, entre otras figuras nacionales que desembarcaron en Córdoba para apuntalar su candidatura como forma de frenar a Rodríguez Larreta.
El ajustado triunfo de Hacemos Unidos por Córdoba dejó rengo el proyecto presidencial de Schiaretti, que ni siquiera acompañó al Llaryora cuando salió esta madrugada a adjudicarse el triunfo y saludar a la militancia que lo esperaba estoica en el búnker. Sin tiempo para evaluaciones, el flamante gobernador electo no perdió el tiempo y alzó la mano de Daniel Passerini, el elegido para sucederlo al frente de la Municipalidad de Córdoba. El resultado favorable en capital le da nuevo impulso para enfrentar con expectativas al radical Rodrigo De Loredo, el mimado de los encuestadores, que ayer volvieron a errar feo.
Identidad
Aunque todavía es muy prematuro y ya está enfrascado en la elección municipal, el flamante gobernador electo de Córdoba tendrá que hacer un minucioso análisis de la elección que lo llevó heredar la sociedad política más exitosa de la historia del peronismo cordobés. Porque, paradójicamente, fue el peronismo el que le dio el triunfo: contrariamente a la prédica conservadora del cordobesismo –que ocultó sin disimulo los distintivos del folklore peronista en sus actos de campaña-, fueron los barrios más populosos de la capital los que alimentaron el caudal de votos del intendente para llevarlo a la Gobernación. Por el contrario, en los barrios más acomodados, la mayoría votó por Juez, que llegó ofrecerles a los dirigentes de la Sociedad Rural y la Bolsa de Comercio que designaran a sus ministros de Agricultura e Industria, respectivamente.
Algo similar le pasó a Juan Manuel Llamosas en Río Cuarto. Desde que consiguió su reelección y apostó a integrar la fórmula con Llaryora, se la pasó seduciendo al establishment. Ayer, sólo el populoso barrio Alberdi le dio el triunfo, mientras el centro y Banda Norte votaron por Juez, que ni siquiera tenía un candidato de la ciudad en su boleta. A escasos días de los históricos triunfos del peronismo en las intendencias del Gran Río Cuarto, Llamosas sufrió una inesperada y dolorosa derrota en la ciudad y el Departamento. Y anoche no estuvo en el palco acompañando al ganador.
¿Será realmente Llamosas el próximo presidente de la Unicameral? Pese a la derrota, tiene el perfil ideal para asumir el desafío: con una Legislatura de inusual paridad política, tendrá que potenciar al máximo su vocación por el diálogo y la búsqueda de consensos para facilitarle las cosas a un gobernador que no tendrá ni por asomo el poder del que gozó el último caudillo del cordobesismo. Y que, como anunció esta madrugada en su primer discurso como gobernador electo, hoy mismo comenzó a cimentar su propia estructura de poder.