Hace unos años, se encontraron en un depósito de la Universidad Nacional de Córdoba unas latas de películas realizadas en los años 70 por estudiantes de su Escuela de Cine, que se pensaba habían sido censuradas y destruidas por la dictadura. Algo de eso hubo, pero también de desidia institucional en tiempos democráticos. Con el rescate de ese material –documental y de ficción–, se inició el proceso de esta obra de Santiago Seín titulada “Para hacer una película solo hace falta un arma”, variación de una frase del director de cine Jean-Luc Godard.
En la producción, los realizadores se encontraron con obstáculos y problemas. Las decisiones que tomaron para superarlos y que la película fuera posible implicaron estrategias y recursos sumamente creativos que, además de resolver los problemas, realzaron su valor estético. Es una película bella y valiosa. Porque tiene hallazgos muy interesantes. Los trabajos prácticos de ficción, los registros de acontecimientos históricos... Hasta la historia de una moviola de edición que fue secuestrada y obligada a trabajar para el enemigo, aunque luego recuperada y reivindicada en su rol de herramienta para la liberación.
Además, el filme es valioso por no ser oportunista, porque va a contramano de una cultura oficial de la desmemoria. A contramano de la superficialidad y la fragmentación de los discursos hegemónicos en la política, el arte y la comunicación. A contramano, además, del uso de la inteligencia artificial, porque este material ha sido impecablemente restaurado con técnica, arte e ingenio humanos.
Y más que no oportunista, es inoportuno: 1- En un contexto actual de negacionismo y justificación de la represión estatal, cuenta una historia dentro de la historia más vasta de la militancia revolucionaria. 2- En una Córdoba que hoy tributa votos y gobernabilidad a un proyecto destructor de derechos y entregador de soberanía, muestra aquella Córdoba rebelde, epicentro de la insurrección y la revolución. 3- En un tiempo de “campaña antiargentina” –cuyo principal responsable ya sabemos quién es–, cuenta la historia de unos estudiantes franceses que se enamoran de Córdoba y del peronismo –conjunción extraña–. Para colmo, en su identidad más demonizada, la montonera –aunque no exenta de romanticismo y glamour–.
Por eso, si hiciéramos el ejercicio de pensar otro título para esta obra, sería Una historia de cisnes negros, porque la película muestra que existieron y que Córdoba misma fue en aquellos años el cisne negro de su propia historia conservadora y blanca.
Por último, dos cuestiones donde se cruza lo personal con lo colectivo. Una, la hermandad entre la experiencia de la Escuela de Cine y la Escuela de Ciencias de la Información, de la que soy egresado y a la que no hace mucho he vuelto como profesor: digo hermandades, más que similitudes, en la militancia y después en la represión. Por ejemplo, en la película se va a escuchar: “En el 73 elegimos un director casi de nuestra edad”. Federico Bazán, se llamaba el de la escuela de cine. Luis Grasso, el de Ciencias de la Información. La misma edad y casi el mismo destino: ambos perseguidos por los grupos parapoliciales y militares; uno fue encarcelado y luego marchó al exilio; el otro debió refugiarse en el insilio.
En esos años, la ECI tuvo 55 víctimas del terrorismo de Estado, una de ellas Miguel Ángel Mozé, referente de la Juventud Peronista regional 3, uno de los presos políticos fusilados por la dictadura hace 50 años. Cuando vine a ver la película, un par de filas detrás estaba Marita Mata, docente en aquellos años y directora entre 2002 y 2005 en la ECI. Ella encontró el legajo de Miguel Mozé, al que conocía pero no sabía que había sido estudiante. El “Chicato” Mozé va a aparecer en uno de los registros recuperados en la película. Cuando lo vi, me di vuelta y Marita tenía los ojos húmedos de lágrimas.
La otra, es posible que una de esas manos que hacen la V de la victoria desde la ventanilla de un tren y desde el afiche de promoción sea la de mi padre. Él era obrero ferroviario en Cruz del Eje y viajó con sus compañeros desde Córdoba a Buenos Aires rumbo a un acontecimiento que terminó en masacre. Pero el viaje de ida era una fiesta. Vamos a ver a ese tren y cómo el pueblo lo saludaba desde las sucesivas estaciones.
Cuento esto de mi viejo y las lágrimas de Marita para dimensionar el enorme valor del rescate de este material, además de su inspirada elaboración posterior. Creo que aquí hay otra hermandad con ese rescate que está sucediendo en el ex campo de concentración y exterminio de La Perla. Creo que este filme nos ofrece otra forma de hacer aparecer a los desaparecidos.
Ficha técnicaDirección y guion: Santiago SeinDirección de fotografía y cámara: Marcos RostagnoMontaje: Lucía Torres MinoldoDiseño Sonoro: Atilio Sánchez Jefa de producción: Eugenia MontiProducción Ejecutiva: Ana Lucía Frau, Eva CáceresEntrevistados: Alberto Perona, Fernando Cots, Ana Mohaded, Roberto VidelaArgentina, 2026. 159′