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El fenómeno Carlos Tévez
Nacional y popular
Por | Fotografía: Gentileza diario Perfil
Foto: Carlos Tévez, un jugador que trasciende el mundo del fútbol.
Diego Maradona lo calificó alguna vez como “el jugador del pueblo” y no le erró. Carlos Tevez, el pibe que gambeteó la pobreza y que, en base a constancia, humildad y títulos logró trascender la idolatría que le profesan los hinchas de Boca. Su especial relación con Córdoba, desde aquel debut en el Chateau en octubre de 2001.
Publicada el en Crónicas

Carlitos Tévez caminaba distendido por los vestuarios del Estadio Córdoba aquel 21 de octubre de 2001. Cada tanto, miraba de reojo a Oscar Córdoba, al “Flaco” Schiavi, a “Chicho” Serna y a Juan Román Riquelme, las máximas figuras del Boca Juniors multicampeón de principios de este siglo.

Sabía que las lesiones le habían complicado el panorama al técnico Carlos Bianchi -no estaban disponibles Guillermo Barros Schelotto y Antonio Barijho; ni siquiera el japonés Takahara, aquel fallido golpe de efecto marketinero del entonces presidente xeneize Mauricio Macri- pero así y todo el debut se le hacía inimaginable. Dos juveniles cordobeses, Roberto Colautti y Ariel Carreño, parecían correr con ventaja para acompañar al “Chelo” Delgado en la delantera que trataría de vulnerar a la defensa un Talleres que, a imagen y semejanza de su ilustre visitante, también se desdoblaba entre el certamen local y la Copa Mercosur.

Llevaba apenas dos semanas entrenando con el plantel profesional. Estaba convencido de que lo habían convocado como un premio a su reciente paso por el seleccionado argentino que, dirigido por el también cordobés Hugo Tocalli y liderado por un adolescente Javier Mascherano, había logrado el cuarto puesto en el Mundial Sub 17 de Trinidad y Tobago; y también para mantenerlo a distancia de un entorno complicado que lo rodeaba en su Fuerte Apache natal.

Intuía que, de una forma u otra, aquella tarde iba a tener que esperar sentado. Se imaginaba en una butaca de la platea o, en el mejor de los casos, en el banco de suplentes. Muy lejos de la mesa familiar que seguramente echaba de menos en aquel Día de la Madre. En eso estaba, metido en uno de los baños de las zonas bajas del Chateau, cuando Bianchi se le acercó y le dijo: “Apúrese pibe, mire que juega de titular”. Cuentan que, de la sorpresa, le erró, y bastante feo, al mingitorio.

Fue el principio de una larga historia; el primero de los muchos capítulos que Tévez, “el Jugador del Pueblo” según la definición acuñada por Diego Armando Maradona, escribiría en Córdoba, y que se vinculan, además del fútbol, con el golf, las amistades, los asados, el cuarteto, la política y hasta un paso por la prisión de Bouwer para visitar a un familiar caído en desgracia.

Regreso con gloria

Aquel estreno en azul y oro duró 61 minutos y no tuvo final feliz. Un gol de Julián Maidana le dio a Talleres un anhelado primer triunfo en ese Torneo Apertura, después de una magra cosecha de ocho derrotas y un empate, y dejó a Boca un poco más lejos de la lucha por el campeonato. Las imágenes de aquella primera presentación en sociedad muestran a un “Apache” atrevido y encarador, luciendo en su camiseta el número “18” y –en el marco de un homenaje ideado por uno de los sponsor de Boca Juniors- el nombre de Fabiana, la mamá que, en su caso, lo abandonó antes de llegar a celebrar su primer cumpleaños.

Carlitos recién volvería a jugar en la primera xeneize cinco meses más tarde, luego de la consagración del Racing Club de “Mostaza” Merlo, de la crisis institucional que desató en el país la renuncia del presidente Antonio De la Rúa y de la instauración del tristemente célebre corralito financiero. Su regreso a las canchas cordobesas se hizo esperar un poco más: con una foja de servicios que acredita 21 títulos y una extensa carrera en Brasil, Inglaterra e Italia, Tévez volvió a pisar el campo de juego del rebautizado Estadio Mario Kempes el 26 de julio pasado, otra vez con la camiseta azul y oro de sus amores; y con victoria 1-0 frente a Belgrano. Por distintos motivos, “el Apache” había faltado a la cita en los dos únicos partidos oficiales que el seleccionado argentino jugó en el escenario del barrio Chateau Carreras en su largo y rico historial, ante Costa Rica por la Copa América 2011 y contra Paraguay por las eliminatorias del Mundial de Brasil 2014.

El último y reciente desembarco de Carlitos en la Docta lo confirmó como el jugador más carismático del fútbol argentino; querido y respetado en todos lados, si obviamos la lógica salvedad que impone la histórica rivalidad de los boquenses con River Plate. En ningún momento escatimó simpatía, autógrafos ni su mejor sonrisa para las fotos, y en la antesala del encuentro ante el Pirata él mismo se encargó de gestionar el ingreso de los 300 hinchas xeneizes que se acercaron al entrenamiento atraídos por su imán. Al día siguiente, cuando su nombre retumbó por los altoparlantes y los equipos salían a la cancha, la ovación fue unánime en un escenario habilitado únicamente para simpatizantes belgranenses.

La Mona, el Pato y la fauna del ídolo

Casi 14 años pasaron entre aquella derrota contra Talleres y este triunfo frente a Belgrano. En ese lapso, Tévez completó un exitoso recorrido en el fútbol profesional, que incluyó escalas en Corinthians, West Ham. Manchester United, Manchester City y Juventus; además de la disputa de dos mundiales y la obtención de una medalla de oro olímpica con el seleccionado nacional. Pero la distancia no fue obstáculo para que sus lazos con Córdoba se fueran fortaleciendo, a partir de una relación que trasciende los campos de juego y que tiene como primera referencia a otro Carlitos, “la Mona” Jiménez Rufino. El propio cuartetero describe el nacimiento de su idilio con el futbolista nacional y popular: “Carlitos tenía 14 años, estaba en las inferiores de Boca y le pedía permiso a Macri para ir a mis bailes. Es un fenómeno. Tenemos una amistad. Yo más de una vez lo subí al escenario a cantar con nosotros. Y él siempre me invita a la cancha”.

Además del “Tunga, Tunga”, vicio que a menudo despunta en los bailes del “Monumental Sargento Cabral”, en el populoso barrio San Vicente, Tévez tiene otra pasión que lo vincula con los cordobeses, el golf.

Aunque admite que moverse entre palos y pelotitas es “más difícil que patear un penal en La Bombonera”, Carlitos no pierde oportunidad de probar su puntería en los greens. Esta afición lo acercó a Ángel “Pato”Cabrera, el cordobés ganador del US Open 2007 y del Master de Augusta 2009, con quien compartió varias comidas muy bien servidas y regadas, y también un certamen benéfico que se realizó en el Country Jockey Club cuatro años atrás, durante el momento más álgido del conflicto que mantuvo con el Manchester City y su entrenador, el italiano Roberto Mancini.

“Tiene una mano bárbara”, supo decir de Carlitos un experto en birdies y drives, Eduardo “Gato” Romero, quien meses atrás hizo “hoyo en uno” como político y se ganó la intendencia de Villa Allende. Otro destacado golfista de nuestro país, el tucumano Andrés “Pigu” Romero, puede jactarse de haber tenido a Tevez como caddie, en el Campeonato Abierto de Inglaterra 2012.

“La Mona” y “el Pato” son los cordobeses más famosos dentro de la exclusiva fauna que constituye el entorno íntimo de Tévez, y en el que tienen un lugar de preferencia su esposa Vanesa Mansilla y sus pequeños tres hijos (Florencia, Katie y Lito), y su familia adoptiva: sus tíos Adriana Martínez y Segundo Tévez y los cuatro hijos de este matrimonio. Y ambos, tanto Jiménez como Cabrera, con un lugar más que destacado. Es más: se dice que la casa del cuartetero en barrio Urca y la residencia del golfista en Villa Allende guardan secretos que “el Apache” ni siquiera sacó a luz en “Animales Sueltos”, el programa televisivo en el que Alejandro Fantino –más allá de una pose suficiente y de un trato muchas veces adulador- se destaca poniendo a sus entrevistados en clima de confesión. Entre ellos, guardados bajo siete llaves entre asados y fernés, los verdaderos motivos de su ausencia en la lista que el seleccionador argentino Alejandro Sabella, en su desmedido afán de no eclipsar algún ego maltratado o simplemente para no contradecir la última “sugerencia” presidencial de “Don Julio” Grondona, armó para la Copa del Mundo de Brasil 2014.

Visitante ilustre

Los conocedores del mundo Tévez sitúan como referencia de sus cada vez más frecuentes estadías en Córdoba a un complejo de cabañas ubicado muy cerca del boliche Keops, en Villa Carlos Paz. “Es un lugar privado, al que Carlitos viene desde hace varios años, cada vez que llega la época de receso futbolístico. La última vez llegó con 45 personas, que son sus amigos de toda la vida. Los cargó en un avión privado y se vinieron para acá. Es la misma gente con la que Carlos se crió en Fuerte Apache, porque él no tiene amigos del fútbol”, aseguró un conocedor de los movimientos del delantero en nuestra provincia.

“Hace la de él, con sus amigos. Juega al fútbol en una canchita de piso sintético, come asados, va al Sargento Cabral para cantar con ‘la Mona’, por ahí se llega a los bailes del ‘Carli’ Jiménez o del Ulises (Bueno, hermano del malogrado Rodrigo), o se junta con ‘el Pato’ Cabrera, porque le gusta mucho el golf. No hay mucho misterio. El tipo es muy tranquilo y tiene la mejor onda; es tal cual como se lo ve en la televisión”, precisa la fuente.

“La última vez que vino fue el año pasado, antes del Mundial. No estuvo mucho tiempo porque andaba medio bajoneado; después se fue una semana a Buenos Aires y luego partió hacia Marbella junto a todo el grupo de amigos. Antes de irse, su manager arregló con (José Manuel) De la Sota para una presentación conjunta en el Kempes”, concluye nuestro interlocutor. Esta última referencia marca el único acercamiento de Tévez con las cuestiones políticas de la provincia y también con las recurrentes ínfulas presidenciales del repetido precandidato al Sillón de Rivadavia: su asistencia al lanzamiento de “Córdoba juega”, un programa destinado a niños, jóvenes y adolescentes que se implementó a través de la Agencia Córdoba Deportes, organismo mixto que hace las veces de ministerio y que actualmente regentea el ex tenista riocuartense Agustín Calleri.

La historia que une a Tévez con Córdoba también registra capítulos menos placenteros, como la visita a la cárcel de Bouwer que “el Apache” realizó en compañía del mediático abogado platense Fernando Burlando (hoy integrante de la variopinta troupe de bailarines del animador televisivo y pretendido nuevo “capo” del fútbol nacional Marcelo Tinelli), poco tiempo antes de la disputa de la Copa América 2011.  

En el penal cordobés, Juan Alberto Martínez, el único hermano de sangre con el que Tévez mantenía una relación cercana, empezaba a cumplir una condena de 16 años de prisión por el intento de robo a mano armada de un camión de caudales –junto a Carlos Ávalos Verón, cuñado de Carlitos y hombre de frondosos antecedentes delictivos- que se produjo el 23 de junio de 2008 en las cercanías del aeropuerto Ambrosio Taravella. Durante su estadía en el módulo MXI de Bouwer, Tévez firmó autógrafos, se sacó fotos y regaló camisetas del Manchester City, equipo con el que acababa de ganar la Premier League inglesa.

Se dice que “el Apache” hoy prácticamente no tiene relación con Martínez, quien tiempo atrás fue trasladado a una prisión bonaerense para estar más cerca de Fuerte Apache, el lugar donde Carlos, el padre biológico de Tévez que nunca lo reconoció ni le dio su apellido, cayó muerto en una balacera cuando el “Jugador del Pueblo” pateaba su primera pelota de trapo y hacía renegar a sus tíos porque, en el afán de abrirse camino en el fútbol y en la vida, ensuciaba las zapatillas y el  “pintorcito” del jardín.  

Hugo Caric
- Periodista -