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¿Se puede revertir el resultado electoral?
El voto idiota
Foto: Javier Milei, el delirante que ganó las PASO en Argentina.
La sorprendente performance electoral de Javier Milei había sido anunciada por algunos encuestadores, pero la realidad parecía desmentirla en las urnas. Al final, el delirante libertario terminó siendo el catalizador de la frustración nacional. ¿Qué pasará en octubre?
Publicada el en Reflexiones

En un tiempo aciago para la mayoría de los encuestadores, que le vienen pifiando feo a los pronósticos electorales, hubo quienes se mantuvieron en sus trece respecto al ascendente político del diputado nacional Javier Milei. Gustavo Córdoba, Paola Zurban y Mario Riorda, entre los más destacados, se cansaron de advertir que la floja performance electoral del Partido Libertario en las provincias no necesariamente reflejaba una caída del delirante libertario, un estrambótico López Rega posmoderno que propone la dolarización de la economía y el comercio libre de órganos mientras invoca a sus perros en cada acto público.

El escenario de tercios que vaticinó con precisión quirúrgica la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner se cumplió al pie de la letra y encontró al libertario en el podio, seguido de cerca por Patricia Bullrich y Sergio Massa. El categórico triunfo de la ex ministra de Trabajo de Fernando De la Rúa sobre el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta fue opacado por el efecto Milei, pero tiene un efecto político demoledor para el socio ¿mayoritario? de Juntos por el Cambio; la magra cosecha de votos del actual ministro de Economía se disimuló por la muy buena elección que hizo su ninguneado oponente Juan Grabois, que casi duplica en votos al gobernador de Córdoba Juan Schiaretti y logró que su espacio político quedara a un punto de los cambiemitas en la inesperada disputa por el segundo lugar del podio.

El voto masivo a Milei aparece como un voto de hartazgo y bronca, casi como un voto anti sistema. Era, tal vez, la única opción realmente diferente de un escenario político que se resiste a renovarse pese a que este año se cumplirán cuatro décadas ininterrumpidas de democracia. El delirante libertario supo capitalizar el malhumor social y la frustración de la gente con la “casta” política, y convencerla incluso que él no es parte de la misma, pese a su acercamiento a los Menem y los Bussi.  Milei fue el único postulante distópico, tanto en lo discursivo como en lo histriónico: su violencia verbal y conceptual –agredir, dinamitar, romper, cerrar, despedir, quemar el Banco Central- interpeló a una sociedad hastiada por la ineficacia de un gobierno nacional envuelto en una interminable interna política y sin reacción ante la inflación que carcome sus magros salarios día a día. Esa bronca se potenció con los hechos de inseguridad previos al día del comicio, que conmovieron por la absurda muerte de una niña que iba al colegio y un médico que atendía a los pobres.

Hace dos años, la sociedad argentina le hizo una severa advertencia en las urnas a un presidente que desde entonces exhibe su pasmosa debilidad política cumpliendo una función meramente decorativa en la Casa Rosada, cuando falta todavía medio año para entregar la banda presidencial a quien lo suceda. Hace un año, uno de sus socios políticos asumió con poderes plenos el Ministerio de Economía para evitar la debacle total, pero desde entonces viene capeando el temporal sin adoptar medidas que reviertan la dramática caída del poder adquisitivo, domar la inflación y poner freno a la voracidad empresaria de los grupos económicos concentrados.

Esta curiosa dualidad de un candidato que promete lo que no hace como ministro no podía arrojar mejores resultados que los obtenidos en las PASO. Si quiere cambiar la tendencia en octubre, Sergio Massa tendrá que ponerse los pantalones largos y mostrar con medidas concretas lo que promete en sus actos de campaña. Es la única posibilidad que tiene de recuperar los millones de votos perdidos por el extinto Frente de Todos y aspirar a entrar al balotaje con Milei o Bullrich, que disputarán un electorado afín en una sociedad pospandémica que parece haberse corrido decididamente a la derecha.

En su cuadragésimo aniversario, la democracia argentina ha sido herida. El voto a Milei es un voto idiota, porque  es de idiotas votar contra uno mismo. Hace ocho años Macri prometió conservar lo bueno y mejorar lo malo del kirchnerismo, pero su gobierno empeoró todos los índices y dejó una deuda millonaria que rifó la soberanía económica al condenar al país al rígido y permanente  monitoreo del Fondo Monetario Internacional; Milei promete lisa y llanamente eliminar al kirchnerismo, cerrar ministerios, abolir derechos y dolarizar la economía.

Dependerá en buena medida de lo que haga el ministro candidato para que la Argentina no vuelva a sumergirse en las aguas borrascosas de un gobierno neoliberal. O peor aún: de un gobierno libertario.

La devaluación como primera respuesta al veredicto de las urnas no parece ser el mejor inicio.

Hernán Vaca Narvaja
- Periodista y escritor -