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Perseguidos por la policía, se tuvieron que ir a vivir a otra provincia
Los exiliados de De la Sota
Por | Fotografía: Internet.
Foto: El país seguro que impulsa De la Sota no tiene lugar para los jóvenes.
Dos jóvenes de Río Cuarto decidieron abandonar la provincia para huir del acoso de la Policía de Córdoba. En un lapso de dos años, fueron detenidos más de 20 veces por aplicación del Código de Faltas. Cómo funciona el modelo de seguridad que impulsa el candidato a presidente de la Democracia Cristiana
Publicada el en Crónicas

Dos jóvenes que apenas superan los 20 años tuvieron que emigrar de la provincia de Córdoba para escapar de la policía del candidato presidencial José Manuel De la Sota. Se trata de Valdemar Puebla (23) y Tadeo Orlando (21), víctimas de un inédito y persistente acoso policial: mientras Valdemar registra 23 detenciones, Tadeo suma 19 en un lapso que no excede los dos años.

La historia de Valdemar es conocida y fue objeto de análisis del primer informe “Mirar tras los muros”, elaborado por la Comisión Provincial de la Memoria y los Observatorios de Derechos Humanos de las universidades nacionales de Córdoba y Río Cuarto.  Allí se incluyó la historia de Valdemar –que hasta entonces registraba 18 detenciones- en el capítulo referido a la implementación del Código de Faltas y el abuso policial. Para proteger al joven y su familia, el caso fue referido con nombres falsos (http://www.unc.edu.ar/extension-unc/vinculacion/observatorio-ddhh/informe-mirar-tras-los-muros/capitulo-iv/comisarias-codigo-de-faltas-y-abuso-policial-el-caso-de-la-ciudad-de-rio-cuarto). Como consecuencia de la persecución policial, Valdemar cayó en las drogas y se hizo adicto. Viajó a San Luis, se internó en la institución Remar, y decidió volver a su lugar de origen para reiniciar su vida. La Policía no lo dejó.

Este año, tras sufrir tres nuevas detenciones arbitrarias por aplicación del Código de Faltas, tanto Valdemar como su madre, Jorgelina Cocco, decidieron asumir su situación, dar la cara y hacer una denuncia pública. El Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Río Cuarto intervino ante la última detención de Valdemar –que iba junto a Tadeo Orlando en una motocicleta cuando fue detenido- y puso a su disposición a los abogados que integran el Comité Asesor del organismo para iniciar una acción de inconstitucionalidad contra el Código de Faltas.

La madre de Valdemar interpuso una apelación de instancia judicial en Tribunales y logró que el juez de control, Daniel Muñoz, redujera a una semana la pena impuesta por la Policía a su hijo. Igual, Valdemar pasó una semana detenido en condiciones lastimosas en la Alcaidía de la Unidad Regional N° 9 de Río Cuarto. Cuando salió, estaba desempleado: además de impedirle concurrir a la cadetería donde trabajaba el día de su detención, la policía le secuestró la motocicleta y le suspendió el carnet de conductor por 30 días.

Orlando no tuvo mejor suerte. Si bien fue sobreseído por el juez de control –la Policía le aplicó la contravención “conducción peligrosa”, pero el juez entendió que la motocicleta en que se trasladaba cuando fue detenido era conducida por Valdemar- y abandonó antes que su amigo las opresivas celdas de la Alcaidía, a los pocos días un grupo de policías lo interceptó en la calle, lo trasladó en un móvil hacia la orilla del río Cuarto y lo golpeó salvajemente mientras le sumergía la cabeza en el agua amenazándolo con ahogarlo.

Valdemar y Tadeo decidieron emigrar. Se fueron a otra provincia. Antes de partir, en lenguaje adolescente, les confesaron a sus padres que se iban “por miedo a mandarse una cagada”. En algún momento, como le dijo Valdemar a revista El Sur, tantas detenciones arbitrarias los llevaron a pensar que bien valdría la pena cometer un delito para, al menos, ir a prisión con una causa justificada, por un motivo concreto que explicara su detención.

“La policía quiere que seas un barrote más de la comisaría”, le dijo Valdemar a revista El Sur (http://revistaelsur.com.ar/nota/11/La-Policia-quiere-que-seas-un-barrote-mas-de-la-comisaria) cuando juntó coraje y decidió dar la cara para que su historia de persecuciones y arbitrariedad policial no se repitiera con otros jóvenes. “Si yo quiero laburar y me detienen diez días, pierdo el laburo. O pierdo la escuela. Una vez fui a pedir laburo y me pidieron el certificado de buena conducta. Cuando lo fui a pedir y vi todo lo que decía, ni me presenté. Tenía todas las contravenciones, ¿me entendés? ¡qué me voy a presentar con ese informe”, dijo en aquella entrevista.

Valdemar dejó de usar gorra, pero no pudo cambiarse la cara. Y volvió a ser detenido, pese a su exposición pública, la advertencia sobre su situación que hizo el Observatorio de Derechos Humanos ante los jefes policiales y la intervención de abogados para defenderlo.

En Córdoba rige la ley azul, la ley del Código de Faltas, de la arbitrariedad policial, del vale todo. Y el miedo de dos jóvenes, casi adolescentes, de terminar “mandándose una cagada” pudo más. Valdemar y Tadeo decidieron emigrar a otra provincia, porque en la que gobierna “El Hombre”-el que promete “un país seguro” desde las gigantografías que distribuyó por todo el país-, viven con  la permanente angustia de ser detenidos por la policía apenas salen a la calle. Saben, además, que son carne de cañón para engrosar las estadísticas de torturas, arbitrariedad policial y hasta muertes por “gatillo fácil”, que este año ya superan largamente la decena de casos, según el relevamiento publicado en el segundo informe “Mirar tras los muros” (http://www.unc.edu.ar/extension-unc/vinculacion/observatorio-ddhh/sintesis-segundo-informe).

Valdemar Puebla y Tadeo Orlando son los primeros exiliados del modelo de seguridad que propone el candidato presidencial de la Democracia Cristiana, José Manuel De la Sota. Se trata de  dos jóvenes que, pese a tener toda la vida por delante, debieron optar por buscar otros horizontes para escapar de la brutalidad policial de la tropa comandada por el comisario Oscar Zuin en la ciudad que El Hombre eligió para vivir con su concubina Adriana Nazario.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -