El periodista Edgardo Moreno sumó hoy su ignota pluma a la ola negacionista irresponsable, irracional y temeraria que está llevando al país al borde del abismo. En un insidioso artículo publicado en el diario La Voz del Interior (https://www.lavoz.com.ar/politica/vaca-narvaja-se-suma-a-la-campana-de-milei/) el ex secretario de prensa y vocero de uno de los gobernadores más corrupto de la historia de Catamarca pretende dar lecciones de ética desde el atalaya del mal llamado “periodismo independiente”. Y lo hace estigmatizando de la peor manera el apellido de una de las familias más golpeadas por el terrorismo de Estado: los Vaca Narvaja.
Su artículo, titulado: Vaca Narvaja “se suma” a la campaña de Milei (las comillas son suyas), de tono pretendidamente irónico, no tiene ningún justificativo periodístico, como no sea alimentar con falsedades y tergiversaciones la hoguera de odio y la sinrazón encendida por el homenaje de la negacionista Victoria Villarruel a las víctimas del terrorismo en la Legislatura de CABA.
Dice Moreno: “Con el aterrizaje fantasmal de Vaca Narvaja, Victoria Villarruel consiguió la justificación completa para el acto que había preparado como un homenaje a las víctimas del terrorismo, pero también como actividad de la campaña electoral en curso. La reacción airada de las organizaciones de derechos humanos que repudiaron el acto libertario, al que acusaron de negar el terrorismo de Estado y reivindicar la teoría de los dos demonios, pudo para algunos haber puesto en controversia los objetivos libertarios. Pero Vaca Narvaja desequilibró la balanza. Fue lo más funcional a los objetivos de Villarruel. La abogada que acompaña a Milei en la fórmula presidencial lleva años reclamando por la impunidad de los jefes de las organizaciones terroristas de los años 1970. Vaca Narvaja se presentó espontáneamente como testigo a favor” (sic).
Después de su rebuscada interpretación de la presencia de Vaca Narvaja en los actos de repudio al homenaje de Villarruel –para nada fantasmal si el propio periodista cita sus declaraciones públicas-, invoca al ex jefe de gobierno español Felipe González para congraciarse porque dijo que quienes reciben un indulto deben mostrar arrepentimiento. Glorificado como “el sobreviviente más destacado de la transición democrática española”, omitiendo mencionar que -a diferencia de Argentina- España nunca juzgó a los responsables de los miles de fusilamientos y asesinatos ejecutados sin pudor y sin piedad por la dictadura de Francisco Franco.
“Vaca Narvaja perteneció a una organización criminal que jamás se arrepintió de sus delitos horrendos. Para nada equiparables al terrorismo de Estado, pero no por eso menos inhumanos para sus víctimas ni menos repudiables para el resto de la sociedad”, escribe Moreno. Omite mencionar que a Vaca Narvaja le asesinaron a su compañera en Trelew, secuestraron y decapitaron a su padre y fusilaron a su hermano en Córdoba. Sin mencionar la clandestinidad, el desarraigo y la pérdida de centenares de compañeros y compañeras de militancia caídos en las fauces de la represión durante los años del terrorismo de Estado.
“(Vaca Narvaja) Está en libertad no por su inocencia, sino porque el expresidente Carlos Menem lo indultó, junto a los jefes de la dictadura. Uno de los actos más controversiales de aquel gobierno, apoyado primero por el Partido Justicialista y luego por dirigentes aliados del principal partido de discurso liberal en su época, la Unión de Centro Democrático”, sigue el periodista. Cuando era todavía un adolescente, escribí una carta a los lectores repudiando ese indulto en el mismo diario en el que hoy trabaja Moreno, que omite que el indulto fue rechazado por los organismos de derechos humanos con misma convicción con la que antes se opusieron a las leyes de impunidad de Raúl Alfonsín (el Punto Final y la Obediencia Debida).
Moreno también olvida que Vaca Narvaja estuvo preso por disposición del inefable Claudio Bonadío, acusado de haber enviado a sus compañeros a la muerte en la “Contraofensiva Montonera” de 1979. Pero fue absuelto: al juez de la servilleta la causa se le desmoronó como un castillo de naipes por las groseras inconsistencias de una acusación tan falaz como maliciosa.
Memoria completa, Edgardo, como repiquetean tus admirados negacionistas.
Pero Moreno está cegado: “La crónica del periódico El País ignoró la presencia de Vaca Narvaja, pero arriesgó –con frágil conocimiento de causa– que el consenso democrático alcanzado en 1983 sobre la vigencia de los derechos humanos recién está en riesgo ahora con el avance del populismo con discurso libertario de Milei”, insiste. Y ataca a los organismo de derecho humanos que –“a instancias del populismo de los Kirchner” (sic)- sostuvieron que el consenso democrático “se rompió cuando Juan Perón rompió relaciones con organizaciones como Montoneros, supuestamente obligados a optar por la lucha armada durante un gobierno constitucional” (sic).
Otro disparate.
Según la particular interpretación histórica del ex secretario de Comunicación del gobernador Oscar Castillo, los organismos de derechos humanos sostienen que el pacto democrático no se fundó en 1983 “sino sólo cuando asumió el kirchnerismo” (sic). Un dislate. “De allí el desprecio por Raúl Alfonsín (sic), pese a su compromiso con los derechos humanos y la vigencia de la democracia, reconocido en todo el mundo”, agrega Moreno. Omite que la única jefa de Estado que rindió el merecido homenaje en vida a Alfonsín fue Cristina Fernández de Kirchner.
Al final de su diatriba, Moreno menciona la supuesta “negación histórica que sublevaba la conciencia del fiscal del juicio a las Juntas, Julio Strassera”, desprecio que considera “es compartido en su ocaso impune por Vaca Narvaja y, en su noche turbulenta, por Javier Milei” (sic). Las figuras retóricas a las que apela el periodista -“ocaso impune”, “noche turbulenta”- no explican ni de lejos la supuesta relación de Vaca Narvaja con Milei y menos aún su “aporte” a la campaña de La Libertad Avanza.
Insustancial, contradictorio y falaz, el artículo de Edgardo Moreno sólo busca alimentar el odio irracional de un sector minoritario de la sociedad que, envalentonado por el triunfo de Milei en las PASO, busca una revancha histórica reflotando la anquilosada teoría de los dos demonios, el macartismo y la sed de venganza.
Nunca más es Nunca Más, Edgardo. Aunque no te guste.