Desde la ruta provincial C45, la estación terrena de Falda del Cañete de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) se distingue por las portentosas antenas satelitales que apuntan al espacio y atrapan la atención de los chicos desde los autos que pasan por el lugar. Pero al traspasar la tranquera y recorrer 1500 metros aparece en todo su esplendor un complejo de edificios en medio de un ambiente de pulcritud y orden, rodeado por un predio parquizado donde alrededor de 400 científicos, técnicos e informáticos desarrollan ciencia espacial, estudian, componen satélites y motores de vectores de desarrollo nacional, mientras comandan y recaban la información registrada por los satélites argentinos ya en órbita.
Se trata de las instalaciones operativas más importantes de CONAE, ubicadas en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, donde funciona también la firma estatal VENG -empresa de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial- y el Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich, una entidad de formación de excelencia reconocida al tope de la formación técnica espacial en el continente, producto del trabajo conjunto entre la CONAE y la Universidad Nacional de Córdoba.
En un contexto político general donde el ataque a la presencia del Estado en actividades económicas es cosa de todos los días y muchos que aplauden las amenazas de “cerrar”, “clausurar” o “arrasar” con todo con motosierras, este vergel de la actividad científica es un bálsamo para respirar un poco de aire puro. No solo por la brisa de las sierras, que la hay, sino fundamentalmente porque la energía de trabajo mancomunado y pasión que uno encuentra ante cada consulta y respuesta obtenida.
Revista El Sur hizo una recorrida por la Estación para registrar in situ la dimensión de un proyecto que impacta en el complejo científico técnico nacional, derramando en un ecosistema de empresas privadas proveedoras, firmas estatales y universidades el proyecto satelital argentino.
Para los gobiernos actuales, nacional y provincial, la Estación de Falda del Cañete tiene un peso fundamental. Por eso a pesar de las diferencias, el año pasado un acto reunió al presidente Alberto Fernández y al gobernador Juan Schiaretti junto a los ministros y funcionarios del área de ambas jurisdicciones. Fue durante el anuncio de lanzamiento del Proyecto Tronador II, un vector nacional para enviar satélites que tendrá una inversión, a costos del 2022, de 10 mil millones de pesos y que ubicará a la Argentina en el exclusivo club de 10 países con esa capacidad.
Líneas de acción
El gerente de Vinculación Tecnológica de CONAE, Marcelo Colazo, es el funcionario de carrera indicado para guiar la recorrida. Es licenciado en Astrofísica y doctor en Filosofía, Astronomía y Astrofísica, todo cursado en la Universidad Nacional de La Plata. “El plan espacial tiene varias líneas de acción que completan el circuito de generación de formación especial de desarrollo de misiones satelitales, las facilidades de seguimiento terreno, desarrollo de aplicaciones, de recursos humanos, lanzadores para poner en órbita satélites”, explica.
Todo lo cual tiene un requerimiento de desarrollo tecnológico y de recursos humanos muy especializados. “Buena parte del círculo de formación espacial está en Córdoba y eso genera que tengamos una gran interacción con el Gobierno de la Provincia, con las universidades, institutos y empresas. A nivel de astronomía desarrollamos vínculos con la FAMAF-UNC”, reseña Colazo.

Destaca la vinculación de CONAE con agencias espaciales de diversos países de primer orden en la materia: “Por ejemplo, el satélite SAC-D / Aquarius se encuadra en un programa de cooperación entre la CONAE y el Centro Goddard y el Jet Propulsion Laboratory (JPL), ambos de la NASA, con un instrumental desarrollado norteamericano instalado en una plataforma argentina que permitió por primera vez la medición global de la salinidad de los mares”, explica Colazo. “Y el proyecto SAOCOM, de observación de la tierra para la medición de la humedad del suelo y aplicaciones en emergencias, tales como detección de derrames de hidrocarburos en el mar y seguimiento de la cobertura de agua durante inundaciones, se desarrolla con un convenio de colaboración con la Agencia Espacial Italiana (ASI)”, añade.
El funcionario destaca un punto central en la inserción de los proyectos satelitales: la vinculación con firmas privadas en la provincia que actúan como proveedoras en los proyectos satelitales. Así se firmaron contratos con firmas como DTA, especializada en desarrollo de tecnología espacial, que desarrolló instrumentos electrónicos tanto para satélites como para la estación de seguimiento terreno. De la misma forma, la empresa Ascentio fue responsable del desarrollo del software para plataforma de seguimiento del SAOCOM. O Valthe, de Justiniano Posse, donde se ensayó en agosto el prototipo del motor regenerativo de segunda etapa del lanzador de satélites Tronador II.
A su vez la empresa estatal VENG (Vehículo Espacial Nueva Generación) es el brazo ejecutor de las políticas de CONAE, por caso, de la construcción del motor del vector Tronador II. Es con VENG que se relacionan los proveedores.
Una parte de la historia está relacionada con el largo recorrido que tiene la cohetería argentina, desde los desarrollos de Teófilo Tabanera en las décadas del ’60 y ’70 del siglo pasado, construidos con posibilidades militares, el desarrollo del proyecto Cóndor, dinamitado casi literalmente por el gobierno de Carlos Menem bajo el brazo ejecutor de Domingo Cavallo, hasta el comienzo del programa espacial civil casi inmediatamente a la clausura del Cóndor, en 1991.
“En aquellos años, de la mano de Conrado Barotto, comenzó la construcción de la CONAE que conocemos hoy”, recuerda Colazo. Barotto es un científico de larga trayectoria en el sector nuclear, pionero en el desarrollo de la empresa estatal rionegrina INVAP. Actualmente la firma patagónica tiene un papel central en la construcción de los satélites de la serie SAOCOM y del próximo satélite bautizado SABIA-MAR, que se dedicará al estudio exclusivo oceanográfico, teniendo como principal destinatario de la información que recabe a la Armada argentina.
Para algunos empresarios consultados por Revista El Sur, el papel de CONAE y sus proyectos en Falda del Cañete fueron un puntal para el desarrollo de los llamados ecosistemas productivos a partir de la demanda de proveedores locales, una filosofía que el organismo ha impulsado todo lo que le ha sido posible. Para Javier Siman, presidente de la Cámara Argentina Aeronáutica Espacial y Defensa –única entidad empresarial nacional con sede central en Córdoba- el papel del Estado es fundamental para impulsar la industria. “Sucede así en todo el mundo”, aclara Siman, dueño de DTA.
Derrame
Un caso interesante, por el recorrido desde su creación hasta la actualidad, es el de la empresa riocuartense Ascentio, nacida al calor del impulso que vivió la actividad satelital durante el gobierno de Néstor Kirchner. La empresa fundada hace 15 años es hoy el principal proveedor de sistemas de seguimiento de tierra para las misiones espaciales de la CONAE, explica el ingeniero electrónico Esteban Carranza.
Junto al ingeniero en telecomunicaciones Cristian Senyk y al ingeniero en sistemas Javier Proyector, Carranza integraba un grupo de investigación académica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto, tutelado y ayudado por una clara política de Estado para el desarrollo de la actividad espacial. “Comenzamos con trabajos de poca importancia. Pero estuvimos en el momento justo y en el lugar justo, donde tuvimos una oportunidad muy importante para participar ya de proyectos de mayor envergadura en 2006 y 2007. Al año siguiente decidimos fundar una empresa privada afuera de la universidad, por una serie de decisiones estratégicas. De alguna manera nacemos del ámbito académico y crecimos bajo la tutela de CONAE y su proyección, enseñándonos el 98% de las cosas que sabemos de esta actividad. Somos producto de una política muy clara del organismo”, afirma.

El ingeniero cuenta que la inversión inicial fueron 40 mil dólares reunidos entre los tres socios: “¿Qué somos como compañía? Un caso de éxito que significa que los profesionales egresados de universidades públicas argentinas están a la altura de estos desafíos, que es posible hacerlo con esa materia gris. Y también demuestra que se puede hacer desde el interior del interior del país”.
Ascentio ya participó como proveedor en tres misiones satelitales y actualmente está integrado al proyecto SABIA-MAR. “También tuvimos la oportunidad de formar parte de proyectos internacionales, realizando pequeños aportes en obras a través de los contactos que surgen cuando nos conoció gente de la Agencia Espacial Europea, a partir de nuestro trabajo en CONAE”, dice Carranza, que sigue dando clases en la universidad. “Nos consideramos una empresa de crecimiento orgánico que no tuvo ningún tipo de inversor, siendo los mismos tres socios que hicimos una inversión inicial ridícula”, sonríe.
- ¿Cuánto vale su empresa hoy?
- No lo sé, pero por los movimientos de bolsa que veo de empresas de escala similar, debe valer alrededor de 10 millones de dólares.
- La multiplicación de la rentabilidad de la inversión es importante.
- Hay estudios serios de consultoras muy relevantes que demuestran con números que por cada dólar que se invierte en tecnología espacial después se generan 10 dólares. En el caso de la tecnología nuclear la relación es de uno a quince dólares.
- ¿Cómo siente la ola anti Estado que se vive en la coyuntura política actual?
- Cualquier gobierno debe tener a la tecnología en su agenda, es inviable una gestión sin esa pata. Me remito a las pruebas: uno mira alrededor del mundo, porque algo hemos caminado, y encuentra que todos los gobiernos serios invierten en ciencia y tecnología, y en dos rubros polémicos como el espacial y el nuclear. En el mundo se dedican muchos presupuestos a estas actividades. En Córdoba tenemos un ecosistema de actividad espacial muy potente, hay que darse cuenta. Hoy es la provincia que más desarrollo tiene en la materia. Por el lado académico hay muchas universidades que aportan a la formación de recursos: está el IUA en el plano aeronáutico, la CONAE con el Instituto Guric. Hay muchas empresas que son proveedoras con domicilio radicado en la provincia, INVAP quizás sea la industria grande que no es de acá, pero tiene oficinas y presencia en Córdoba. VENG sociedad del Estado que tiene su principal fuerza de trabajo en Falda del Carmen. También está FADEA, que trabaja en proyectos con CONAE. Como estructura hay organismos públicos, fuertes empresas del Estado y hay un ecosistema amplio de proveedores. Esto es un cuadro muy fuerte.